» 08-01-2019

Reflexiones tipográficas 152. La casuística VOX

En una entrega anterior analicé como VOX (reflexiones tipográficas 145: microtransversalidades sensibles) obtenía sus votos. Ahora quiero analizar como despliega su política. Antes, los hombrones de la política, los herederos de la legión y hermanos de las fuerzas armadas se manifestaban como trogloditas. Llamaban a las cosa por su nombre y se mofaban de las mariconadas que intuían en los demás, porque una mariconada, un hombrón solo puede intuirla, no puede conocerla. Por lo visto no era una buena táctica. La de los supuestos maricones de “nadar y guardar la ropa” parecía mejor. Quizás si no había habido ultraderecha en España desde que desaparecieron Girón y Piñar era por eso: por no haber encontrado el lenguaje adecuado. Ahora lo han encontrado y no han tenido que importarlo. ¡Ya estaba aquí!

 

Porque la política española hace tiempo que se pasó al lenguaje de la postverdad. ¡Jamás alinearse con una dirección definida1, ¡jamás contestar a una pregunta directa!, caracolear cual caballo de rejoneo, declararse de centro o no declararse de nada, defenderla y no enmendarla, negar la evidencia en nombre del sexo de los ángeles, hablar de los otros: ¡y tú más!, cerrar filas, no nombrar a la bicha: “ese hombre del que usted me habla”, alegar ignorancia cuando te pillan sin el argumentario a mano, dar lecciones a los demás… en resumen: engañar, intoxicar, mentir, marear la perdiz. Y no me refiero a un partido o a otro: todos hacen lo mismo. Los hallazgos de uno, inmediatamente son incorporados al léxico de sus contrarios. Primero lo critican y luego lo practican. Este es el estilo de nuestra política y este es el estilo que ha tomado vox, por más que le repugne el no poder llamar a sus oponentes como piensa: a los hombres maricones, a las mujeres putas, a los independentistas golpistas y a los terroristas hijos de puta. Se ha ganado en modernidad pero se ha perdido en claridad. 

 

El discurso de vox no es distinto del de sus oponentes. Quien quiera encontrar rastros de ultraderecha, tendrá que buscar con lupa. El autoritarismo no es hoy en la política española muestra de añoradas dictaduras. El autoritarismo es lo habitual en partidos que solo han entrado en la democracia interna a golpe de fracasos… cuando lo han hecho. Los discursos se retuercen y se enroscan de modo que es difícil saber que coño han dicho (como en sus oponentes) hasta el punto que para saber de que pié cojea un partido hay que acudir a twiter donde el desmelene es más habitual (¡cómo nadie les ve! El twiter tiene algo de masturbatorio). El discurso es torvo, elíptico. Para hablar de la violencia de género recurren a la corrupción de los institutos que gestionan las ayudas (que la hay), a la violencia doméstica (que también la hay) como si el ámbito hiciera al monje, a una pretendida renovación integral de la política andaluza como si eso existiera. Sin nombrar lo que todos quieren oír: a la ultraderecha actuando. 

 

En resumen, se han sumado a la táctica generalizada de que contra menos me entiendan más posibilidades tengo de engañarlos. Aquella máxima de que los mensajes deben ser cortos y simples se ha convertido en que son cortos e incomprensibles, desacertados, inadecuados y probablemente estúpidos. Del fárrago de mensajes con que nos bombardean los medios, el elector debe escoger algo que le oriente y se queda con lo más repetido -aunque sea falso- lo más provocativo -aunque sea inventado- o lo más llamativo -aunque sea supuesto- Evidentemente la llamada a la democracia es inevitable. Nadie duda que un partido que utiliza la palabra no menos de diez veces a la hora, es demócrata de toda la vida. De la misma manera hay palabras prohibidas y una de ellas es ultraderecha. A esta campaña de renormalización de vox coadyuvan los medios que, con tal de no dejar con el culo al aire a su amado PP, son capaces de considerarlos hermanos descarriados, pero hermanos. 

 

El reclamo a los varones violentados por las hembras amazónicas no deja de ser otra muestra de las microtransversalidades sensibles a las que me refería en el anterior artículo. Existen sensibilidades contrariadas de varones a los que sus exmujeres vejan, impidiéndoles ver a sus hijos, o publicitando sus miserias. Incluso están asociados. Aquí se junta el ultraderechismo ocultado (se quiere a la mujer, en casa, con la pata quebrada) y la declaración de la defensa de las sensibilidades contrariadas y olvidadas por otros partidos. No olvidemos que este camino ya lo transitó Rivera y lo abandonó en 2015. Como todo son metatexos tendremos que aprender a leer entre líneas. El carácter irreductible de cazavotos de los partidos se muestra aquí de forma sublime. Atacar a la liberación de la mujer -sin nombrarla- mientras se defiende a un sensibilidad microtransversal contrariada -nombrándola- no deja de ser un acto de ingeniería política no desdeñable. 

 

La culpa de que vox pueda tener hoy un discurso, equiparable en comprensibilidad, al de otras formaciones supuestamente más democráticas es, precisamente, de esas otra formaciones. No ha sido vox quien ha inventado la postverdad, es decir la indistinción entre la verdad y la mentira. No ha sido vox quien se ha instalado en la incredulidad de los electores. Todo eso ya lo habían creado sus actuales opositores o socios. Sin ese cambio de chaqueta dialéctica vox no estaría aquí. Con el discurso que siempre había exhibido no se habría asomado al Parlamento andaluz. La política es acción. Los políticos son lo que hacen (y no lo que piensan o lo que prometen). Lo que habéis hecho en este caso con el discurso, es abrirle las puertas a una formación que estaba acabada. ¡Felicidades!

 

El desgarrado. Enero 2019.

 




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