» 17-07-2019

La 13 bis-20 Legislatura. Negociación PSOE UP. ¡Apóyame. Es una orden!

Se ha puesto de moda pedir el apoyo por deber ético, amor a la democracia o responsabilidad política. Quiero decir, a cambio de nada, sin pactar, sin dialogar.  El presunto pacto se efectúa en los medios mediante descalificaciones y exigencias espurias. Para ello se “interpreta” la ley en el sentido de encontrar una serie de “obligaciones” que no figuran en la propia ley. La democracia no es una ley de mínimos que puede ser implementada por consideraciones éticas, políticas, morales o de otra índole. La democracia es derecho, Estado de Derecho.

 

Estamos en un estado de derecho lo que quiere decir que es la ley la norma fundamental. Cabe la posibilidad que las leyes sean abusivas (en general debido a situaciones de mayoría absoluta) como la ley mordaza, la reforma de la ley laboral, El impuesto al sol, la reforma de la ley de enjuiciamiento criminal (para reducir las duración de las causas con la intención torticera de que los delitos de corrupción no tengan tiempo de instruirse), la modificación de la ley de protección de datos en el sentido (¡asómbrense!) de que los partidos políticos puedan mangonear los datos privados de los electores, etc. Su invocación parece bastar para que otras consideraciones extravagantes (así se llamaba a las leyes que estaban fuera de los códigos o digestos) se vean como “normales” (es decir normativas).

 

Pero si una ley es abusiva lo suyo es cambiarla, derogarla, modificarla, sanearla. Eso es lo democrático y eso es lo que no hace el PSOE después de haberlo prometido. A cambio invoca pretendidas obligaciones de sentido común (¡cómo le gustaba el sentido común a Rajoy cuando no quería aplicar la ley!), de responsabilidad de estado, de ética política. ¡Pamemas! Todo lo que es legal es democrático y si no para eso está el Parlamento, para legislar en el sentido correcto. Todas las consideraciones extravagantes son estúpidas y cuando las leyes son injustas, hay que cambiarlas. Pero marear la perdiz es el deporte nacional de los políticos. Porque los jueces juzgan pero los políticos legislan. Siempre es posible encontrar un argumento aunque sea cogido por los pelos. Siempre habrá un periodista dispuesto a escucharlo.

 

Por eso es tan desesperante que los partidos se empeñen en que existen “normas” no escritas, pero de “sentido común”, a las que hay que atenerse en las negociaciones y que suelen ser mandatos imperativos: ¡por que yo lo valgo! que como Tiqqun explica es el imperio de lo joven-femen al que llama “la teoría de la jovencita”. Un conglomerado de la inmadurez de la juventud y la seducción (como único medio de lucha) de la mujer. Todos nuestros políticos son jóvenes y guapas (excepto el pecho velludo y legionario de Abascal, el caballo entre las piernas y el aire de reconquista, los demás tienen una belleza y una seducción femenina). Y acorde con su aspecto de jovencita, es su extravagancia del derecho: ¡Por qué yo lo valgo! ¡Qué grande ser joven!

 

Las mujeres se hacen feministas y los hombres se refugian en el machismo (dice un artículo de La Vanguardia referido a la juventud). Ellas avanzan en el deporte (de equipo) mientras los hombres retroceden. Un cambio necesario y esperado pero ¿esperábamos que la seducción femenina y juvenil invadiera la política? Vivimos en un paradigma absolutamente masculino en el que la mujer solo tiene cabida trasmutándose en hombre: agresiva, testosterónica, implacable, brutal. La transferencias son cada vez mayores (en ambos sentidos) pero eso no soluciona las cosas. La debacle de la natalidad lo demuestra. La imitación del noble bruto está resultando demoledora. En compensación tenemos unos políticos “jovencita” en la que nuestros ediles optan por la racionalidad de contacto, la seducción, la imaginación de los jóvenes, la empatía de la palabra, la eficacia del eslogan. ¡La política ha muerto. Viva la jovencita!

 

Para más sobre Tiqqun y sobre la teoría de la jovencita he publicado un blog con el listado de todos los blogs sobre este colectivo. A él os remito. Resumo la idea que quería exponer porque me temo que me he dispersado. Exigir que alguien te vote a cambio de nada (lo que no deja de ser a cambio del descrédito que supone no estar a la altura) es ridículo. Si quieres algo, paga por ello, negocia, pacta. Otra cosa es que el espíritu del bipartidismo, de la mayoría absoluta, siga vigente en la mente de los políticos y pretendan enarbolar una mayoría que no tienen o una pretendida voluntad de los votantes que es pura especulación. Decir que alguien tiene la obligación (ética, política, moral, razonable) de apoyarte a cambio de nada es simple y llanamente, ordinaria locura… o la teoría de la jovencita. ¡Tiene cojones que la brecha laboral persista, que las mujeres sigan muriendo y siendo violadas a manos de los machos, que nuestra juventud sea cada vez más machista y que la política se haya convertido en la política de la jovencita! Algo buscarán.

 

El desgarrado. Julio 2019.




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