» 22-11-2007

La 52 Biennale di Venezia

Cuando la 52 Biennale di Venezia toca a su fin llega el momento de hacer balance. La circunstancia de que este año haya coincidido con la Documenta de Kassel hace aun más interesante la confrontación de estas dos manifestaciones punteras en el mundo del arte. La primera sorpresa de esta bienal ha sido la eclosión del video. Comparada con la anterior edición o con la Documenta, el video ha sido el gran protagonista. Además de la cantidad (quizás un 50% de la muestra) había sorpresas en la calidad. Parece que por fin el video se sacude el peso de los maestros de la vanguardia histórica (del video) (Nam Jum Paik, Wolf Vostel, Bruce Nauman, etc) y emprende una carrera nueva y original. A las novedades en la técnica: sombras chinescas (Kara Walter) animación sobre fondos naturales (Joshua Mosley), dibujos con animación manual (Marko Maetamm), Combinación de cámara lenta con foto-fija, (Sam Taylor wood), Publicidad (Abdel Ibidem) etc., se unían las novedades en la presentación: multipantallas (Serhys Bratkov), pantallas doble, mini pantallas (Daniel von Sturmer), proyección sobre lienzos (Jose Alejandro Restrepo), Multiproyecciones sobre contextos definidos (Yves Nethammer), Instalaciones (Andreas Fogaras). La duración se ha reducido considerablemente a unos seis minutos de media. El color domina sobre el blanco y negro y los contenidos, si no abiertamente cinematográficos, son, al menos, coherentes. La segunda sorpresa, aunque menor, es el auge de la instalación, que aliada con el video, ocupaba la mayor parte de la muestra. Y dentro de las instalaciones dos tendencias: el abigarramiento barroco, con amontonamiento de objetos, medios, técnicas, etc. (Atopía: museo de taiwan, como ejemplo de una tendencia que es muy oriental), y la obra de arte total, entendiendo como tal, el making off o histórico de la creación. (Francis Alÿs, Sophie Calle). Esta tendencia es muy interesante y se aviene perfectamente con el video. Y a partir de aquí el tedio de todas las muestras: el irremisible retroceso de la pintura, la preponderancia del objeto sobre la (inexistente) escultura) (Paula Trope), la guerra en todos los enfoques, el –otra vez fallido- intento de individualizar un arte del tercer mundo, la pleitesía a las vacas sagradas, etc. Todo ello presentado de la mano de Robert Storr, cuya selección –a nuestro parecer- se caracterizaba por presentar obras menores de grandes artistas. Pero frente a la decepcionante Documenta (sobre la que ya hablamos), esta bienal, con sus dos sorpresas, nos ha dejado mejor sabor de boca.




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