» 09-02-2019

Entrevista 5 de Eduardo Robles a El desgarrado

ER: Otro tema que usted comenta a menudo es la estética y sobre todo la estética contemporánea de la mano, una vez más, de Rancière.

 

ED: Es muy difícil conceptuar el arte contemporáneo y Rancière lo hace de forma espectacular, precisamente ampliando esa conceptuación a un foco más amplio, en una apertura de miras. A partir de la desaparición del tema en el arte (el arte abstracto, para resumir) este ya no puede entenderse mediante la reflexión conceptual exclusivamente. Rancière nos propone que ampliemos el régimen de identificación de arte a las prácticas (modos de hacer) y a la visibilidad (modos de percibir y recibir) además de a los conceptos (modos de inteligibilidad). Estos regímenes de identificación del arte son pues modos ampliados de identificar el arte a las acciones (desde las técnicas de ejecución a las políticas), a la sensibilidad (desde la percepción a la recepción) y por supuesto a la inteligibilidad (los conceptos). 

 

Distingue tres regímenes de identificación: 1) el ético, analizado por sus cualidades intrínsecas (no tiene contexto; se sustenta por sí mismo) y sus efectos (la relación con el entorno-contexto es unívoca); no es propiamente arte pero abarca todo el protoarte que acabará siéndolo con el tiempo desde el rupestre hasta el arte sacro, conmemorativo, exaltativo, utilitario (exvotos), trascendental, etc. 2) El régimen representativo del arte, cercano a la imitación del mundo y establecido entre categorías dialécticas como apariencia/esencia, materia/forma, actividad/pasividad e inteligibilidad/sensibilidad. Abarca todo el arte figurativo. 3) El régimen estético del arte -que incluye el arte contemporáneo- es aquel en el que la fácil relación arte/mundo ya no es relacionable porque ambos se han vuelto heterogéneos. Las relaciones deben ser establecidas de nuevo de acuerdo a políticas y estrategias de nuevo cuño. Entre ellas distingue Rancière el juego, el archivo, el encuentro/invitación y el misterio… sin ánimo de ser exhaustivo. 

 

Este régimen estético es el que da razón del arte más difícil de comprender porque la relación entre texto (la obra de arte) y contexto (el mundo) ha desaparecido. Y ha desaparecido por dos razones alternativas: porque la obra de arte renuncia al mundo (en general a la figuración pero no exclusivamente) o porque el mundo no es aprovechable como contexto (la imposibilidad de la poesía tras Auschwitz, de Adorno). El contexto debe reconstruirse de nuevo, partiendo de que la homogemeidad ha desaparecido y por tanto se tratará de religar dos heterogéneos. Esta construcción de una relación entre heterogéneos es el arte contemporáneo. La parodia, el humor, el choque de ideas adversas, el juego (los juegos), la acumulación de elementos heterogéneos (archivo o colección), la invitación, el encuentro, el camino, y en resumen el misterio (asombro) entendido como forma insólita de relacionar dos heterogéneos.  

 

Pero lo importante en esta calificación (régimen de identificación del arte) es que se trata de un mapa, de una brújula con la que orientarse y no un concepto de arte que pueda acoger cualquier tipo de arte en su definición. ¿Por qué? En primer lugar porque los conceptos -como medio de conocimiento- no son ya fiables. Y en el caso de Rancière no lo son no porque estemos instalados en la posmodernidad (que no reconoce), sino (y en segundo lugar) porque los conceptos son insuficientes y deben ser completados con otros aspectos de la cosa conceptuada. En sus palabras “el arte no es el concepto común que unifica las diferentes artes. Es el dispositivo que las hace visibles… una forma de visibilidad del arte… Arte contemporáneo es el nombre que designa específicamente el dispositivo que ocupa el mismo lugar, que cumple la misma función” (“El malestar de la estética” 2012(2004), 32). El arte no es un concepto sino que es un lugar y como tal debe ser significado por un modo de hacer (prácticas), un modo de percibir (visibilidad) y un modo de entender (conceptos). El concepto ha sido superado por el lugar. ¡Viva la geometría!

 

ER: Rancière, en una formulación epatante, afirma que arte contemporáneo es el que ocupa el lugar que antes ocupaba la obra de arte (figurativa). Define el arte no pos su concepto sino por el lugar que ocupa (su geometría).

 

ED: Como he dicho antes amplía el concepto (modos de entender) a la visibilidad (modos de percibir y recibir ) y las prácticas (modos de hacer). El arte no es solo lo que entendemos sino también lo que percibimos (y recibimos) y lo que ha sido realizado con una técnica y una materia. La relación directa (imitación, deformación, abstracción) desaparece. Mundo y obra se hacen inhomogéneos y se hace necesario volverlos a relacionar. Como el concepto es insuficiente es necesario ampliar los recursos de relación. Las tradicionales categorías dialécticas propias del arte representativo (imitativo) como apariencia/esencia, materia/forma, actividad/pasividad e inteligibilidad/sensibilidad desaparecen en su inutilidad y se impone establecer otras que Rancière señala -sin ánimo de exclusividad- en el juego, el archivo, el encuentro/invitación y el misterio, pero que de hecho pueden ser ampliadas a cualesquiera otras. 

 

Ampliar las posibilidades de relación entre la obra y el mundo supone ir más allá del concepto (lo que nos sitúa en la posmodernidad) y nos introduce en categorías relacionales desconocidas, como el espacio geométrico (la instalación) o el autor como materia de arte (la performance), Lo determinante de la instalación no es la relación conceptual que mantienen los distintos elementos de la obra sino su presencia conjunta en el mismo espacio. El espectador se siente libre de establecer sus propias relaciones aprovechando que los objetos heterogéneos están juntos. La obra se abre porque el concepto ya no es determinante. Lo mismo ocurre con la performance en la que la práctica (la técnica la materia de que está hecha la obra) es el propio autor. La obra de arte no está definida por un concepto sino por otro tipo de relaciones perceptuales, de recepción, de ejecución, de materiales, que resuelven la inhomegeneidad (conceptual) de obra y mundo de formas inéditas. Evidentemente esta situación inédita descoloca al espectador si este espera que las relaciones entre obra y mundo sean simplemente entendibles. 

 

Como he comentado muchas veces entre el autor y el espectador se ha perdido el contexto común que les unía en el régimen representativo del arte y que era la naturaleza (la imitación de la naturaleza). Ese contexto debe reconstruirse y a falta de comunicación directa, la escuela, el tiempo, al que pertenece o su trayectoria, nos pueden ayudar a establecer nuevas relaciones. Pero sobre todo serán las nuevas categorías de percepción, recepción, ejecución, materiales, etc las que restablecerán el contexto.  En definitiva es una ampliación del ¿qué significa? (conceptual) a ¿cómo me afecta, cómo lo siento, que esconde, etc? En una palabra ¿qué nuevas relaciones no conceptuales establece con el mundo y conmigo? No es fácil pero tampoco es imposible.

 

El desgarrado. Febrero 2019. 

 




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