» 18-11-2010

VIDEO Y SOCIOLOGÍA (VIDEO AND COMPANY 3)

Empecemos por el valor. El concepto clásico de necesidad era sencillo. Una necesidad es una carencia que pide ser colmada. Hay aquí un esquema causal. La carencia es la causa que exige un efecto: la colmatación. El análisis lógico de cualquier situación se basa en este esquema. Se analiza el problema y se determina la solución. Todas las tecnologías funcionaban así. Se distiguía entre necesidades físicas, psiquicas, sociales, etc. Maslow cuantificó las necesidades. Todo parecía estar establecido Marx complicó el sencillo esquema cuando distinguió entre valor de uso y valor de cambio. El mismo objeto presentaba dos contenidos axiológicos. Para lo que se usa y su valor de intercambio. Si las necesidades se colman con los objetos valiosos adecuados para ello, dos objetos valiosos representan dos formas de necesidad. Baudrillard extendió el esquema a cuatro categorías. A los valores de uso y de cambio añadió los de cambio simbólico y el de icono. Un simple anillo puede representar los cuatro valores y subvenir a necesidades distintas. El valor de uso está representado por las distintas utilidades que de él se pueden extraer: llavero, cingulo, etc. El valor de cambio lo hallamos en el prestamista cuando lo empeñamos a cambio de dinero. El valor de cambio simbólico queda representado por la alianza matrimonial. El anillo simboliza el contrato matrimonial. y por último el valor de icono nos lo da el anillo de marca: Dupont, Tyffanis, etc. No es un anillo es un símbolo de status Baudrillard resaltó que el valor de icono ha invadido la sociedad de consumo. No queremos satisfacer necesidades físicas (de uso) o instrumentales (de cambio). Nos decantamos por las necesidades psíquicas tan complejas como las de intercambio simbólico o las de icono. Si las primeras colman nuestras necesidades simbólicas fundadoras de la sociedad (sistemas de parentesco, lenguaje, vínculos sociales) las últimas dan la medida del status social y la jerarquía individual (clase, posición social, poder). Cuando un niño exclama: ¡O zapatillas Nike o nada! está dando la medida de la importancia de la marca (Nike) sobre la necesidad física (¡o nada!). La marca ha substituido al objeto físico pues es más objeto que el mismo objeto. La guerra del golfo desaparece substituida por las noticias mediáticas que la relatan. El mundo real queda sepultado por el parque temático que lo simula. Es el triunfo del simulacro. Las necesidades reales (físicas) quedan obviadas por las simbólicas y las icónicas. El denominador común de todas estas necesidades es el mercado, pero un mercado ampliado (y especializado) a las necesidades simbólicas y las marcas. En los deportes la “marca” Real Madrid, los Angeles Lakers o Yamaha ha substituido el “fair play” y el “mens sana in corpore sano” por el mercantilismo. No se trata de deporte sino simulacro de deporte: espectáculo mediático, mercadería y marchandisig. El cine y la TV nacieron ya con la vocación de espectáculo de masas. El arte se ha convertido en ello a medida que la cotización de sus estrellas se equipara con la de los deportistas. La formula de Dabord que afirma que todo intento revolucionario (subversor de lo establecido) que fracasa es convertido en espectáculo por el sistema cobra toda su dimensión en la sociedad de mercado. ¿Que novedad social del S XX no nació con vocación de cambiar el mundo y cual de ellas no fue fagocitada por el sistema y convertida en espectáculo, simulacro de sí misma, icono? Seguimos adorando el becerro de oro. ¿Cuanto resistirá el vídeo la presión del simulacro y la espectacularización? Impredecible. Lo que el mercado quiera. Hasta ahora las dificultades de comercialización lo han preservado. En cuanto se encuentre la fórmula de comercialización fluida el vídeo está listo. En el mundo del top manta, de la piratería autodisculpada de los soportes audiovisuales, es incomprensible que alguien quiera comprar un vídeo cuando puede disponer de una copia por nada. En un mundo en el que la copia es más original que el original ¿que futuro tiene el original? El de Icono; no puede tener otro. El esnobismo de poseer la obra única. El vídeo debe aceptar que su valor es de icono y que, por tanto, no tiene otro valor intrínseco. El video NO ES ARTE (1), o por lo menos debe renunciar a su estatuto de arte si quiere pasar al estatuto de Icono que le da el pasaporte al mundo del valor. Por otra parte la cosa no es tan difícil pues, en la situación actual, arte es todo y no es nada. Como en el caso de las modelos o de los cocineros hará falta que salga una generación de videoartistas excepcionales para que las cosas cambien (como añadiría Lampedusa,,. para que todo siga igual). Pero los videoartistas son poco mediáticos (¡que cosas! ¡no?), y la mediatización requiere un poco de espectáculo previo (¡Dalí, Dalí!). Ahí está el camino: mediatización (provocación, polémica, escándalo), unión (escuela, pool de galerías, revistas, festivales), calidad (atractivo, originalidad, shock). Hay que establecer la máquina deseante deleuziana (es decir que el video pase al inconsciente). Como el caso de Microsoft o Autocad solamente inundando el mercado de copias conseguiremos hacer valer el original. La copia deja de ser “más copia que el original” cuando se multiplica hasta el infinito. ¿A quien le interesa lucir un bolso de Vuitton si el top manta ha inundado la ciudad de ellos? Hasta a la industria de la falsificación le interesa mantener su producción entre el deseo y el hastío. El subjetivismo y el malditismo del genio romántico han sido substituidos por un ¡descúbranme soy un artista! que en nada se diferencia del concepto de artista romántico excepto por los detalles. Los artistas de vídeo (por lo menos los emergentes) suelen tener una ocupación alimenticia, una dedicación parcial al vídeo y su escaparate son algunas galerías y sobre todo los festivales a la espera que un comisario los descubra y los lleve a la Bienal o a Documenta. La posición pasiva es fundamental. No hay que mover un dedo por promocionarse. Este artista “perla” no se molesta en salir de su ostra. Lo suyo es esperar pacientemente a que lo descubran. El marchant clásico ha sido susbstituído por,,, nada. Su idea del éxito -como la de todos sus compañeros de generación- es total, aquí y ahora. Es un deber que tiene la sociedad para con él. No es nada que deba trabajarse ni diferirse. Con semejante actitud es difícil esperar de este colectivo una decida actitud mediática al estilo de la antes expuesta. La teoría de la recepción (Jauss, Iser) -que nos habla de una obra colectiva que no se acaba hasta que el receptor la completa con su particular visión- propone una obra coral de autor, obra y receptor que se refleja con especial acierto en las obras interactivas. La interactividad entrega el perfeccionamiento de la obra al espectador. Pero no es necesario que se entregue fisicamente la obra para que sea completada. La obra puede ser completada a nivel mental, sin tocarla ni modificarla. Va más allá de la interpretación pero más acá de la manipulación. Podríamos analizar los restantes componentes sociales del arte: marchantes, críticos, curadores, museos, coleccionistas, galerías, snobs, festivales, pero su relación con el Video es nueva y difusa. El curador toma el lugar del marchante, el coleccionista se refugia en el arte-valor, el museo se reinventa como arte en sí mismo (edificio, foro, agitador cultural), el crítico ha sido desplazado por el propio artista, incluso -como en el caso de Damien Hirst- el artista toma el lugar del comprador, los coleccionistas mutan en museos, los festivales toman el lugar de las galerías. Se han perdido (confundido) los papeles. Como en las comedias de enredo todos toman el papel de todos produciendo la hilaridad del espectador. Por cierto ¿quien es el espectador? ob-art Noviembre 2010 evidentemente no es arte en el contexto del mercado y del capitalismo. No estamos aquí ante la muerte del arte sino de su asesinato por parte del mercado y el capital. En la intención del autor puede ser tan arte como cualquier otro.




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