» 01-04-2026

El fascismo que viene 6. El fascismo comercial.

Vivimos en un mundo peculiar, podríamos decir que incomprensible. Y al decir incomprensible me refiero a que las actitudes mentales habituales son incapaces de dar razón de lo que ocurre. Tras 26 siglos de Logos, parece que el pensamiento racional ha agotado su capacidad de explicar el mundo. Como en tantas otras cosas el Logos es acción y efecto por lo que si no sirve, no solo perdemos los fines (los objetivos) sino también los medios (el método), es decir, quedamos absolutamente huérfanos de un sistema de pensamiento -si más no- capaz de insuflarnos esperanza. Los dueños del mundo no son como antaño guerreros y conquistadores, monarcas por la gracia de Dios o científicos eminentes o tan siquiera astutos financieros como Keynes que dedicaba una hora de su tiempo  -detraído de su función pedagógica-  para rentabilizar sus conocimientos en la bolsa de valores. Los amos del mundo son oportunistas que han sabido aprovechar la ocasión que les ha tocado vivir, la mayoría de las veces con algoritmos sencillos, pero tempranos. Es lo que antaño llamábamos: astutos, truhanes, trileros, pillos que han sabido aprovechar la ocasión mediante un análisis de su actualidad que se adelantaba. La simpatía por los pícaros nos ha conducido a que los pícaros nos gobiernen. Evidentemente mucho más parecidos a aviesos comerciantes que a prohombres dignos de admiración. Como en el famoseo -en el que un don nadie se convierte en archipopular si que haya una razón objetiva para ello- han sabido convertir su habilidad en ingentes negocios comerciales que compiten con las propias naciones, determinan sus impuestos, compran políticos y concitan envidias. Para nuestra desgracia han decidido que la política es el único negocio que no controlaban directamente y se han puesto a ello.

¿En que consiste el método Amazon? Es un sistema de prueba y error que no necesita algoritmo alguno. Al modo como el Universo ha funcionado siempre e incluso ha colonizado la vida. Se trata de probar -y si funciona- explotar el éxito condenando a la desaparición a los caminos (las mercancías) sin éxito. Bezos es un conseguidor, un intermediario, un comisionista que pone en contacto a un comprador y un vendedor mediante una empresa de utilidades. Y en esas utilidades se esmera: universalidad, velocidad, variedad de la oferta, atención al cliente, satisfacción garantizada, publicidad inductora del consumo (indirecta pero publicidad). Para nada que ver con las características tradicionales del comercio: calidad, innovación, prestigio, solvencia, fiabilidad, confianza, etc. No se basa en la calidad de sus productos, hasta el punto que Amazon se parece más a un bazar chino (lo que su competidor chino Alibaba y Temu, avalan) que a una empresa comercial seria. No hace falta el control de calidad previo, de eso se encargan los usuarios. La diferencia es que el bazar chino es renuente a devolver el dinero en caso de fiasco (generalizado por cuanto solo disponen de mercancías defectuosas o directamente inservibles), mientras Amazon no discute jamás la bondad de sus productos. Su negocio no es vender objetos útiles, bien diseñados u originales. Su negocio es poner al alcance del mundo todos los posibles productos existentes. Tanto los que funcionan como los que no. El volumen de devoluciones marca la bondad del producto. Amazon empezó vendiendo libros. Hoy incluye en su catálogo cualquier manuscrito que se le presente… ajustado a sus condiciones. No selecciona por criterio alguno: el que lo quiera leer que lo compre. Su negocio es imprimirlo (el negocio de la imprenta) y no el negocio editorial tal como lo conocemos. Probablemente terminará con el negocio editorial pues acabará siendo el catálogo universal de todos los bodrios literarios, pero también de todos los éxitos. ¡Y sin intervenir en los beneficios del autor! ¡Y probablemente lo llamen la democracia autoral!

Apple desbancó a las empresas petroleras como empresa más valiosa del mundo. Sus armas las conocemos sobradamente: innovación extraordinaria (la invención del ordenador personal/teléfono es simplemente portentosa, como la del i-pod o la tablet), diseño exquisito, seriedad comercial, inversión del precio entre hardwere y softwere, fiabilidad a toda prueba. ¡Fue bonito mientras duró… Jobs. Hoy Apple es una empresa más cuyos productos se anuncian como resistentes al agua o a los golpes (¡Tranquilo: es un I-phone!). Su innovación es nula. Su diseño no se asienta en la funcionalidad sino en la moda (el Mac air tiene las teclas tan juntas que es imposible escribir sin pulsar dos teclas a la vez). El control de calidad ha desaparecido. Su fama de evasor de impuestos antipatriótico ya no se compensa con su genio. Apple se ha unido a la fiesta comercial que consiste en vender productos no por su fiabilidad y su diseño sino por su prestigio histórico, hoy en caída libre. No hace falta hacer estudios de mercado: se fabrica y si no se vende se retira y a otra cosa. ¡Nadie a los mandos  de la nave! Sabemos que Gates copió el sistema operativo DOS para acabar en el Windows. Su política no fue proteger su producto de las copias sino permitirlas de modo que un producto mediocre se impuso en el mercado porque estaba al alcance de cualquiera. ¡Todo el mundo sabía usar windows! Sus alianzas com IBM e INTEL (los factotums del mercado) fueron políticas y no creativas. Y así el PC -que era un producto de montadores/comercializadores (como una escudería en la F1)- pudo batir al Mac, con enormes ventajas técnicas pero un precio elevado. 

Trump es otro forofo de la prueba y error: anuncias unas medidas y observas como son recibidas, y de acuerdo con ello rectificas en la dirección deseada. Hoy la prensa está convencida que no hay plan alguno en su cabeza, solamente reacciones a las reacciones de sus acciones. Trump forma parte de los nuevos millonarios-políticos. Cierto es que los políticos han degradado su papel hasta tal punto que el electorado se ha abierto a probar medidas dudosas pero menos escandalosas. Parece que el mantra de que los millonarios no roban -por que no les hace falta- ha cundido entre los votantes. Ganar unas elecciones es cuestión de dinero y de eso los millonarios tienen de sobras. Trump ha ganado en su primer año de mandato mediante información privilegiada: 4.000 millones de $. La política de prueba y error no es nueva. Aznar la aplicó cuando le ganó las elecciones a González. Tras diez años de gobiernos de izquierdas la derecha se había olvidado (si es que lo supo alguna vez) de cómo se gobierna. Con un grado de bisoñez absolutamente insultante, Aznar se dedicó a lanzar globos-sonda y escuchar el resultado. Afortunadamente para él, ETA decidió atentar contra su vida y lo puso en el mapa. La prensa hablaba del increíble político menguante cuando ETA lo rescató. Nunca olvidó aquel gesto y se empecinó en que no desapareciera nunca… al menos de la memoria. Todavía hoy su aventajada alumna Diaz continúa alarmando, diciendo que viene el lobo.

Y a estas altura os preguntaréis porque he puesto en el título a los fascistas. Fácil. Los fascistas son los campeones de la prueba y error. El fascismo no es una ideología, es una praxis, un modo de afrontar la realidad al margen de la razón. Para los fascistas gobernar (lo que ellos llaman gobernar) es una cuestión de acción y reacción. Sobre todo de reacción. Se afrontan los problemas tal como surgen y a ser posible de forma visceral: todo son ataques, complots, conspiraciones, etc. Solo hay que ver como afrontan los problemas que tienen actualmente en España para darse cuenta. Negando la evidencia, recurriendo a la descalificación, obviando la avalancha de denuncias por parte de sus sectarios. Y atacando visceralmente a sus enemigos, pues ellos no tienen oponentes. Tienen enemigos a muerte. No es ningún secreto que todo lo que estoy exponiendo se conecta de forma evidente. Trump es un fascista como lo es Munsk, como lo es Bezos o Zuckerberg (“montaña de azúcar” en el original alemán). Las redes sociales aparentan ser un modo de conexión ágil y dinámico para los jóvenes. Pero no es así. Es un gigantesco negocio de tráfico de información. Aquí la trampa es más sofisticada, pero se basa en una gran mentira. Y además perversa pues se engaña a esos jóvenes para que entreguen voluntariamente sus datos aunque eso no impide que los procedimientos de obtenerlos recorran todo el sendero de la delincuencia. El mundo se dirige a marchas forzadas al fascismo. No es solo una cuestión política. La conexión de los mecanismos simples de toma de decisiones (prueba y error) con el acceso de los millonarios a la política (el Estado es la mayor empresa del mundo), la corrupción galopante de los políticos profesionales y un populismo atroz, conforman nuestro panorama. Demos pues la bienvenida al fascismo que no hemos sabido detener. En los últimos cuatro años la proporción de izquierdas/derechas en España se ha desplazado del 50%, al 40% izquierdas y 60% (ultra)derechas. Afortunadamente dentro de poco la robótica habrá acabado con los trabajadores y no será necesario defender sus derechos. El futuro ya está aquí. Y pintan bastos.

El desgarrado. Abril 2026.




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