OENEGÉS

La liberación de los cooperantes retenidos por los terroristas islámicos, plantea una serie de interrogantes sobre el funcionamiento de las ONG. Las ONG se definen por su título: Organizaciones no gubernamentales. Hay aquí una negación de la eficacia (esperemos que no de la legitimidad) de los gobiernos. Nos hemos organizado para llegar donde no llegan los gobiernos, y/o para evitar la corrupción de los gobiernos, y/o para evitar la burocracia de los gobiernos y/o etc. En resumen: son un perfeccionamiento de los gobiernos.

Como ideal no está mal, si no fuera porque buscan su financiación en esos gobiernos a los que van a sustituir por su ineficacia. Cuando Médicos sin fronteras y Médicos mundi se pelean por la legítima representación de los médicos cooperantes del mundo, uno no puede por menos que alarmarse. ¿Una lucha de poder entre organizaciones que se sitúan al margen del poder político? ¿Qué tipo de poder está en juego, entonces? Huele a planteamientos foucaultianos. El poder lo transita todo: el individuo, la sociedad, el gremio, la medicina. La voluntad de poder es omnipresente. Las micropolíticas de poder están en todas partes.

Resulta que esa actividad que mejora la del gobierno conduce a que el gobierno deba pagar rescate por los cooperantes, rescate que engrosará las arcas de las organizaciones terroristas que, por cierto, son no gubernamentales. A eso le llaman en mi pueblo hacer un pan con unas hostias. ¿Donde está la mejora con respecto a la actuación de los gobiernos. Es fácil ser ácratas de pacotilla. Es fácil mejorar la actuación de los gobiernos en planificaciones de café. Lo difícil es ser consecuente, agradecido y responsable. Se me ocurre que todos los cooperantes deberían hacer un testamento vital. “Nunca mis acciones podrán causar más daño que beneficio. En dicho caso renuncio a la ayuda física del gobierno”. Por lo visto “no gubernamental” significa financiado por el gobierno y rescatados por el gobierno... si las cosas se ponen feas. Irresponsabilidad. El dinero del rescate servirá para hacer otros secuestros y así indefinidamente. Pero ¡claro! traerlos a casa son votos. Mientras tanto la oposición clama por sus vidas si mueren y por el rescate si vienen. Siempre ganan.

No todo el mundo tiene acceso al poder político. Hay que empezar joven, trabajar los domingos (hay que aprovechar el vacío de noticias), mentir con soltura y, sobre todo, “mantenella y no enmendalla”. Poco más. No se necesitan estudios, educación, honestidad ni honradez. Tampoco hace falta una ideología. Con un barniz basta. Y si las cosas se tuercen... pues te cambias de chaqueta y listo. ¡Ah!, y además eres irresponsable y la poltrona es tuya, Como en todas las profesiones los que alcanzan el éxito tienen sueldos fabulosos, tarjetas de crédito incontroladas, viajes, etc. Pero si no has tenido la suerte de “colocarte” siempre tienes la solución de ”distraer recursos” o como se llama en mi pueblo: robar. Hay pocas posibilidades de que te encarten. En política a los ladrones se les encubre. ¡Podría haber sido yo!, deben pensar. También hace falta cuajo para tragarse los sapos. Esa es la parte vomitiba del asunto.

Pues bien, a pesar de todas las facilidades para acceder al poder político hay quien busca el poder en otros rincones. Universidad, sindicatos, colegios profesionales, gremio, clubes deportivos, asociaciones culturales, comisiones de fiestas, agrupaciones de escoltas y si nada sale... siempre quedan las comunidad de vecinos. Pero es poco poder. El poder de verdad es que está al lado del gran capital. Y entonces aparecieron las ONG. La caridad mueve toneladas de dinero. (Por cierto como se distribuye el dinero de las maratones de TV o el de las cuentas de bancos para las catástrofes). El modelo eran Cáritas y la Cruz Roja. El filón estaba abierto. Pero, paradójicamente el objetivo no es el dinero sino el poder. No descarto que para muchos de los cooperantes sea un deporte de aventura, una forma de hacer prácticas, un galón en el curriculum, una disculpa social, etc. De todas formas el bien que hacen, ahí está. Entiendo que antes de ejercer la medicina comercial se necesite lavarse la conciencia en África. Es como un antídoto. Pero lo que no comprendo es por qué hay que irse tan lejos. La pobreza y la miseria también están aquí, aunque evidentemente, no son tan exóticas. Para los dirigentes: manejar grandes recursos, figurar, organizar, mandar. En definitiva... el poder.

Micropolíticas de poder. Todos tiene razones para redimir el mundo y esa razón se llama poder. El estado (o sea, el gobierno) admitía con júbilo la caridad y no reparaba en quien la ejercía. El estado del bienestar, siempre tan necesitado de recursos, acoge con los brazos abiertos los recursos gratuitos (la caridad. Es un estado mendicante). Ahora deberá pensárselo mejor. Hay regalos envenenados. ¡A legislar!

Feo. Muy feo. Estéticamente repugnante.