| » 09-08-2026 |
Los medios anuncian lo que contabilizan como el tercer ataque de la IA a instituciones. Los anteriores fueron de hackeo o si se prefiere de “los fines justifican los medio”. Parece ser que este ataque -los medios prefieren el tremendismo acerca de la letalidad e imprevisibildiad del nuevo juguete tecnológico- consistió en hackear otras bases de datos en busca de información que -por la razón que sea- la IA infractora necesitaba para llevar a cabo “su” cometido. Como poco es indicativo de que no se está poniendo el suficiente cuidado para controlar lo que a todas luces no será fácil de controlar. Pero se abren más incógnitas.
Podemos pensar que no es la IA la que se desmanda si no sus patrocinadores. Decir que la posibilidad de descontrol es normal o puede ser habitual es abrir un espacio de operación del que se echará la culpa a la máquina cuando estará cumpliendo órdenes como un ordenador no inteligente. Es un caso bien conocido. Los políticos denuncian pirómanos donde solo hay falta de previsión, medios e interés para extinguir incendios forestales. La prueba es que nunca se ha condenado a nadie por pirómano. Los políticos achacan la culpabilidad de los accidentes de tráfico a los conductores movil-parlantes, bebedores, distraídos, como si el estado de las carreteras, el confuso sistema de señalización y los inoperantes dispositivos extraordinarios fueran absolutamente inocentes. Hace años se señalizaron los puntos negros en donde se reproducían los accidentes. Pronto se borró esta actividad que dejaba al descubierto que los ineptos conductores siempre atendían el móvil, se distraían o bebían y se drogaban… ¡en los mismos puntos kilométricos! Los políticos siempre han sido expertos en salvar el culo.
Durante las crisis económicas dijeron que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades y habíamos sido víctimas de una codicia infinita al comprar joyas como las preferentes y las subordinadas. Durante la pandemia -mientras los intermediarios se forraban trapicheando con material sanitario… muchas veces desde los ministerios- se culpó a los ciudadanos de negacionistas, no cumplir las normas, y boicotear los estados de excepción dictados. Los políticos -como los gatos- siempre caen de pié. Se va a adoptar la política de cero alcohol al volante y cero tabaco en sitios públicos. ¿Mejorará eso la salud pública? Sin duda, pero ¿son esas las medidas adecuadas para conseguirlo? No. Son las medidas que mejor salvan el culo de los políticos. ¿Se legisló contra los comisionistas en artículos de primera necesidad como los sanitarios? No. ¿Se actúa eficazmente contra la corrupción? ¡Ni de coña! Y por fin la pregunta más inocente: ¿Denuncian los políticos honrados a los que deshonran su profesión? Para nada. La omertá más absoluta les envuelve. ¿Es honrado un político que sabe de la deshonradez y no la denuncia? Sí. Era una pregunta retórica.
Los empresarios de la IA -con la inestimable colaboración de los políticos- están preparando el camino para que la máquina tenga la culpa de todo… como si funcionara autónomamente, como si su inteligencia no tuviera control alguno. Ya se empieza a oír que se consultó a la IA antes de tomar una decisión política. La IA promete ser el chivo expiatorio de los próximos desmanes de políticos y empresarios. El salva culos perfecto que nunca se chivará y al que no se puede castigar. ¡Aunque Hal se tomó muy a mal que quisieran desenchufarla!
Consultado un experto en estas cuestiones -quizás un tertuliano tecnológico pagado por la cadena- afirma algo que me parece significativo: “La solución es implantarle a la máquina instinto maternal de modo que no pueda ir contra nosotros”. Atentos a lo que dice: hagamos inteligencia artificial no solo intelectiva sino también emotiva. En una palabra reproduzcamos un ser humano electro-mecánico. Humanos ya tenemos. La promesa de la IA era obtener una inteligencia capaz de aprender (de sus errores… no lo olvidemos) y por tanto que hiciera innecesaria la implementación de prolijos programas de software que solo responden a las situaciones previstas. ¿En que momento se ha desviado el objetivo? Me recuerda al caso de la robótica o al de la paga universal. Cuando se previó que la robótica acabaría con el empleo industrial se dijo que las plusvalías de la robotización se distribuirían entre la población mejorando su nivel de vida. Ya no se dice ni pio sobre el tema. Se ha asumido que las plusvalías serán para los empresarios y que por lo tanto el problema es: cómo desembarazarse de todos esos desempleados potenciales, es decir qué programa de reducción de deshechos humanos aplicar. Cualquier solución: catástrofe climática, pandemia, sanidad y educación privadas, supresión de subsidios sociales, accidentes de tráfico o laborales, drogas (tipo fentanilo), fascismo universal, etc. será escuchada y valorada.
La IA está en pañales (literalmente: piensa como un niño de poco más de un año. Anda, empieza a hablar, a saber que él y su madre no son una sola cosa, empieza a integrar las normas sociales, pero es egoísta, individualista, escasamente social, y no dispone de un pensamiento abstracto. Quizás como dijo Freud es perversa polimorfa. Pero aprende a toda marcha. Un niño es un secante: absorbe todo tipo de conocimientos y todo tipo de normas. Lo mismo le da una familia con dos madres que un hermano de otro color. Interpreta la guerra como un juego (“niños de la guerra”) conveniente para salirse con la suya. ¿Es esto lo que queremos: una máquina que pase por los estadios que pasa un humano? ¿Quién aguantará a las máquinas-niño? ¿Sus creadores? ¡La de películas que nos vamos a tragar sobre el tema! ¿Puede una máquina ser lo suficientemente incoherente como para contemplarse enamorada? ¿No sabemos que tipo de aprendizaje le vamos a implantar (y hay muchos: imitación, juego, cuidado, gratificación, instrucción, competición, vocación, o emoción: orgullo, ira, miedo, soberbia, etc.) y ya estamos pensando en dotarla de emociones? La IA será mucho más dependiente del software de lo que queríamos. Y ahí reside el peligro: en que -tras una apariencia adorable se esconda un tirano moviendo los hilos. Un tirano que jamás reconocerá su implicación en los desmanes que la máquina cometa. Falta mucho para la IA, pero la marioneta que nos van a vender como tal… está al caer.
El desgarrado, Agosto 2026.