» 06-02-2019

Reflexiones tipográficas 166. Venezuela… y más.

Venezuela acosada internacionalmente. Ese es el titular. Desde el lunes la UE se une a las exigencias de la derechona internacional para que se reconozca a un golpista y se destituya a Maduro (un cagón). La gran mayoría del pueblo entiende que lo que hace Maduro no es democracia: cierto. Los venezolanos entienden que no hace economía: cierto. Pero ¿ese golpe va a mejorar la vida de los venezolanos. Ya sabéis la respuesta: a unos sí y a otros no. Mejorarán los índices macroeconómicos y descenderán las posibilidades de que los más desfavorecidos puedan sobrevivir. Los cagones de la izquierda son especialistas en este tipo de situaciones: desposeen a la derecha de su negocio unilateral y abusivo y no son capaces de que la cosa funcione. La resultante para el pueblo es que viven igual de mal que antes y encima, internacionalmente, se les insulta. 

 

He acreditado ya muchas veces que no creo en las disyuntivas derecha izquierda, para ser exactos, no solo. Marx pensó sobre la economía y sobre el problema laboral (con muy buen tino), pero se olvido de las otras dominaciones. Hoy debemos pensar en todas ellas y por tanto, superar la lucha de clases… laborales (sin olvidarla). En el mundo actual el marxismo es una parte del problema pero no la totalidad. La mitad de la población masculina sojuzga a la otra mitad femenina; el ochenta por ciento heterosexual oprime al veinte por ciento de altersexuales; el colonialismo exhibe desviaciones sobre las migraciones con evidentes sesgos racistas; los políticos oprimen a los ciudadanos, merced a sus privilegios adquiridos en su función legisladora, y merced a su corrupción.  Se establecen partidos que reúnen todos esos sesgos para conseguir el poder apelando al miedo. Nos hemos hecho tan conservadores que lo tememos todo, desde los diversos sexuales a los diversos  de raza, color, costumbres, historia o geografía, y sobre todo a las mujeres. Sin embargo no tememos a los políticos. Ese es su as en la manga. Nos hemos convertido en los cagones del mundo. ¿Quién nos cambiará los pañales? En vez de ser cada vez más niños ¿no deberíamos sacudirnos el pañal y enfrentarnos con la realidad? Los otros: las mujeres los altersexuales, los colonizados, los políticos son seres humanos. Se puede hablar con ellos, se puede transigir con ellos (bueno. con los políticos: no).

 

He defendido muchas veces que la democracia de Venezuela no es peor que la nuestra… en el sentido que las dos son igual de malas. También he dicho que ellos han pasado algunas líneas rojas que nosotros no pasamos (habitualmente). El PP ganó elecciones dopado con dinero negro producto de la corrupción (hoy se desvela la investigación de la UCO sobre las elecciones de Aguirre a la Comunidad de Madrid). Eso no es democracia. Ni aquí ni en Venezuela. No digo que me guste Venezuela, digo que no me gusta lo que pasa en España. Y me cabrea que determinados farsantes comparen ambos países, como si la diferencia fuera abismal. Es abismal en las apariencias (el desabastecimiento, el hambre, la desinformación…) pero todo eso también lo sufrimos en España. Niños en estado de pobreza, comedores sociales, trabajadores pobres, expolio de los ahorros, protección de los poderes fácticos. ¿Quién se cree que eso sea democracia? Publicar datos macroeconómicos sesgados, estadísticas maquilladas o encuestas cocinadas, no es democracia. Ni aquí ni en Venezuela. 

 

Escoger entre Maduro y Guaidó es lo mismo que escoger entre Casado y Sánchez. Es avenirse al juego de los políticos. Fuera de la política no hay nada: el caos, dicen. Se llama tirano al que no acepta el juego del hoy por ti mañana por mi, del turno de los partidos y de la opresión del pueblo. La sociedad occidental tiene que mandar a los ciudadanos: al despido primero, a la homelessidad después y a la muerte, definitivamente, a millones de trabajadores. La robótica les “obliga”. ¿Donde quedó aquello de que las plusvalías de la robótica serían para el pueblo. Que esas plusvalías nos liberarían del trabajo? Se lo han repensado. Es mejor exterminar a todos esos trabajadores sobrantes: por la pobreza y la inanición, que perder ese suculento negocio. En los próximos años asistiremos al holocausto de millones de trabajadores. No lo harán en campos de exterminio como los cagones, soberbios, fascistas. Lo harán “softlly”, sin que se les pueda achacar. ¡Atentos a las estadísticas! Ha empezado el exterminio. 

 

Pueden pensar que la situación en Venezuela es impredecible. No es verdad. Es perfectamente predecible: el pueblo pierde y los capitalistas ganan. Esa es la ecuación que ha resuelto el capitalismo aliándose con el poder político y económico. El futuro que nos espera es tenebroso. Ninguna película ha sido capaz de vislumbrarlo: Las guerras nucleares y las invasiones de alienígenas, los vampiros y los zombis, los monos y los insectos, solo son metáforas. Moriremos a manos de la alianza entre los capitalistas y los políticos. Ese es el enemigo letal. Y ya está actuando.  En Venezuela asistimos a la enésima representación de esa pantomima. Maduro (el tirano) caerá y la democracia (Trump) tomará las riendas. Venezuela mejorará, en sus cifras macroeconómicas pero el pueblo empeorará. Perderá las ayudas, la sanidad, la educación, la protección al empleo. Exactamente igual que aquí. Se privatizará todo para convertir el estado del bienestar en negocio. Es evidente que Maduro se merece caer por cagón pero ¿se merecen los venezolanos la que se les viene encima? ¿Nos la merecemos nosotros?

 

El desgarrado. Febrero 2019.

 




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