» 08-04-2011

MAS SOBRE CINE (DEL HUMOR Y OTRAS EMOCIONES)

Cuentos. Relatos que se cuentan. Cosmogonias, fantasías, relatos morales y edificantes. De amor, de acción, de redención, de pasatiempo. Desde el principio de la humanidad los cuentos fascinan. Los cuentacuentos han sido sustituidos por la literatura, el teatro, el cine, los videojuegos. Pero siguen siendo lo mismo. Historias (de ficción ) que fascinan. ¿Cual es su esencia (y al decir esencia me refiero a lo que los ha mantenido iguales en cientos de siglos)? Los relatos emocionan. No razonan; emocionan. Somos un saco de emociones que -a veces razona- pero que nos vemos a nosotros mismos como un saco de razones que -a veces- se emociona. La emoción es un comportamiento que debe subordinarse a la razón. Pero no lo hace. Vivimos en una falacia. La falacia moralista-religiosa. Las emociones deben ser dominadas. Los pecados capitales, son emociones. El amor y el odio, son emociones. La alegría y la pena, el sentimiento de superación y el fracaso, el rencor, la venganza (por más que deba servirse fría), el desánimo y la euforia, todo son emociones. ¿Qué queda para la razón? cuatro reglas lógicas y cuatro silogismos que nunca nos han servido para prever el futuro (que es lo que nos prometieron). Sin embargo esas “razones” nos han traído este adelanto tecnológico con el que conducimos automóviles, mandamos hombres a la luna, y conseguimos comodidades a precios asequibles. Consumismo. Podemos comprar de todo. Todo está a nuestro alcance. A pagar en más o menos tiempo ( una casa en cincuenta años) pero a nuestro alcance. La oferta es tan extensa que marchita el deseo. Cuando la novela triunfa en el siglo de las luces la pregunta es ¿Como es posible que un hombre ilustrado lea con fruición un relato de ficción? La respuesta es que siempre se han leído (oído): cosmogonias, tragedias griegas, fábulas, autos, romances, trovos, novelas de caballerías. El relato de emoción siempre nos ha acompañado. Tenemos la necesidad de identificarnos (tomar como modelo), empatizar (emocionarnos por contagio), repugnar-asquear (sublimar nuestro lado oscuro), enternecernos (ensayar nuestro papel social-bilógico). Somos seres inexcusablemente sociales y las emociones son nuestro repertorio de interacciones sociales. El cine ( el vídeo, los videojuegos, el video-arte) es el último eslabón de esa cadena de relatos de emociones. Nada distingue a una “peli” de acción (la emoción de la persecución) de una de amor (la emoción amorosa) excepto la parafernalia. Dicen que solo hay siete géneros de cine. Lo que es seguro es que corresponden a las emociones básicas. Una de esas emociones es el humor. La más grande, la más gratificante, la más esquiva. Muchos han hablado del humor desde Platón a Foucault, pasando por Bergson. Análisis científico-filosóficos poco o nada emocionales. Si todas las emociones son irracionales el humor más que ninguna. La base del humor es reirse del otro. Las emociones son sociales y a nadie le interesa el amor (emoción) propio (autorreflexivo). Es un ajuste de cuentas. Y es normal en una situación social (dependencias) en la que cada individuo se percibe a si mismo como único e individual. La tensión individuo - cuerpo social debe ser distendida sin daños. El humor es la ritualización de la agresión social. Exactamente igual que los animales ritualizan sus querellas sexuales (sociales) o jerárquicas (sociales) los humanos ritualizan sus inquinas sociales mediante el humor, El humor es un espacio de pacificación en el que se dirimen la luchas ritualizadas de los social. El carnaval, los chistes, la sátira política, las chirigotas, las máscaras, etc. Pero también todo lo que ridiculiza lo que nos oprime o lo que nos fastidia: vecinos, regiones, razas, gremios, profesiones, etc. El chiste es una venganza... pero incruenta. De hecho va acompañado de una descarga de energía (¿orgásmica?) que patentiza su función liberadora. Para algunas culturas (Inuits) joder y reir es lo mismo. No iban desencaminados los romanos con lo de “pan y circo”. La corriente de lo políticamente correcto ha tratado de cortar este filón pero lo único que ha conseguido es que se produzcan dos bandos irreductibles: los mojigatos y los radicales. Nunca el humor en la TV había sido tan descarnada como ahora. El 50% de las series de TV son de humor. Tiene lógica. Vuelves a casa del duro batallar y no estás para documentales de animalitos aunque sean de sexo y violencia. Necesitas gastar la tensión social que has acumulado. ¿Qué mejor que una disipación por empatía? Te ríes de los estereotipos que te ofrecen, sean físicos teóricos, informáticos, padres, hijos, hermanos, novias, amigos o extraterrestres. Todo vale. Unas cuantas carcajadas y el mundo se ve de otra manera. Efectivamente: es una teoría antropológica del humor. ¿O alguien ha conseguido saber como la mueca inequívocamente agresiva de enseñar los dientes se convirtió en la sonrisa (y en la risa?) Pues porque es agresión ritualizada (enseñar los dientes todavía no es agresión, es el aviso; la ritualización). De hecho hay un gesto contenido de amenaza en la sonrisa forzada de la víctima de una broma (Sheldon Cooper es un maestro). El humor se puede intelectualizar (de hecho, todo se puede intelectualizar) y entonces perdemos sus orígenes (y su explicación). Pero, aunque el objeto aparezca elidido, siempre existe el objeto del escarnio, sólo hay que buscarlo. Llamamos primitivo al humor de las tartas en la cara y de los tropezones (humores de la acción) pero en nada se diferencian de los cortes, los juegos de palabras perversos o de las alusiones taimadas. De la acción física pasamos a la acción mental, psicológica... y no hay nada más. Aún así, hasta el humor participa de una convención social. No hay que pasarse de la raya. Los actores pueden soportar que el humorista presentador se meta con sus tics y sus manías, los productores pueden soportar los chistes de judíos, pero dentro de unos límites. Te pasaste Charly cuando llamaste JUDÍO a Chuck. Te pasaste Gervais cuando... bueno ya sabemos. Creo que el humor lo dispensa todo, pero el humor es agresión (ritualizada, pero agresión) y cuando es entendida generalizadamente como des-graciada hemos topado con el límite que la sociedad pone a sus convenciones. O abandonamos la vertiente social del humor (y la convertimos en agresión directa) o nos amilanamos (y nos reintegramos). Sin que ninguna de las dos opciones sea preferente. Humor y vídeo. El vídeo siempre ha participado del cine experimental. ¡Ese glamour! Imágenes crípticas, Bergman o Godard como referentes. Imágenes expresionistas o directamente iconoclastas. La tentación es fácil (para los que conozcan la historia). La pregunta es ¿Se puede hacer vídeo-arte: cotidiano, humorístico, sutil, expreso, a-lingúistíco, agnóstico (si esta categoría pudiera existir). Ese es el reto del vídeo. Pero centrémonos en el humor. Sólo he detectado humor en los vídeos metafóricos (auténticos chistes visuales). Ejemplo: ¡Juega Chile! La imagen recoge figuras humanas paralizadas mientras el resto vive. Está bien, pero hay más. Tal como hemos dicho antes, podemos optar por la agresión directa (aunque por lo menos debería poder ser confundida con el humor) o bien, por no transigir las convenciones (lo que, por otra parte es muy elástico). La víctima puede ser un personaje popular (apropiación) o el propio espectador (mordacidad), La sociedad en general (parodia) o la local (inquina). Allí donde hay una víctima (y una inteligencia que la percibe) puede (debe) haber humor. Serios son los jueces, los verdugos, los notarios y los payasos. Cuatro objetos perfectos para vuestros dardos, pero también los productores, los jefes, los policías, los religiosos (claro que con tamaño disfraz, o se ponen serios o se los comen), los sindicalistas, los ecologistas, los científicos, los antitaurinos, los periodistas, los expresidentes y sus familias, los maridos de las infantas, y un largo etc. Si quieres decir cosas serias, incluso trascendentes (en el caso que existan) ¡báñalo de humor! El humor quita dogmatismo, entretiene y no pierde calado en el mensaje. Por el contrario es más fácil que recuerden el tuyo asociado a algo gracioso que a algo tediosos. No. No es fácil. Pero por lo menos no renuncies previamente a él, y si surge ¡déjalo germinar! ob-art Abril 2011




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