ESTETICAMENTE INCORRECTO IV
Este mes de Julio ha sido el mes del Estatut. Sentencia, acatamientos de palabra y desacatamientos de hecho, fundados en la voluntad popular. Los políticos invocan la voluntad popular como apoyo de sus aspiraciones independentistas (o como medio de arrimar el ascua de los votos a la sardina de su candidatura, que es lo mismo). No en vano la voluntad popular es la solemne apertura de la constitución: “La soberanía reside en el pueblo” . Lástima que los trescientos y pico artículos siguientes se dediquen a enmendarlo.
La soberanía reside en el pueblo... en tiempo de elecciones, es decir un día cada cuatro años. Y aún así muy matizada pues al día siguiente entra en funcionamiento la poderosa maquinaria política que excluirá al ciudadano de cualquier participación política hasta el punto de no acatarse ni la representación por grupos de intereses. El político es libre para transfugarse como persona cuando el ciudadano se vió obligado a escogerlo dentro de una lista cerrada y bloqueada. ¿Qué libertad es esa que te obliga a elegir un partido en bloque dentro del que -como todos sabemos- no funciona la democracia? Es la democracia por bloques como el IVA por módulos. Aproximada, A tanteo.
Los mecanismos de intervención del ciudadano entre elecciones son la democracia directa y el referéndum. Ambos han sido meticulosamente cercenados por la constitución. Los referéndum son informativos y nunca vinculantes para el poder en abierta contradicción con el enunciado del artículo 1º de la ley de leyes. En cuanto a la democracia directa se guarda para el ámbito universitario (los experimentos con gaseosa).
Todos estos ajustes fueron decididos por los padres de la patria entre los que figuraban representantes nacionalistas catalanes, a su vez representantes de partidos políticos (Roca, Solé Tura). Fueron ellos los que decidieron que la intervención de los ciudadanos en la política se circunscribiera a votar, solo votar y nada más que votar.
Pues bien, cuando vienen mal dadas esos políticos esgrimen la soberanía popular como apoyo determinante de sus aspiraciones (que son las de la nación catalana) e incluso reclaman el derecho de esa nación a decidir. Feo, muy feo. O todos moros o todos cristianos. Para esgrimir la democracia directa y el referéndum vinculante hace falta reconocer que la constitución está equivocada, es más, sesgadamente equivocada. Eso no se hará. Se trata de hacer demagogia y no de reconocer derechos.
Y con todo esto no pretendo, ni de lejos, oponerme a la soberanía popular catalana cuyo derecho a la autodeterminación me parece insoslayable. Lo que denuncio es esa zafiedad de los políticos en invocar lo que ellos prohibieron en su día para apoyar lo que les dará votos hoy. Hoy más que nunca la política es la ceremonia de la incoherencia.
Es posible que la nación catalana (de prólogo) salga reforzada de esta confrontación (¡Quien lo duda!) ¡, sin embargo se perderá la batalla y, sobre todo, se perderá la guerra de la soberanía popular.
Por cierto el nombre técnico de la manifestación de la soberanía popular por cauces no aceptados legalmente se llama revolución. ¡Quien nos lo iba a decir!
