» 14-03-2019

Reflexiones tipográficas 174. ¿Ya no es el derecho una norma de convivencia?

Torra se niega a retirar los lazos -a lo que la ley le obliga- alegando que la libertad de expresión es una ley superior. Juana Ribas aduce que es inocente de haber raptado a sus hijos, como dice la ley, aduciendo el derecho de una madre como una ley superior. Las mujeres se enfrentan contra la sentencia de la manada que ven injusta por insuficiente. Los independentistas catalanes anteponen su Parlament a las leyes nacionales. ¿Se ha acabado la ley como forma de convivencia? ¿Cualquiera puede -más lejos de alegar su defensa- impugnar la propia ley con argumentos extrajudiciales? 

 

Es evidente que la independencia judicial no existe desde el momento en que los políticos entran en su mangoneo a saco. Por ejemplo: la ley de plazos está dejando libres a multitud de políticos cuyas causas son lo suficientemente complejas como para que no puedan ser instruidas en seis o dieciocho meses (con prórroga). La ley mordaza impide la manifestación, la captación de imágenes, los escraches, de los políticos y los funcionarios; el indulto y la amnistía convierte en un sarcasmo la ley; las sospechas de que algunos jueces están al servicio de los políticos son más que fundadas.  La efectividad de las incompatibilidades, los datos aportados por los políticos en su declaración de bienes, las dietas, son aceptadas por la palabra del político sin comprobación ulterior. El rey (y sus hijas) ha escapado a la acción de la justicia de forma harto singular. Todo ello hace pensar que la ley no es igual para todos y si es así ¿que tiene de extraño que los ciudadanos no confíen en ella? Si la ley no es igual, no es nada.

 

Es evidente que vivimos en una era en la que la individualidad ha logrado las máximas cotas. Es difícil aceptar la ley para todos (el café para todos) cuando uno se siente radicalmente diferente. Pero la ley es mucho más que justicia. La ley es igualdad. Es la garantía de que no existe la dominación porque nadie es superior a nadie. Esa es la promesa de la ley. Y esa promesa se está desmoronando. Poco importa que lo haga porque la información de los ciudadanos es mayor y no porque no haya ocurrido siempre. Es ahora cuando los ciudadanos lo perciben y lo sufren, y es ahora cuando reaccionan. Pero si, a su vez, el estado no reacciona, estamos al borde del abismo. La ley debe ser indiscutible… o no es ley. Pero para ser indiscutible debe ser estricta en su consideración de la igualdad. No son los ciudadanos los que desmoronan el tinglado con sus reivindicaciones. Son los políticos los que han convertido la igualdad en un coto privado. 

 

Lo que está en juego es la civilización. A medida que las leyes se hacen más y más inicuas los ciudadanos se hacen más y más contestarios. Es el principio de la revolución: el derecho de los ciudadanos a derrocar un régimen inicuo. Hoy se hace difícil pensar que eso pueda ocurrir pero también se hacía difícil pensar en la caída del imperio soviético y ocurrió. No todas las revoluciones tienen que ser violentas. El muro de Berlín cayó sin un disparo. La ciudadanía tiene otras fuerzas. Una de ellas es la de sus impuestos. Hace cien años nadie pagaba impuestos. Hoy los ciudadanos tienen una presión fiscal cercana al 40%. No hacen falta armas. Un retraso en los pagos y el Estado se va a la mierda. Retirar los fondos de los bancos y el Estado se va a la mierda. Saturar las comunicaciones y el Estado se va a la mierda. Nunca hemos estado más controlados, pero nunca hemos tenido más poder. El estado, económicamente es nuestro. 

 

La revolución ya no es lo que era. La revolución es sincronización: ¡todos a una! Hasta ahora la organización se ha producido de forma espontánea vía medios de comunicación (11-M), pero eso no tiene que ser así en el futuro. Tenemos que organizarnos en asociaciones de ciudadanos en defensa de nuestros derechos. Los políticos quieren controlar las redes sociales por todos los medios. Recientemente han aprovechado la reforma de la ley de protección de datos para introducir una enmienda en la ley electoral que les permite acceder a todos los datos de los electores. ¿No vamos a reaccionar ante este atropello? ¿Vamos a consentir que nos expolien de nuestros derechos con la ley, de nuestro dinero con los impuestos y con la corrupción y de nuestros datos con leyes abusivas?

 

El derecho decae, porque el derecho ha perdido el horizonte de la igualdad. Ellos no cambiarán las cosa a nuestro favor, sino al suyo. Somos nosotros los que tenemos que hacer que rectifiquen, que se la envainen. Somos nosotros los que tenemos que preparar la próxima revolución silenciosa. Simplemente hay que estar preparados para cuando haya que hacer caer al estado. No os de miedo. Para cuando apretemos el botón, cualquier cosa será mejor que lo que tengamos en ese momento. Así son las cosas. Un simple cálculo de pros y contras.

 

El desgarrado. Marzo 2019.

 




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