» 14-05-2026

Bulos 3. La ciencia.

Hay tres tipos de engaños producidos por la ciencia: los estructurales, los indirectos y los voluntarios. Empezaré por los últimos. La ciencia -por sus aplicaciones- puede ser controvertida. La industria armamentística es una de las vanguardias científicas. Existen maneras de justificar el inmenso gasto armamentísticos que realizan las naciones más desarrolladas del planeta en nombre de la disuasión, el equilibrio, la paz armada etc. La proliferación de armas hace tan costosas (en vidas y en dólares) las guerras que tienen un efecto disuasorio. USA se debate entre el derecho a portar armas (defensivas) y las matanzas que periodícamente se repiten y que alcanzaron en 2017 a 40.000 ciudadanos (entre suicidios y homicidios). La “banalidad del mal” es el nombre que puso Arendt a enfocar el diseño de armas desde el punto de vista de la perfección (el mayor número de víctimas posibles) y no desde la ética. USA ha explosionado dos bombas nucleares en tiempos de guerra con casi 250.000 muertos. El otro apartado (excluida la guerra) en el que los científicos colaboran con lel engaño es en los efectos dañinos de productos (tabaco, alcohol, café…) o actuaciones (cambio climático, carbón, diesel, lluvia ácida, etc.) evidentemente a cambio de cuantiosas cantidades de dinero. También hay otro aspecto en el que mienten los científicos y es en la historia de los descubrimientos (omitiendo las grandes pifias como el flogisto o el éter) y en los casos de locura, suicidio, enfermedades vergonzosas, altersexualidad, etc. de (desgraciadamente) una buena porción de  científicos, generalmente por omisión. La guerra por adjudicarse los descubrimientos (la fama y el honor) también a contribuido a que intencionadamente o por error se hallan atribuido logros a quien no les pertenecían La pugna entre Newton y Leibniz por el descubrimientos del cálculo diferencial involucró toda clase de falsedades en lo que se convirtió en cuestión nacional.

La ciencia es estructuralmente engañosa pues su desarrollo es progresivo y -hasta ahora- no se vislumbra el final, lo que supone que siempre estamos en un estadio que no es verdadero… por incompleto. Si embargo ese final ha sido predicho cientos de veces… infructuosamente. Probablemente nunca alcanzaremos el final, el error nulo, por la simple consideración de que la ciencia no descubre una verdad oculta sino que inventa una verdad paralela y aproximada, es decir, la ciencia no es el camino para hallar la verdad completa… porque ese camino no existe. Pero nuestros medios aproximados son capaces de alcanzar errores cada vez más pequeños hasta el punto de que sean despreciables, es decir alcancemos la utilidad si bien no la perfección. Perseguir la perfección, la exactitud, es un despilfarro de recursos innecesario. ¡No hace faltar matar las moscas a cañonazos! La teoría de la falsación de Weber dice que nuca podremos demostrar la bondad de una teoría, lo único que podemos hacer es demostrar su falsedad (falsarla), es decir asegurar que no hemos llegado al final.  

Entre las falsedades indirectas la principal es la exclusión de los ciudadanos de la ciencia debido a su complejidad creciente, inalcanzable para los conocimientos medios de aquellos. Pero esa separación nos pone en la situación de que entre dos posibles teorías no tenemos medios para decidir cual es (menos) falsa y cual es (más) verdadera. Esa es la posición de la intoxicación que puede desviar la atención de las teorías bien encaminadas elaborando otras simple y llanamente “cortinas de humo”, sesgada, taimadas e interesadas. Y aquí aparece de nuevo el fascismo interesado en diversas teorías negacionistas (creacionismo, terraplanismo, antivacunismo, homeostasia, inexorabilidad (la inocencia del humano en el cambio climático, u otros) o conspiranoicas. No se pone aquí en juego la honorabilidad de la gran mayoría de los científicos pero sea por dinero, por la fama, por el honor y el prestigio, la ciencia ha recalado en el engaño. Los científicos están enfrentados en una competición sin cuartel y muchas veces contra el tiempo. Un científico se mide por lo que publica, como un periodista por las noticias que vende y un político por los votos que saca. Existe una dialéctica perversa que muda los medios en fines de acuerdo a un pragmatismo utilitarista. El mismo pragmatismo que carcteriza al fascismo. Evidentemente -la de los científicos- es otra guerra que la que mantienen los políticos pero, la mezquindad está presente en todos los campos. Los científicos son los encargados de impartir la instrucción a alto nivel y participan -por tanto- de los defectos que hemos expuesto de la pedagogía. 

El desgarrado. Mayo 2026




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