» 09-05-2019

Visto y oído 24-15. “El cuerpo fragmentado, Una genealogía del arte español de los noventa” Macba del 06/03 al 10/04/2019. Imma Prieto.La herencia de los 90

Con la década de los 90 acaba el siglo y probablemente mucho más que el siglo. En 1999 aparece Tiqqun 1, órgano del partido imaginario que en 2001 vería su disolución tras publicar su segunda entrega. Estos dos únicos números marcan un cambio radical en el activismo político, una redefinición del comunismo y del capitalismo y sobre todo un cambio de paradigma cognitivo. La tradicional forma de pensamiento mediante universales abstraídos de la realidad (cantidad-matemáticas, concepto-lenguaje, verdad-lógica, igualdad-política, valor-dinero, género-falo…) se cambian de acuerdo con la hipótesis cibernética por la utilización de bases de datos manipuladas por grandes ordenadores de acuerdo con el método dinámico de la retroalimentación (feedback), que acaba de un plumazo tanto con la abstracción como creación de universales, como con toda la casuística esencialista, estática. En una palabra se acaba con la metafísica. La posmodernidad ya había anunciado ese cambio pero no será hasta que las bases de datos se hagan presentes, manipulables mediante un método adecuado, que el fin de la metafísica se haga realidad. Ni que decir tiene que las bases de datos se nutren tanto del big data como de los datos personales vertidos por los usuarios de las redes sociales o almacenados en la nube. El gran hermano ya es un hecho. ¿Es un seísmo o no es un seísmo? diría Matías Prats?

 

¿Cómo influye esta revolución en la estética? Con ocasión de Lille 2004. Capital europea de la cultura aparece un pequeño libro “La fiesta ha terminado” sin autor ni edición (http://lafesteestfinie.free.fr/) cuyo capítulo nueve llevaba por título “Le bel enfer” parodiando el subtítulo del evento “Le bel enjeu” (el bello reto). Los conceptos que baraja: Imperio, forma de vida, etc. lo emparientan inequívocamente con Tiqqun I y II. En ese texto se analiza la estética fin de siglo y se marca el camino para la estética del SXXI. Es ese texto el que voy a analizar aquí y que podéis encontrar en “Llamamiento y otros fogonazos” Anónimo. Acuarela libros, 2009, páginas 103-121. Sobre Tiqqun podéis encontrar una panorámica en “Lecciones de política alternativa 60. Tiqqun Panorámica”. En el blog www.ob-art.com. Vamos al lío.

 

“Todo lo que ha surgido ligado a la estética nos es irreductiblemente hostil. No decimos enemigo, decimos hostil” Si fuera enemigo sería un problema, nuestro problema. Tendríamos que comprenderlo y resolverlo. No es el caso. Nos es simplemente hostil, por lo que hay que destruirlo. La estética es más que la ciencia de lo bello y del gusto (Kant) incluso más que un régimen de inteligibilidad de las artes (Rancière). Hay más estética en una hora de la vida de un publicista que en toda la historia del arte. “Estética es la existencia metropolitana en toda su complejidad y la nueva sociedad “imperial” en su fundamento. La estética es la forma que toma la fusión aparente del capital y la vida en la metrópolis”. “Estética es pues la neutralización imperial ahí donde no se puede recurrir directamente a la policía” (anónimo, 2009, 104-105). No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta que la estética para (Tiqqun) es un concepto político, de hecho un concepto ético cuya intensificación lo convierte en político. Utilizo la palabra concepto, que Tiqqun no utilizaría nunca, pero es un recurso expresivo. No pretendo achacárselo. 

 

Para entenderlo tenemos que retroceder a la metafísica y sus métodos. Opera  por pares de oposiciones: conciencia-mundo, saber-poder, humano-no humano, forma-contenido, arte-vida, ser-devenir… Ninguna de estas oposiciones existe antes de operar la disociación que opera la metafísica en ellas. Es decir: la oposición las produce. Es un acto de creación. Pero como en las reacciones químicas es necesario mantener los pares disociados y esa tarea se confía a una institución, por ejemplo la institución museística y la crítica del arte se encargarán de que el arte se mantenga separado y distinto del mundo. Pero es un recurso zafio, desolador, y se recurrirá a la estética para que esa desolación desaparezca, para reunificar lo que se había separado. La estética derriba los muros de la separación y de la distinción pero a “condición de poner cada espacio bajo el control específico de un dispositivo, es decir para incorporar el dispositivo en cada ser”. (anónimo, 2009, 106). Entramos en la indistinción: contemplación-acción, amor-pornografía, patrón-esclavo. “Cada uno se habrá convertido para sí mismo en una pequeña empresa” (Ibidem). Destruir-reconstruir, reparar-estropear: el desastre occidental. 

 

Para repasar esta dinámica es preciso recurrir a cuatro textos esenciales de la estética. 1) “La crítica del juicio” de Kant (1778). Lo bello y el arte son los encargados de conciliar la libertad moral (“Crítica de la razón práctica”) y la causalidad que rige la naturaleza (“Crítica de la razón pura”). 2) “Cartas sobre la educación estética del hombre” (1794) en las que Schiller reelabora la estética como programa contrarrevolucionario en el contexto de la revolución francesa. En el hombre se dan dos instintos antagónicos: el instinto sensible (lo particular, las necesidades vitales, los sentimientos, los afectos, la determinación) y el instinto razonable (formal, universal). Se combaten el uno al otro y lo que el uno gana el otro lo pierde, excepto en un punto de armonía donde coexisten: el estado estético, que corresponde al instinto del juego. Para volver razonable al instinto sensible el único camino es hacer del hombre un hombre estético. En el estado estético los hombres son iguales y libres. Y aquí Tiqqun mete la cuchara: esta igualdad es precisamente el ideal de neutralización imperial, donde todo conflicto es desactivado de antemano. Para Tiqqun la propuesta de Schiller es reaccionaria. 3) “La fenomenología del espíritu” de Hegel. El problema es que el hombre sensible no se deja manipular (hacerse razonable). Es irreductible. 4) “el programa sistemático más antiguo del idealismo alemán” de Schelling-Hegel-Hölderlin. La filosofía del espíritu es una filosofía estética. La gran masa debe tener una religión sensible. Esa nueva religión -dice Tiqqun- no es otra que el capital en su fase imperial, es decir en su fase actual.  Lo que la estética pretende reunir, el gesto mesiánico lo asume como unión ya existente.

 

El espectáculo de la separación entre el arte y la vida es finisecular. Pero es una operación estética que pretender compaginar la unión y la separación. Lo que necesitamos nos es inaccesible. Es un estado de suspensión en el que la vida está ahí y a distancia. Absolutamente incluidos y excluidos de cualquier uso. Extranjeros e integrados. Contra cualquier estética que reúne, el arte contiene elementos de irreductibilidad, tensiones, energías, pathos, que a la vez nos alcanzan y nos afectan. Para Tiqqun eso no es exclusivo de la estética sino que afecta a todas las cosas, donde las formas y la vida, el hombre y su mundo, el ser y sus determinaciones, no se hallan separados. A esos elementos irreductibles les llama “formas de vida”, porque nada puede separar en ellos lo individual de lo relativo a la especie. Cada forma de vida está cargada de una intensidad colectiva. El artesano está cargado de orden gremial y ciudad medieval; el guerrero nunca aparece separado de las hordas salvajes; cualquier cristiano comparte la intensidad de las sectas judías. No es una cuestión de historia (el pasado se vuelve presente). El gesto mesiánico consiste en abrir paso a esas formas de vida, consiste en liberar de la estética el caos de las formas de vida. 

 

La época imperial consiste en una metódica conjuración de lo mesiánico. Todas las “formas de vida” se mantienen a raya: son posibilidades. Las subjetividades se maquillan, el esnobismo se hace estética. En lugar de abrir paso a las formas de vida el esnobismo repite la operación estética de encarnar la forma robada a la vida. Se continúa separando las formas de los contenidos como forma de oponer el sí mismo a los otros. La estética es así la síntesis infernal, el tiempo de la sociabilidad (en la conversación puramente sociable, la palabra es un fin en sí mismo, no está al servicio de ningún contenido, no tiene más fin que perpetuar la interacción, gozando del juego y las relaciones).

 

“Toda religión, haciendo existir una esfera específica de lo sagrado, se erige en guardiana de la separación de esta con respecto al mundo sensible. Es decir que produce el mundo sensible en tanto que mundo sensible”. (Anónimo, 2009, 114). Como consecuencia persigue todo lo que se mantiene en la in-separación entre sensible y suprasensible (mago, brujo, místico, mesías…). Es fácil así comprender el malestar que se apoderó del mundo profano con la muerte de Dios: si lo divino no existe desaparece también lo profano. La respuesta a este dilema la da el proyecto estético (y en primera línea el idealismo alemán). En un extraño texto (“Communismus der Geister”: comunismo de los espíritus) Hölderlin parte de la universalidad del descreimiento (lo contrario de la religión) para justificar su necesidad. El descreimiento de que se trata no es en tal o cual dios o religión. Se trata de la incapacidad de creer en lo que tenemos ante los ojos, en el propio mundo sensible. Es una crisis de la presencia y será el proyecto estético (el imperio y sus dispositivos) el llamado a remediarlo. 

 

El Imperio desplegará una triple ofensiva para reconstruir un universo aparentemente estabilizado, verosímil, consensual, una percepción común del mundo. 1) El desing y el urbanismo inscriben en las cosas mismas una unidad del mundo. Dan forma a un nuevo mundo sensible. 2) Los mass media inventan el lenguaje común de cada día. Ponen nuestros prójimos, a nuestra disposición. 3) La cultura y los espectáculos nos garantizan la existencia de aquello que podríamos vivir y pensar y que solo logramos vislumbrar. Del mismo modo que la religión pretendió unir a los hombres con lo divino (manteniéndolos en realidad a distancia), la religión sensible del imperio que pretende recomponer la unidad del mundo, no hace más que fijar (desde lo local: en cada lugar y en cada ser) una nueva separación: la separación entre el usuario y el dispositivo. La estética se impone así (a escala global) como imposibilidad de cualquier uso. La estética consigue por sus propios medios realizar la imposibilidad de uso contenida en toda mercancía (que por definición solo tiene valor de cambio) logrando convertirla en puro valor de exposición. Finalmente el programa estético pretende incorporarle el dispositivo al hombre mismo convirtiéndolo en usuario de sí mismo, mero sujeto estético.

 

El ejecutivo gritándole a su teléfono, el conductor maldiciendo a su automóvil, el usuario del ordenador increpándolo. Nuestros contemporáneos dan la sensación de estar hechizados: no es una ilusión que se pueda fácilmente deshacer. Es el hecho irreversible de la sujeción a los dispositivos, el hecho terrible de que solo acoplados a un dispositivo serán capaces de experimentarse como sujetos. “En cada uso reside una posible salida del embrujamiento. Porque cada uso libera las formas-de-vida contenidas en las cosas, en las palabras, en las imágenes… El gesto cortocircuita la conciencia, suprime temporalmente la distancia entre yo y el mundo, exige otras distancias… La coincidencia de la transformación del medio y la actividad humana o de la transformación del hombre por sí mismo, no puede ser captada y comprendida racionalmente más que como praxis revolucionaria, dicen las tesis sobre Feuerbach, pero pueden ser captada y comprendida mágicamente como uso” (Anónimo, 2009, 118)

 

“El hecho de que la materia esté animada por innombrables “formas de vida”, que esté poblada de polarizaciones íntimas, es algo que el propio Marx no ignoraba” (Anónimo, 2009, 119). Las formas primitivas de la materia son fuerzas esenciales, vivas, individualizantes, productoras de las diferencias específicas. A estas formas primitivas las hemos llamado “formas de vida”. Nos afectan a través de todo aquello a lo que nos atamos. Y si nos cuesta reconocer que estamos atados es porque estamos poseídos por una idea estética de libertad. Una idea de la libertad como desapego, como indeterminación, como sustracción a cualquier determinación. Esta idea de libertad está contenida en las cartas de Schiller “Esta disposición intermediaria donde el alma no está determinada ni física ni moralmente y donde sin embargo está activa de ambas formas, merece particularmente el nombre de disposición libre”. (Anónimo, 2009, 119)

 

“A esta idea estética de libertad nosotros oponemos la evidencia materialista de las formas-de-vida. Decimos que los seres humanos no están simplemente determinados, que no hay un ser puro de toda determinación por un lado que serviría de mero ropaje al conjunto de sus atributos, de sus predicados y de sus accidentes -francés, varón, hijo de obrero, jugador de futbol, con dolor de cabeza, etc- Lo que existe en realidad es el modo cómo cada ser habita sus determinaciones. Y en este punto la determinación y el ser son absolutamente indistinguibles, son formas-de-vida. Decimos que la libertad no consiste en deshacernos de todas nuestras determinaciones, sino en la elaboración del modo como habitamos tal o cual determinación. Que no consiste en liberarnos de todos los lazos, sino en el aprendizaje del arte de ligar y de desligar… Y asumimos el escándalo que pueda acarrear admitir la amenaza, en nosotros, fuera de nosotros, en todas partes, de la crisis de la presencia. Decimos incluso que si hay una igualdad efectiva entre los humanos esta se da justamente ante esa amenaza”  (Anónimo, 2009, 120) 

 

1) Somos conscientes de que por ahora, desde sus limbos, las formas-de-vida se debaten en el más temible caos. Y que es el sentimiento de ese caos, 2) así como el apego de nuestros contemporáneos a esa estúpida idea de libertad, lo  que los arroja a las redes de los dispositivos. 3) Pero también vemos la potencia de los que disponen aquellos que han aprendido el arte de ligar y deligar. 4) Y nos imaginamos la fuerza terrible que tienen en sus manos aquellos que elaboran colectivamente el juego de las formas-de-vida que les afectan. No tememos llamar comunismo a la puesta en común, allí donde sea, de dicha fuerza. 5) Porque entonces los humanos llegan a la madurez. Reinventemos la magia.

 

El desgarrado. Mayo 2019.

 




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