| » 04-11-2026 |
Esta reflexión (sobre la democracia) será larga, así que tendrá secuelas. Trump pierde estrepitosamente las elecciones de medio mandato en USA. Los demócratas del mundo respiran aliviados: ¡no todo vale! Los fascistas pierden su más valiosa conquista. Sobre todo: es posible invertir el sesgo ultraliberal. Es posible parar el despotismo de la ultraderecha. Todas estas afirmaciones requieren explicaciones contextuales que me apresuro a establecer. Y hay que empezar por "democracia" esa consigna que de tanto usarla... se está muriendo, como el amor de la Jurado.
La democracia es un sistema de gobierno que da voz a toda la ciudadanía y dar voz quiere decir participar en el gobierno. Se diferencia, por tanto, de la teología, de la monarquía, de la oligarquía, del gobierno de los partidos, de los poderes fácticos (lobbies). El gobierno del "ser supremo", de uno, de pocos, de facciones ideológicas, de grupos de presión. Si decimos dictadura o tiranía no estamos hablando solo del gobierno de uno, sino además de sus métodos desiguales, injustos, opresivos. Su ejemplo más característico es el rey, la monarquía hereditaria y por la gracia de Dios... absoluta (sin cortapisa o balance alguno). La oligarquía es el gobierno de pocos: corte, tecnócratas, grupos de presión económicos, facciones ideológicas o religiosas, partidos políticos, etc. Estos últimos son especiales puesto que pasan por las urnas: la validación popular, pero en sus listas cerradas y bloqueadas vienen predeterminados los individuos que de esta manera no pueden ser elegidos directamente por el pueblo. Están más cerca de la democracia pero no en ella. La prueba es que su democracia interna (donde se decide precisamente la lista) suele ser bastante deficiente (y escandalosa). La democracia es el resultado de un proceso histórico.
Porque la democracia que nos venden como absoluta, es relativa en muchos aspectos: 1. Es representativa. Al pueblo le está vedado participar de manera directa en el gobierno (Asamblea, asociaciones, gremios, grupos de electores). De hecho está reducida estrictamente al derecho al voto. El pueblo solo puede "actuar" a través de representantes lo que también está vedado en España, en el que los candidatos (escondidos en una lista) no se corresponden con una circunscripción electoral, ni están abiertos a sus consultas. Este "anonimato" de los candidatos se compensaría con el referéndum: la consulta al pueblo en Asamblea abierta, y la iniciativa popular... si en España estás posibilidades no estuviera también vedadas por la cantidad astronómica de participantes exigida (500.000) y -sobre todo- la no obligatoriedad del resultado: es una consulta... pero no una decisión (como lo es en Suiza). 2. No es directa: se escogen listas y no candidatos; listas que son inamovibles en orden (bloqueadas) y composición (cerradass). En pocas palabras: lo que se ofrece no es una receta (todo los ingredientes posible) sino un plato precocinado. 3. La política es una profesión y no un servicio público eventual, lo que quiere decir que entra en el derecho laboral y -por tanto- no es un servicio público, más que... el cuerpo de bomberos. 4. La particularidad de que los políticos conforman el Parlamento legislativo ha propiciado históricamente que legislen en su beneficio. El resultado es que son prácticamente irresponsables legalmente (legislación, aforamiento), y si son condenados disponen de la amnistía y el indulto, ampliamente utilizados en España como redención de sus señorías descarriadas. No necesitan formación alguna y no tienen un Colegio y un código deontológico (ético) obligatorio (como todas las profesiones obligadas a pertenecer a su Colegio profesional). El político es un trabajador que decide su sueldo y sus obligaciones desde la irresponsabilidad. ¡Qué podría salir mal!
Pensaréis: ¡pues vaya mierda de democracia! Cierto, pero no estamos en un ejercicio ideológico de diseño de lo más eficiente sino en la evolución natural del ser humano. Nuestra deslumbrante inteligencia individual -que nos sitúa por encima de cualquier animal anterior en la escala evolutiva- nos hace pensar que con diseñarlo con cuidado sería suficiente. NO. La inteligencia es nuestra última adquisición pero el bagaje anterior heredado sigue ahí: somos competitivos (la selección natural no es otra cosa), dominadores (el poder es seguridad, la seguridad supervivencia y la supervivencia la razón de vivir). Somos sociales por obligación y no por elección ni por instinto, lo que nos permite -individualmente- odiar a nuestros congéneres. Todo ese bagaje forma parte de nuestras emociones y sentimientos... nuestros deseos. Nuestra inteligencia no ha sustituido al instinto sino que compite con él... y pierde cuando la cuestión es de supervivencia. Como las ratas, cuando estamos acorralados, atacamos a muerte.
En el momento actual estamos en la encrucijada de escoger uno u otro camino: el instinto (el fascismo), la inteligencia individual (el individualismo, el reino de Taifas) o la inteligencia social (la comunidad de las mentes). No estamos en la estación de llegada. NO. Estamos al principio de la democracia porque la democracia es eso: el aprendizaje de la comunión de las mentes, el acuerdo de las voluntades. Cada una de nuestras peculiaridades individuales (por supuesto legítima) debe escoger sin queremos participar en una empresa conjunta o romper la baraja y que cada uno se apañe como pueda. A Robinson le fue bien, pero no es un ejemplo es un delirio.
Algo deberíamos tener presente: no se puede construir una sociedad por la coerción. De hecho, la historia de la humanidad ha sido la búsqueda de esa motivación para convivir en sociedad sin tener que utilizar la fuerza. Y esa motivación pasa por la simpatía, amabilidad, educación, respeto, orgullo de empresa común, de pertenencia a un conjunto más amplio, y todas esa virtudes sociales que -sin ser dominantes- aparecen tímidamente: altruismo, solidaridad, empatía, generosidad... Los derechos individuales han hecho mucho bien -como progreso histórico- pero mucho mal como conciencia individual. La libertad y la igualdad no son derechos absolutos o fundamentales. Son límites, asíntotas, objetivos que solo se podrán cumplir -parcialmente- en armonía, no individualmente. Tenemos que sumir que los absolutos, la exactitud, no existen y que solos no duraríamos ni cinco minutos..
Nuestro cerebro es un buen ejemplo: ni es exacto (es estadístico), ni es algorítmico (funciona por el aprendizaje de prueba y error), ni es racional (compone la razón y la emoción continuamente). No le interesa la teoría sino como repertorio de posibilidades entre las que escoger la mejor, con una practicidad que hemos olvidado, entre tanta teorización... llámese filosofía o física teórica. Inventamos una epistemología -más guiados por nuestros deseos que por la realidad- y ahora, pudiendo analizar nuestro cerebro, éste no nos da la razón sino que nos dice que inteligencia no es lo que "inventamos" históricamente, sino otra cosa. Nuestro razonamiento son impulsos eléctricos y químicos recorriendo neuronas, bucles y circuitos. No hay alma, hay algo más grande: democracia: la unión de lo más pequeño para construir lo más grande, hasta el punto que parece imposible hasta donde ha llegado nuestra tecnología. Esa armonía es la que ha puesto al humano en la cúspide, no del poder (como piensan los políticos), sino de la responsabilidad. Los políticos son una fase que desaparecerá (por lo menos la política de partidos).
En USA no hay diferencia ideológica entre los dos grandes y únicos partidos, hay diferencias de ejecución (de igualdad: quien tiene que pagar la cuenta del progreso), aunque la llegada del fascismo ha forzado las diferencias. Por otra parte el individualismo es feroz. Y el lobbismo. En estas elecciones ha habido un traslado de votos masivo de uno a otro partido, demostrando la fortaleza y la sabiduría de un pueblo al que no se le engaña con promesas. La política es gestión, acción, y la ideología son teorías, milongas. Trump ha incumplido y por ello -prescindiendo de su ideología- ha sido abandonado. Es una lección a aprender de un pueblo que siempre se ha distinguido por la eficacia: poner al mejor en cada puesto. La cara negativa es la competencia feroz que mina la armonía social, esa milonga de que todos pueden llegar a lo más alto... sí, pero no a la vez, y lo que hay que construir es algo para todos. Pero lo que han demostrado es que el valor democracia (el conjunto) es mayor que las teorías y las milongas. De pronto los perfiles ideológicos se multiplican: musulmanes, homosexuales declarados, indígenas, razas "inferiores", mujeres. La puerta que abrieron Obama (negro), Mandani (musulmán), Clinton y Harris (mujeres) se convierte en autopista. Las encuestas se han quedado cortas: Congreso y Senado pertenecen al partido de los demócratas por goleada.
Trump se arriesga al "impeachmen" (destitución) y a su procesamiento y pone carita de bueno, acepta la derrota (aunque no la ve como suya) y declara su voluntad de colaborar con el nuevo sistema. Su instinto le advierte -correctamente- que para sobrevivir tendrá que ganarse más de una voluntad. Los "nuevos demócratas" vienen con ansias de la democracia que hizo famoso a su país. Y están dispuestos a declarar que el emperador está desnudo. ¡Como mínimo se le ven las vergüenzas! El "melting pot" la mezcolanza de clases y de razas, de ideologías y de procedencias -que Trump ha pretendido borrar en un gestos racista- ha sido recuperado por un pueblo que no quiere renunciar a su identidad, a su multiidentidad, y es en ese impulso en donde reside la democracia: un hombre/mujer/trans, un voto. Voto que permite intervenir en el gobierno de la nación. No se vota de acuerdo a la inteligencia, religión, sabiduría, género o clase, sino en cuanto ser humano. El fascismo no piensa así. Para ellos la sociedad es una jerarquía "natural" y todo lo que no sea blanco, varón y occidental es supeditable, esclavizable, desechable. El pueblo se ha pronunciado, ¿serán los partidos políticos capaces de entender o simplemente aceptar el mensaje? o dicho de otra manera ¿Volverá Trump? Esperemos primero a ver si son capaces de conseguir encarcelarlo... en caso de que -por supuesto- sea declarado culpable por un jurado "popular".
El desgarrado. Noviembre 2026.