» 17-01-2011

VIDEO Y TV

Ya hablamos de la televisión en “video y cine” pero exclusivamente en la vertiente de cine en TV. La TV ha sufrido, en su vertiente informativa y formativa, una gran evolución desde aquella paleoTV (Eco) que “informaba, educaba y entretenía” de los años 60. Era aquella TV una TV fuertemente intervenida por el gobierno que, a nivel de información, la convertía en su órgano de propaganda, no menos que a nivel de educación o entretenimiento. Ese periodismo rehén de la ideología tenía que desaparecer en la normalización del medio y así fue gracias a la “libre” competencia (las emisoras privadas) y el resto de los mecanismos del mercado liberal (rentabilidad, libre circulación de profesionales, capitalismo de empresa, etc.). La labor educativa (de escaso interés económico para las emisoras privadas) quedó residente en las segundas cadenas estatales caracterizado por esos documentales de la vida de los animales único ejemplo de educación y entretenimiento de regular entrega (probablemente gracias a la carga de sexo y violencia que soportan). Los programas culturales fueron además relegados a horarios de mínima audiencia. Las grandes series sobre ciencia, de desigual aparición, coparon los “prime time” de las cadenas estatales. El teatro desaparece de la TV sustituido por las “sit com” la danza nunca accedió a la TV y los macroconciertos (clásicos o pop) ocupan rara y esporádicamente la pantalla (sobre todo cuando son benéficos). Los programas sobre literatura aburren a las ovejas y solo se salvan los programas sobre cine cuando se comportan como cartelera. El entretenimiento se convierte en el eje alrededor del cual gira toda la programación de las emisoras. No hablaremos de las series, ya comentadas. Las TV-fórmulas, importadas de USA, son el “late show” mezcla de informativo y entretenimiento basado en las entrevistas que se adereza con humor y música; los “tolk y reality show” consistentes en airear las miserias de la gente corriente; los docu-dramas, dramatización, por los propios interesados, de historias reales extraordinarias; los programas del corazón en los que los famosos y los pseodofamosos son puestos a parir por periodistas “especializados”; Los programas de humor, tipo parodia de la realidad, cuentachistes, monólogos, “sit com”, etc.; los concursos en sus dos vertientes la cultural y la ridicular; etc. Cotillear, espiar, reir. La intimidad como espectáculo Y por último la información. La proliferación de cadenas privadas ha propiciado que las ideologías se hagan residentes. Ello, de alguna manera, ha liberado a las cadenas estatales de la carga ideológica secuencial que antaño tuvieron, defendiendo una posición independiente y neutral (dentro de lo que cabe). Los informativos adoptan diversos formatos: Lo noticieros diarios mezcla de tabloide y periódico deportivo, los informativos semanales, los monotemáticos de investigación, los informativos de opinión, tertulias, entrevistas, foros, los especiales informativos sobre catástrofes, elecciones, etc. Apabullantemente dominados por el sensacionalismo y los deportes solo queda un pequeño resquicio para el periodismo de balance y de investigación. Tal como Bourdieu analizó en su “sobre la TV” (Anagrama) consiste en un campo de lucha simbólico en el que la primicia informativa, la urgencia, la lucha por el share, el compadreo, son las actitudes generalizadas en detrimento del rigor o la objetividad que resultan inexistentes. (http://www.todotegusta.com/2009/03/pierre-bourdieu-10-libros-y-ensayos/) La TV nunca ha aspirado a ser un arte. Sin embargo surgen movimientos que la reivindican como tal. Coinciden en el Diciembre Barcelonés tres exposiciones sobre TV y arte (o autor) En el MACBA, en Arts Santa Mónica y en el CCCB. El MACBA (www.macba.cat) que nos muestran diversos intentos de pensar la TV de modo diferente: Como tribuna filosófica, broma subversiva, manifiesto contra si misma, ensayo sobre sus modos de ver o de construir identidades y realidades, como obra de arte, escenario para el activismo o performance. (Joana Hurtado). Arts Santa Mónica (www.artssantamonica.cat) recoge la relación entre arte y TV. La desmaterialización de la obra de arte llevó el vídeo entre los artistas de la performance y el land art que lo utilizaron para documentar sus obras. Paralelamente se trató como elemento escultórico y como instrumento experimental, La manipulación de la señal se incorporó a múltiples instalaciones. En la actualidad se investiga sobre otros dispositivos audiovisuales como webcans o videovigilancia (Arnau Horta). Por último el Miniput 2010. 16º Muestra de TV de calidad (www.miniput.cat) se reclama una televisión autoral. Tal como defiende Angel Quintana, La creación televisiva debe pasar de generarse a partir del medio a hacerlo desde el medio. “La nueva utopía pasaba por el arte y por el nacimiento de la TV de autor”. “La utopía se enfrenta a una TV que desconoce su existencia” Los artículos de los tres autores citados se reúnen en el suplemento cultural 445 de La Vanguardia de 29 de Diciembre 2010 (www.lavanguardia.es). ¿Es posible una televisión de autor? No, en los parámetros actuales establecidos por Bourdieu. La audiencia (share) impera sobre las parrillas y el arte no encaja en ellas. Programas como “Metrópolis” viven en los márgenes de la programación, desterrados de los horarios y los días de audiencia. Sin embargo el video-arte encajaría, por formato, como anillo al dedo en la televisión. Incluso, se podría decir que, encaja mejor en la TV que en las galerías de arte. Tampoco los cortometrajes han conseguido horarios centrales. Y a pesar de todo, nos parece que ambos tienen un gran futuro en la TV. Esa “rara avis” que es aunar crítica y público (García Márquez, Dalí, Rodin...) parece imposible en TV. Ni siquiera se ha forjado el papel de autor (director-realizador). La TV es cometido de productores (véanse las series). JL Godard define certeramente las relaciones de cine, TV y vídeo: 1976. “...trabajar solo con vídeo.¿Por qué? Porque fabricamos una imagen televisiva con una conciencia cinematográfica.” (Pensar entre imágenes, Pag. 106) Existe una gran diferencia entre el cine (o el video proyectado) y la TV. En el primer caso el espectador se sitúa entre el proyector y la pantalla, es decir: “dentro” en el segundo se sitúa “fuera”. La TV no exige atención, se puede utilizar como una lámpara o como animal de compañía, en una palabra, no es litúrgica. El cine se ciñe a unos horarios, una penumbra, una atención y un respeto (últimamente bastante deteriorado por las palomitas y los refrescos, lo que, evidentemente, tiene que ver con su reconversión en “efectos especiales”). Abre unas expectativas concretas (tal director, tales actores, tal novedad). Es más que litúrgico. Es sacramental. El cine (y el video) “muestran”, es decir que exigen una participación del espectador que deberá reelaborar lo que ve para construir la historia (en algunos casos sin conseguirlo). El cine es para pensar. El cine es interactivo “avant la lettre”. La TV “se ve” (los ingleses, “espectan” TV), los contenidos son explícitos. La TV dura 3,5 horas (promedio de consumo), el cine 1,5 horas y el vídeo 0,05 horas. Se dice que la TV es adictiva. Se conforma con una atención difusa (las interrupciones publicitarias son continuas, pero además se puede simultanear con otras actividades), incide sobre las partes más antiguas del cerebro y las menos exigentes (sensacionalismo, cotilleos, catástrofes). Tiene la expectativa de entretenimiento (de ello se encarga la publicidad institucional), la ficción de verdad (si lo dice la TV es cierto) y la promesa de instantaneidad (“se lo mostramos tal como está ocurriendo”). Es muy confortable de ver. En una palabra: no produce ningún gasto físico o mental, por lo que puede ser consumida por horas y horas. Y además es gratis (Y el que paga lo hace para salir de este bucle). Creo que la TV produce la fascinación por la imagen pura. Sin contenidos. Somos atraídos por la luz como las polillas. La TV no le habla al cerebro, le habla al cerebelo, a las percepciones simples, a las necesidades básicas. Imágenes que no hace falta analizar, primigenias, anteriores al lenguaje. Reclama nuestra atención (formal) hacia lo que no necesita atención (material). Nos hipnotiza. Somos consumidores de información (de todo tipo: formas, colores, relaciones, etc) y la TV nos envía ese tipo de informaciones elementales saturando nuestra capacidad de absorber información más elaborada. Nos narcotiza. El mundo desaparece. La TV nos satura. Si es adictiva debe serlo de esta manera. ob-art Enero 2011




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