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| » 14-05-2026 |
Para entender el papel de las redes sociales en la sociedad actual es preciso tomar perspectiva histórica… aunque no mucha. Con 40 años basta. En 1985 IBM lanzó al mercado el primer PC (Personal computer). Hasta entonces los ordenadores eran corporativos e inaccesibles para el individuo, por tamaño, precio y disponibilidad, por lo que la inclusión del término “personal” en el nombre era más que significativo. El PC era poco más que una calculadora avanzada al que se le podía dotar de programas de software externos para trabajar con hojas de cálculo, edición de texto, programas de dibujo, cálculo de estructuras, presentaciones integradas y poco más. No disponían de gráficos (de serie. Las tarjetas de gráficos eran independientes) por lo que todo lo que aparecía en pantalla eran números y letras. El PC era una filosofía de hardware es decir no intentaba explorar el mundo de las aplicaciones -que se desarrollaban por empresas independientes- ni el de los sistemas operativos (interfaces de usuario).
Jobs y Wosniak impulsaron un PC (el Mac de Apple) que se escapaba de esos parámetros apostando por los gráficos icónicos (que ya habían sido desarrollados por Xerox) al servicio de una interface mucho más amable y por una potencia de cálculo (Motorola) muchísimo mayor que la Intel que implementaba el PC. Este, utilizaba un sistema operativo (la interface de usuario) que no estaba al alcance de la comprensión del usuario medio. Gates ve el mundo de los sistemas operativos (Windows) como el camino para hacerse con el mercado y ofrece a IBM el sistema operativo DOS -que no era suyo- y que es aceptado por IBM. Se inicia la era de los paquetes integrados de sistema operativo y aplicaciones básicas. El sistema operativo del Mac es otra historia, apostando por la intuición y los gráficos/iconos, lo que lo coloca en un segmento del mercado: el diseño, la publicidad y los pijos (los que dan valor al diseño aunque sea a un precio elevado) netamente diferenciado. Sin embargo el CAD (diseño asistido por ordenador) y MAD (fabricación asistida por ordenador) se deciden por el PC dado que ya habían sido desarrolladas corporativamente (campo en el que IBM era puntera) con anterioridad al nacimiento del PC. Autocad se convierte en el estándar del mercado merced a una política (también seguida por Gates) de permitir el pirateo de sus productos hasta hacerse imprescindibles.
La evolución del mercado supone doblar cada año la potencia de cálculo, añadir multiárea y multipuesto, mejorar las interfaces de usuario (sistemas operativos), multiplicar las posibilidades gráficas, añadir color, multiplicar las aplicaciones, etc. hasta que se plantea Internet, una red para compartir información -originariamente de defensa y universitaria- que en 1991 se abre al gran público (es decir: al comercio) al desarrollarse la tecnología de las web (http). Inmediatamente se abre el melón de los buscadores (una interface de usuario para facilitar el hallazgo de la información). Tras diversas vicisitudes Google se hace con el liderazgo. Prácticamente toda la información que se genera a partir de entonces es vertida e indexada en la red. Internet se convierte en una enciclopedia universal y fuente de noticias instantánea. Wikipedia trata de normalizar la suma de conocimientos mediante la aportación abierta de información. El triunfo del PC sobre el Mac se debe a la facilidad de piratear aplicaciones -lo que tiene la contrapartida de las infecciones víricas- y su muy inferior precio, debido a la competencia, pues los fabricantes (montadores) de PC se multiplican. Pero Jobs no para en su afán de producir nuevos gadgets en la estela del Mac… pero de bolsillo, para lo que primero que cayó fue el teclado físico: IPod (2001) (un disco duro de bolsillo en el que almacenar miles de canciones), Iphone (2007) (un ordenador/navaja suiza, de bolsillo, abierto a todas las aplicaciones), Ipad (2010) (un portátil con características de libreta de notas y de teléfono). La muerte de Jobs supuso el frenazo en la innovación de Apple no sin haberse convertido en la empresa más valiosa del mundo, desplazando -incluso- a las petroleras.
Internet pareció un aumento de la libertad extraordinario, pues todo el mundo podía competir en un mercado único en el que dar a conocer sus productos: música, arte, literatura, opinión, radio, podcasts, y en el que innovar en las maneras de comunicar. YouTube (2005) se especializa en la imagen (vídeo) y permite la adhesión de todo tipo de comunicación visual desde la pedagogía a la música pasando por espacios de opinión o de sugerencias. Los influencers aparecen como un canal de comunicación que los jóvenes pueden hacer suyo al margen de los canales tradicionales de los adultos: radio, televisión, periódicos, entretenimiento, etc. Por primera vez en la historia los jóvenes tienen la propiedad de sus medios de comunicación. Y como colofón de esa inusual libertad se produce la aparición de las redes sociales. En 2004 aparece Facebook que aunque anterior a YouTube no es sino su organización y su racionalización. Facebook es una tribu urbana, un grupo de amigos que comparten vivencias. YouTube era un mercado, un foro de desconocidos que nunca generó conciencia de grupo. En 2010 aparece Instagram, con un contenido gráfico superior al de Facebook. Un año antes lo había hecho Watsapp un sistema de mensajería que permite una interacción mucho más ágil y que redondea la independencia de los jóvenes de los canales adultos de comunicación con la implementación de un lenguaje propio. En 2010 la suerte está echada. Los jóvenes se han emancipado de cualquier canal de comunicación adulto. ¡Empieza una nueva era!
Pero mientras los jóvenes entendían los nuevos medios de comunicación como propios y expulsaban a las generaciones anteriores del dominio digital en el que no habían nacido (que era lo que marcaba la diferencia) el capital y el fascismo aprovechaban la crisis como una oportunidad de negocio. El capital procedió a realizar la enésima adaptación a los tiempos cambiantes y -en su papel- convirtió los nuevos medios en negocio. La publicidad invadió Internet, trufando incluso los tutoriales pedagógicos (¡la publicidad en la escuela!). Incluso la presencia de publicidad se convirtió en negocio bajo la fórmula: ¡si no quieres publicidad… paga! Pero los nuevos negocios globales digitales propician el surgimiento de nuevos multimillonarios digitales con imperios globales que pronto se convierten en supranacionales escogiendo: a que legislación atenerse o en que paraíso pagar impuestos. Por supuesto la deslocalización de la producción les permite fabricar allí donde era más barato. En resumen las empresas globales producen en un país, facturan en otro, pagan impuestos en un tercero y venden en todo el mundo. Demasiado grandes para caer su mayor activo es los empleos que crean, que se convierten en moneda de cambio con unos políticos nacionales cuya permanencia en el cargo depende de que dichas multinacioneles fabriquen o no en su territorio nacional. En pocas palabras surgen los imperios comerciales por encima de las naciones.
Por otra parte el contubernio entre gestores (financieros, societarios, políticos) y el capital se corrompe rápidamente -debido a la codicia de los primeros- lo que lleva a los emperadores comerciales a plantearse la posibilidad de deshacerse de ellos y acceder directamente al poder. Ni que decir tiene que esa idea es el neofascismo, la resurrección de las ideas fascistas de los años 40 pero no dirigidas por ideólogos o mesiánicos sino por comerciantes millonarios. El mundo es una gran tienda que se controla como una empresa y -como se sabe de siempre- la dirección de una empresa es siempre totalitaria, la competencia es a muerte y los más débiles será arrollados por los poderosos. El ideario capitalista (la desaparición del Estado que apoya a los desfavorecidos con ayudas -Estado benefactor o misericordia- y reparte la riqueza mediante impuestos), ultraliberal, privatista, converge con el impulso fascista en el capitalismo: la ley de la jungla comercial. La ideología desaparece, la política desaparece, el estado benefactor desaparece. Incluso el concierto mundial de las naciones también desaparece pues la guerra comercial se desarrolla mediante todas las armas: invasión, guerra, aranceles, comercio de armas, atropello de los derechos, etc. El fascismo es el dominio de la fuerza violenta, el pragmatismo, el coraje y un nacionalismo patriotero a ultranza.
Las redes sociales están totalmente en manos del fascismo. No es causal que el resurgir de los fascismos a nivel mundial se haya producido ahora concretamente. El terrorismo informático de Estado ya es ampliamente utilizado por Rusia en situaciones como la elección de Obama en USA (2009), el Brexit (2020) o el episodio de Cambridge analytics (2016) . Las granjas de bots (la simulación de lo humano por las máquinas) son moneda corriente. Youtube y Tiktok, generalizan los memes (originalmente “genes de información intangibles”) para extender la conspiranaoia y el pensamiento ingenuo (terraplanismo, creacionismo, homeopatía, supremacismo, etc.). Iran utiliza memes con playmóbils construyendo historias gráficas anti-USA… como arma de guerra. Trump afirma que la lejía combate la Covid en una “ocurrencia” delirante. En seis años -en España- hemos desnivelado el equilibrio derecha/izquierda 10 puntos (hasta el 60/40%) en favor de la primera. ¿Cómo se explican todas estas manifestaciones. Aquí debemos retroceder al artículo anterior para enfrentarnos al individualismo antisocial de las nuevas generaciones, que inmerso en una cultura de la instrucción opresiva y adoctrinadora, han resuelto construir por ellos mismos su propio pensamiento: el sentido común (mezcla de lógica casera, memes y bulos) que supone la puesta en duda de cualquier conocimiento proveniente de la instrucción. Acabar con la instrucción es acabar con la cultura (la memoria no genética), una de las instituciones que nos ha convertido en humanos. Y el fascismo está encantado ante esta posibilidad.
El fascismo no es patrimonio de la derecha. Como contraideología lo impregna todo y -el comunismo de Estado- es un fascismo como pueda serlo el nazismo. El componente nacionalista o patriotero del fascismo es determinante. Y a todo esto hay que añadir otro problema: la adicción. La superadaptación requiere de una cierta tendencia a la adicción a lo diferente, a lo nuevo, a aquello susceptible de adaptación. Nuestra especie es una especie adictiva, una vez que se adhiere a algo le cuesta mucho escapar. Las sectas religiosas y las facciones políticas son mucho más fáciles de explicar por la adicción que por la razón. Al igual que la memoria (y su correlato el olvido) la adicción es la norma y no la excepción a combatir. Lo natural es memorizar (los animales lo recuerdan todo) y tenemos que aprender a olvidar. De la misma manera somos naturalmente adictivos y debemos aprender a desengancharnos… con las dificultades que ello entraña a nivel físico. Nuestro desenganche de la memoria ha venido de la instrucción obligatoria, impuesta, incómoda y poco gratificante. Es un rechazo, una posición de rebeldía a memorizar lo que se nos impone. Por ello estudiar es muy difícil y las matemáticas o la filosofía un rollo. No nos hemos preocupado de hacer la instrucción agradable, gratificante, más allá de la pasión por dar lecciones que percibimos como una forma de poder. La adicción refuerza la adaptación naturalmente, la rehabilitación es dolorosa y difícil. De ello se aprovechan los fascistas y los camellos. Y por ello los jóvenes huyen de ella.
Ante la escalada del fascismo que invade las redes sociales existen dos opciones: la izquierda organiza una contraofensiva de actuación y posesión de la redes sociales, capaz de enfrentarse (equilibrar) al fascismo que las detentan actualmente (oportunidad de poseer redes sociales que parece bastante peregrina), o bien: regular las redes sociales. Pero los dueños de las redes sociales son los poderes fácticos económicos y por tanto los que controlan a los políticos (que legislan) y el resto de gestores sociales (directivos societarios, especuladores financieros, intermediarios y conseguidores, etc.) de acuerdo al capitalismo de gestión. Será -pues- imposible esa regulación. La UE ha empezado tímidamente esa regulación por edad, a la que se oponen -de entrada- todos los niños, que ven en las redes su medio específico de información y relación. Probablemente lo que haya que cambiar es el sistema de educación por instrucción, a lo que son poco proclives las izquierdas, encantadas como están de adoctrinar votantes en vez de personas. No nos confundamos, la derecha hace exactamente lo mismo (adoctrinar) pero además posee las redes sociales. Esa ratio derechas izquierdas dentro de poco estará al 70/30% y entonces eso significará que las izquierdas empiezan a desaparecer o que los fascismos han triunfado y estamos al borde del precipicio. Dejar el pode en manos del fascismo es mucho más que un problema de derechas/izquierdas, es un problema de supervivencia. ¡Y si no: al tanto!
Pensaréis que todo esto está muy bien pero que no he expuesto el imperio de los bulos que me guiaba al empezar. Para hablar de la mentira, de los bulos, es necesario que exista un sustrato de verdad al que subvertir. No es el caso. La verdad ha pasado a ser postverdad que es otro nombre de la mentira. Todo es falso. La intoxicación, esa cortina de humo que todo lo enmaraña, es el estado natural de nuestra sociedad porque así lo han querido los políticos, la publicidad y la instrucción. Decía Ranciére que la ficción es una estructura de racionalidad. El bulo es eso: una historia, un relato con apariencia de verdad pero totalmente falso. No es lo contrario a la verdad sino algo que parece verdad, que se presenta como verdad, que es indistinguible de la verdad. Es en esta confusión inextricable que los políticos esquivan su responsabilidad, y los comerciantes evaden su profesionalidad, se sienten seguros y es -por consecuencia- donde el fascismo va a desarrollar su labor.
El desgarrado. Mayo 2026