| » 06-01-2026 |
Para celebrar el quinto aniversario de su medianamente fallido golpe de Estado, Trump bombardea Caracas y secuestra al presidente electo de Venezuela bajo el pretexto de narctráfico, contraviniendo cualquier norma de derecho internacional y sin la preceptiva autorización de su Congreso. Así el día de Reyes marca la trayectoria de Trump de forma indelble, subrayado por su carácter de reyezuelo absoluto que hace y deshace a su antojo al margen de sus leyes nacionales e internacionales. La cosa no llegará a más (patrocinar la transición de venezuela a una democracia plena) por tres razones: 1) Con la destrucción del tejido político en Afganistán, le salió (a USA) la burra capada y no quiere repetir el error, 2) Las guerras con muertos nacionales tienen mala prensa. 3) Ya tiene lo que quería, que es el petrolelo. De nuevo se cumplen los cinco puntos que definen al fascismo: análisis sesgado, nacionalismo patriotero, violencia, coraje espectacular y pragmatismo utilitarista. Como en el caso anterior, se debe añadir la hipocresía: No se informó al Congreso… por si los chivatos (¿política secreta?) y se arguyó narcotráfico de Estado pero resuelto en lo personal. No es Venezuela quien trafica sino Maduro personalmente. Como si redondear la economía con la droga fuera peor que redondearla con la venta de armas. Si a eso añadimos la doctrina Monroe: intervenir en todo lo que te afecte (Latinoamérica como patio trasero de su feudo) aunque sea, cogido por los pelos. Por supuesto el derecho internacional le importa una mierda pues es partidario del matonismo del más fuerte (violento) y -en absoluto- de la concordia y el diálogo. Y además, dando lecciones de democracia desde un fascismo golpista para nada diferente del Chavismo que siguió la misma ruta:; primero el golpe de Estado y cuando falló… las urnas.
Pero era la crónica de una muerte anunciada. La tibieza con la que las naciones “democráticas” y los medios de información reaccionaron ante “su” golpe de Estado (que repite punto por punto la reacción de Europa ante las primeras invasiones del nazismo) y el matonismo con el que impone sus negocios (no de otra manera se puede llamar a su forma de gobernar): amenazas y revanchas a los opositores e indultos y cargos para los acólitos, lo anunciaban claramente. Hasta la IA de Google -por ejemplo- (reaccionaria hasta la médula, como corresponde a la colonización del saber por la ultraderecha) lo afirma así. ¡Hay que desengañarse! Esto no es un episodio. Es el avance del fascismo a toda máquina y en todas partes. La ficción de que rusos y chinos son socialistas (una ideología opuesta al capitalismo) no se la cree nadie. Si algo ha acabado con la política de bloques ideológicos ha sido el fascismo, no por superioridad sino por identidad: los mismos perros con distintos collares. Los bloques actuales son los fascistas y los indignados/desengañados/desafectos… y estos últimos, son incapaces (a parte del desinterés) de oponerse al fascismo. El fascismo gana una guerra en la que -desde la caída del muro de Berlín- no tiene enemigo. ¡El fin de la historia que Fukuyama anunció -en aquella ocasión- es el triunfo del fascismo. Y los culpables son la clase política que con sus tejemanejes y su pasión por la corrupción ha alejado a los ciudadanos de una política a la que solo nominalmente estaban invitados. Y los que no son corruptos son encubridores por lo que se puede afirmar que toda la clase política está fuera de la ley, lectura que aviva el análisis sesgado que el fascismo hace de la realidad política.
El modelo de superhéroes y justicieros (fascista hasta la médula) ha calado en el pueblo en el sentido de abonarse a esa actitud justiciera que consiste -en su caso- en castigar a los partidos políticos con su voto. Se vota “contra” y no “a favor” a lo que -de nuevo ha contribuido las falsas promesas y programas electorales perpetuamente incumplidos hasta -prácticamente- su desaparición, sustituidos por la crispación, el personalismo y el barriobajismo. Ya no se habla de partidos sino de personajes (en abierta contradicción con el espíritu partidario de la política), como el perro Sanchez o la hiena carroñera (Núñez) Feijó, que no le hace ascos ni a la carne putrefacta del emboscado asesino Mazón o la mantis religiosa Isabel (Diaz) Ayuso (¿por qué utilizan el nombre de la madre si son antifemeministas hasta la médula?). Las democracias mundiales son nominales, palabrería férreamente domeñada por unos políticos insaciables en su afán de poder y de riqueza. La soberanía popular -tutelada por la representación política- consiste exclusivamente en la participación en unas elecciones cada cuatro años absolutamente mediadas por las listas cerradas y clausuradas, la ley de desproporcionalidad de Hondt, los cupos mínimos, la financiación irregular de los partidos y el dopaje electoral con dinero turbio. La irresponsabilidad de los políticos se extiende desde la ausencia de una formación reglada al aforamiento, el indulto y la amnistía, así como la legislación salvífica. Y como adalid de esa irresponsabilidad: el rey emérito a salvo de todas las tropelías cometidas durante su “reinado”. La política es una profesión en la que el “trabajador” lucha con todas sus fuerzas por conservar su trabajo (el poltronismo) y descuida aquello del “servicio público” de la cosa común, al igual que los periodistas para los que vender noticias es mucho más importante que respetar la verdad. Los jueces se afilian a ideologías olvidando su necesaria imparcialidad y corrompiendo la necesaria también separación de poderes. Y todo eso es gasolina para el fascismo, no solo por hacer una política objetivada contra los corruptos, sino por prometer un pasado que, empieza a ser evidente que fue mejor. Los derechos individuales son recortados por la derecha y no restaurados por la izquierda (ley mordaza). La ley de protección de datos es un arma para que las empresas entorpezcan cualquier acción lesiva para sus intereses o pasarela para apoderarse de nuestros datos. La libertad empieza a ser un mito.
Pero quería hablaros de la evolución, porque -aunque circular: estamos donde estábamos hace dos siglos- el fascismo ha seguido una evolución. Platón decía ya (cinco siglos antes de nuestra era) que las formas legitimadas para gobernar eran las de Dios (los sacerdotes o los que accedían por la gracia de dios: monarcas), la fuerza (soldados), la edad (la experiencia: el senado, el consejo de ancianos), la sangre (familiares y herencia), la historia/tradición (conservadores), la ciencia (sabios). En una palabra los jerárquicamente superiores, el producto de la dominación. Lo de que el pueblo estuviera legitimado fue una artimaña para quitarle el poder a los “agraciados” por el favor de los dioses. Pero ni la igualdad ni la participación estaban en la mente de los impulsores de la política. Incluso afirmó que la democracia era el gobierno de los nombrados por sorteo, pues tras la suerte solo podía estar dios. ¡Mejor nos habría ido! La democracia griega excluyó a mujeres, esclavos y pobres. Era una democracia de patricios… una aristocracia. Pero fue el germen (la perspectiva inalcanzada e inalcanzable) de una igualdad, -que en el caso de las mujeres-, no se alcanzó hasta el SXX… por más que el sufragio ya se llamaba “universal” lo que “a contrario” significaba que las mujeres no formaban parte del universo. Y no se les “concedió” por considerarlas iguales, sino porque se esperaba (y así fue) que su voto sería conservador, confundiendo sociología con política. Pero el arranque de esa dominación es anterior incluso al género humano.
Chimpancés y bonobos son animales políticos. Los primeros establecen alianzas de gobierno para acabar con el gobierno del más fuerte o el más sagaz e incluso parecen respetar una constitución (en su caso: un instinto) por el que el “pueblo” se une contra los abusones y los desposee del poder. Las hembras salen del grupo en busca de otro donde afincarse, por lo que el grupo es familiar por parte de padre. Sin embargo la violencia, la ley del más fuerte, sigue siendo el principal rasgo de gobierno. Los bonobos (chimpancés pigmeos) exploraron otra vía: el matriarcado y el hedonismo. Tanto en unos como en otros, las fricciones sociales se producen entre individuos y debe buscarse modos de suavizarlas (la vida solitaria es ya impensable: un castigo o un avatar). Los problemas sociales son resueltos mediante la gratificación sexual indiscriminada lo que libera a las hembras de la posesión del macho. La política la hacen las hembras “colocando” a sus hijos en los puestos destacados del grupo. Ni que decir tiene que la fuerza del macho sigue estando presente pero modelada por la unión de las hembras que actúan como un grupo homogéneo (la sororidad). La política es para estos primates la superación de los roces interindividuales en un grupo que no ha tenido tiempo de forjar un vínculo social genético, y esa características es heredada por los homínidos primero y el género humano en general. De alguna manera es el inicio de la cultura (la superación de la genética en la memoria, la decisión y el vínculo social). Este nuevo vínculo se establece reciclando las emociones (máquinas de responder a estímulos estereotipados), como los mecanismos de huida o lucha. Estas máquinas pierden gran parte de su función cuando la decisión libre individual aparece pues esas máquinas no hacían sino encadenar diversas respuestas orgánicas ante estímulos bien diferenciados y reiterados. El rubor (causado por la vasodilatación necesaria para una mayor aportación de energía ante la eventualidad de la huida o la lucha) se convierte en un indicador social de timidez o excitación. El lenguaje corporal se nutre de estas manifestaciones físicas. La cuestión fue que el vínculo social (aunque presente en la vinculación de la madre y el hijo o las mutas de caza) necesitó desarrollarse “on line”, sobre la marcha al margen del instinto para facilitar la convivencia social.
Hay que pensar que el camino evolutivo tomado por el ser humano es la superadaptación, lo que requiere un gran plasticidad de respuesta incompatible con el mecanismo de la selección natural. La cultura surge como una necesidad: la superadaptación. El gran tamaño del cerebro del neonato tiene un límite en el canal pélvico que atraviesa la cadera, lo que -ante la imposibilidad de esperar a que ese canal se ensanche por evolución, se resuelve recurriendo al parto prematuro lo que pone en el mundo un ser completamente inválido que necesita una familia que lo conserve con vida hasta que sea autónomo, lo que necesitará siete años. Pero también su inmadurez hace que el aprendizaje se convierta en crucial, lo que requiere una memoria no genética que se pueda transferir de unos a otros mediante el lenguaje (primero) y la escritura (después). La familia nuclear es una asociación -durante la crianza de los hijos- que vincula a un hombre (defensor y alimentador) y una mujer cuidadora y maestra) mediante un cóctel hormonal de efectos embriagantes: el amor. No de otra manera se podía convencer a esa pareja para que renunciaran a su independencia formando esa microsociedad de generosidad y entrega. La fidelidad es una consecuencia de la familia nuclear pues el hombre exige la garantía de que los hijos son suyos y la mujer de que no será abandonada en medio de la aventura de criar a los hijos. ¡Todos los caminos conducen a Roma!
Pero hay más, pues abandonada la jefatura en manos de un macho alfa que fecunda a todas las hembras (o que lo pretende) desaparece el infanticidio, habitual en la sucesión de machos alfa que persiguen que sea solo su descendencia la que perpetúe la especie, se produce la democracia sexual, consistente en que cada macho pueda acceder a una hembra y formar una familia. El celo se hace perpetuo de modo que la gratificación sexual forma parte del premio por formar una familia y con todas estas circunstancias el número de las crías crece desmesuradamente, pasando de una cada cinco años -entre chimpancés y bonobos- a uno cada año y disminuyendo drásticamente su mortalidad, forzando la superadaptación y la proliferación de la especie. Los vínculos sociales se consolidan culturalmente mediante la costumbre que posteriormente se hará ley de convivencia, tomando como modelo la familia nuclear (mixta), la muta de caza (entre hombres) y la sororidad en la crianza de los críos y en la ayuda al parto (entre las mujeres). El final de la última glaciación (Wurms) explota en la exuberancia de animales y plantas que favorecen el asentamiento en lugares propicios y la cultura de la acumulación (guardar para tiempos difíciles) concretada en el granero (palacio o templo) objeto de la codicia de los guerreros. La consecuencia más importante de la superadaptación es la desaparición de armas específicas: garras, pezuñas, cuernos, veneno, velocidad, etc. (dirigidas a presas determinadas) sustituida por la “fabricación” (que se aprovechará de la manualidad dimanada de la posición erecta) de armas especializadas en cada situación adaptativa. La industria lítica se prolongará durante 2,5 millones de años, mostrando que el camino hacia el homo habilis (really) no fue una mutación, sino una cuestión cultural. Este logro (la fabricación de armas ”ad hoc”) mostrará con los milenios que era un callejón sin salida, pues inicia la carrera armamentística que -amparada en la disuasión (fabricar armas como ostentación/amenaza y no por su uso inmediato)- conducirá a convertir la tierra en un polvorín y a los guerreros (militares) en un reducto de la fuerza/violencia en un mundo que vira hacia la inteligencia.
Tampoco la especialización de papeles dentro de la familia nuclear fue ajena a efectos secundarios, que sesgan los caracteres de hombres y mujeres hacia objetivos diversos. No se trata de diferencias sustanciales que no puedan salvarse con voluntad y tesón sino manifestaciones de la superadaptación en forma de plasticidad cerebral. El hombre cazador se hace analítico (dividir, desmontar, destruir para encontrar el secreto oculto en las cosas) y la mujer recolectora se decanta por la síntesis (observar, clasificar, almacenar, sumar, componer, construir). Dos formas de conocer la naturaleza distintas (esquilmar y conservar) de acuerdo con el sesgo de género. Insisto, no vinculante, pero que crea un orgullo de género masculino que le conducirá (como competidor nato que es y dotado de un pensamiento analítico capaz de crear un sistema de pensamiento) a expulsar a la mujer del saber, de la vida pública, de la docencia y finalmente de la sociedad, al expulsarla del género. Incluso de la maternidad, con instituciones como la “couvade” que lleva al hombre a fingir el embarazo. El razonamiento parece peregrino pero -apoyado en las herramientas analíticas que controla cada vez mejor -desposee a la mujer de la procreación magnificando el papel masculino de inseminador y relegando a la mujer al de mero instrumento de gestación. La mujer es un medio de procreación cuya auténtica verdad es el hombre. Como se ve la operación de expulsión de la mujer del saber (la razón), la docencia, (en una especie para la que el aprendizaje es imprescindible para su desarrollo), la vida pública, y el género… es total. Este proceso se produce entre el periodo de pensamiento mítico y el logos que abre la era del pensamiento metafísico (habría que decir: machista). La peripecia es cuestionable pues el propio hombre nace indistinguible de su madre que es su primera razón, maestra y guía. Posteriormente deberá denunciar su irracionalidad y su ajenidad mediante una secesión cuando menos forzada (Irigarai). La familia nuclear se transforma en familia patriarcal e inaugura el machismo: el profundo convencimiento de que el hombre es infinitamente superior a la mujer, y situándola más cerca de los animales que de las personas. Lo que el sicoanálisis llamará el “género único”: el falo, la premisa universal del pene, que afirma que todos -ambos géneros- poseen originalmente pene y que: si este falta en la mujer es por un accidente traumático (el aspecto de cicatriz de la vulva es inequívoco) que la convierte en un ser deficiente, de segunda categoría y de otra especie.
El fascismo es el eslabón perdido entre la animalidad y la racionalidad (en un panorama que excluye a la mujer). En el tránsito entre el instinto (la evolución genética) y el logos (la evolución cultural) -en el que aparecen la libertad, la igualdad y la fraternidad social- una facción de hombres se quedó descolgada, amarrados a la topología, a la verdad residente en los lugares y en las personas. Es el tránsito entre lo innato (la herencia genética) y lo adquirido (la cultura). La topología supera al instinto pero no alcanza al logos, a la razón. Para el fascista la verdad no es algo dependiente de la razón sino algo que pertenece a los lugares y a las personas (a la naturaleza), es una posición, una situación espacio/temporal. Participa totalmente del machismo (la expulsión de la mujer de la racionalidad) pero sin alcanzar la libertad de decisión, de memoria individual ni la sociedad que: él sigue depositando en el exterior, en el líder carismático capaz de guiar sus huestes a las mejores posiciones. Los lugares son la manifestación de lo sagrado (hierofanías) y de la fuerza (kratofanías) lo que los hace profundamente religiosos: la fuerza de lo sagrado. La verdad es la posición que ocupas en la jerarquía y por ello hay que luchar por dominar, por ocupar el mejor puesto, prescindiendo de cualquier capacidad (legitimidad): sabiduría, sangre, competencia, en el bien entendido que es el resultado lo que importa y -para nada- los medios aplicados para obtenerlo. El pensamiento pragmático es la apuesta. Socialmente se detienen en la familia patriarcal y en las instituciones castrenses cuyo ideario admiran, recelando de cualquier “modernidad”, porque cualquier tiempo pasado fue mejor. El conservadurismo político (eleciones ¡para qué?) y económico (la propiedad privada) son sus señas de identidad. Como Franco aplicó en su dictadura, la sociedad se vertebra en familia, municipio, nación (unidad de destinos en lo universal), el sindicato único, sin libertad de asociación, ni expresión (censura), educación religiosa y con separación de géneros, en la que la formación del espíritu nacional (doctrina) y la religión primaban sobre cualquier otra consideración. El nacional-catolicismo, amalgama de lo más antiguo: los sacerdotes y los guerreros, compendio de la virtudes más ancestrales (residentes en el sistema límbico que compartimos con los animales): valor, honor, hombría, desprecio por la muerte (cuando no: noviazgo).
Durante siglos la modernidad se adelantó a este movimiento estancado en la historia y en la monarquía absoluta. La revolución francesa desveló que el terror, el gobierno férreo de mano dura, despótico y cruel, no era exclusivo de los líderes castrenses sino que era un aspecto del pode (incluso del pueblo). La Constitución del año uno declara su apuesta por la educación, el trabajo y la erradicación de la pobreza, aunque no pone en marcha ninguna iniciativa para impulsarla: la retórica también pertenece al poder popular. Napoleón -la encarnación del absoluto para Hegel, la imagen de la libertad y de la unidad europea para muchos jóvenes ilustrados- se autocorona emperador. La unión de religiosos y fascistas (avant la lettre) lo desplazan del poder y proceden a la restauración. Efectivamente el fascismo es topológico: se manifiesta con el poder sea este detentado por el pueblo o por el déspota. La burguesía -hasta entonces liberal-. toma las riendas y se hace conservadora (la facción a la que derrotó -desplazó- con la revolución) y a los liberales (reducidos a los librepensadores, les surge por la izquierda (según la topología del Parlamento) el laborismo, el partido de los trabajadores de ideología marxista. Entre las dos grandes guerras surge el fascismo ya plenamente organizado en Alemania, Italia, España y se les une un imperio en horas bajas: Japón. No es una ideología, es una fórmula de arreglar las cosas. Se declaran apolíticos aunque obligados a tomar los usos y costumbres de hacer política vigentes. En cuanto toman el poder (por las urnas o por las armas), se convierten en dictaduras despóticas. Pero el pensamiento ilustrado no estaba maduro para aquella conmoción en la que el sesgo racista era importante (tanto como para exterminar a ocho millones de no-arios), o dicho de otra manera: el imperialismo USAno vio una magnífica ocasión para adelantar a Europa y tomar las riendas del mundo. El resto ya lo he adelantado. Ya podemos entonar el eslogan: “el mundo, a la vista, será fascista”.
USA -desde la república, fundadora de su existencia- vira hacia la monarquía absoluta y el régimen del terror (amenazas y represalias para la disidencia interna y la muerte vil y canalla para las internacional). Ya no conmociona ver como estallan una tras otra lanchas presuntamente de narcotraficantes, apiolados por el artículo uno (el que manda, manda, y los demás obedecen. Y si no… muerte), ni la exportación de cárceles de tortura y confinamiento indefinido sin juicio como Guantánamo, ni la destitución de presidentes soberanos como Allende a manos de todo un premio nobel (obsérvese la minúscula) de la paz: Kiessinger, ni la extradición de mano de obra extranjera (¡no van a robar ni a por subsidios, sino en busca de una vida mejor, a través del trabajo!). Ni el levantamiento de un muro de la vergüenza, ni las fotos de un pedófilo rodeado de presidentes y millonarios en fiestas -como poco- dudosas, ni a un presidente haciendo negocios de guerra desde la “caseta blanca” reformada a palacio versallesco, o a Musk haciendo saludos fascistas rodeado de multitudes enfervorecidas, ni a negros masacrados por policías blancos, ni el desmantelamiento de la sanidad pública, ni el espectáculo de la muerte (o ejecución) de Bin Laden o el secuestro de Maduro con la excusa de que es un narcotraficante. Netanyahu ha masacrado a casi 100.000 gazatíes (un tercio niños) y a nadie se le ha ocurrido llevarlo secuestrado ante el tribunal penal internacional, ni a un presidente interpretando un atentado cinematográfico (de comedia). El futuro premio Nobel de la paz ha realizado varias acciones de guerra y amenazado a no menos de seis países soberanos (Dinamarca, Canadá, Méjico, Colombia, Venezuela, Irán…) con la anexión, invasión, o punición bajo el concepto de guerras productivas (económicamente, of course). En fin, aleccionados por las películas, insensibilizados por los noticiarios y acostumbrados por las prácticas “democráticas” la llegada del fascismo mundial será acogida con tibieza, unas pocas voces que anuncian que “esto es muy gordo” como si no fuera el fin de la civilización mundial. Spangler estaría feliz. Su vaticinio se cumplirá con creces. Cuando los millonarios comerciantes sustituyan a los políticos, cansados de tenerlos en nómina, pero dando que hablar, día sí y día también, habremos pasado de la ultraderecha al ultrafascismo, partiendo del ultraliberalismo de los años 80 de Tatcher y Reagan, en tan solo 45 años. Con el periodismo convertido por Trump en una profesión de riesgo, será una muerte indolora, sin testigos ni reporteros. Una operación quirúrgica.
El desgarrado. 6 de Enero de 2026. 5º aniversario de la toma del Capitolio por las huestes de Trump.