» 18-03-2026

Reflexiones políticas 2. La guerra colonial.

Otra vez estamos a vueltas con la cuestión de si se ha de pedir perdón por los abusos del colonialismo o si aquello fue una labor civilizadora y colonizadora de primera magnitud. La ultraderecha se posiciona en contra de las palabras del rey que -sin grandes alharacas- ha deslizado unas disculpas en un reciente discurso. Fue en 2019 que el presidente de México instó a España a disculparse por las atrocidades coloniales lo que -aparte de la polémica- resultó en el enfrentamiento político entre ambas naciones, que se ha prolongado hasta ahora. Estoy hablando del Mexico que acogió miles de emigrantes de la España fascista, al finalizar la guerra contra la república. Ni que decir tiene que, aquella petición, fue un recurso político dirigido a enaltecer el ardor patriótico de los mejicanos, lo que no lo diferencia de la actuación de cualquier político que se precie en cualquier nación del mundo. Pero tampoco se puede obviar que el colonialismo es una de las empresas más vergonzosas que ha emprendido occidente en toda su historia. El los años 70 los “Estudios críticos” emprendidos por diversas universidades USAnas se centraron en los tres aspectos más vergonzosos de nuestra civilización: el trato a las mujeres, a los altersexuales y a los colonizados. No estamos hablando, pues, de algo emergente o sin sentido. La “aventura” colonial fue una guerra de invasión, aniquilación y esquilmación económica, en la que todo valió con tal de enriquecer a la metrópoli y a sus más torvos ciudadanos. La cruz de la evangelización era una espada, y el idioma y las costumbres impuestas no eran cultura sino imposición, sangriento negocio mercantil.

En ese sentido las guerras coloniales -desproporcionadas en medios, incluso más del caso actual del Israel judío contra el pueblo Palestino- son como todas las guerras- ebriedad, desmesura, horror, bestialismo, esclavismo, violación y rapiña. No cabe por tanto tratar de repartir culpas entre los contendientes (en el caso de que ello fuera posible dada la diferencia de medios): en una guerra ambos bandos son culpables, si no de Derecho (a la defensa o al ataque), sí de todo tipo de barbaridades y desmanes. Creo que la clave no está en la guerra sino en lo que vino después: la colonización. En la eterna trifulca de la guerra de liberación española de las hordas comunistas, impulsada por los nacional-catolicistas, siempre salen a relucir las canalladas de uno y otro bando. Inútil empresa pues no hay moral en la guerra, Se trata de ganar a cualquier precio -que en todo caso- ha sido fijado en la declaración de guerra: ¡hasta la muerte! Las guerras son un paréntesis en la racionalidad, la civilización, los derechos individuales o cualquier tipo de sentimientos humanitarios. No hay guerras justas, ni resistencias pasivas. El derecho internacional determinará quien fue el primero, pero toda determinación de quien fue culpable (como el vergonzoso juicio de Nuremberg) debería repartirse a partes iguales. En la guerra todos somos bárbaros. Lo que no quita para que ante el espectáculo de guerreros armados hasta los dientes contra una resistencia que se defiende con piedras o “armas” equivalentes, la sensación de iniquidad no se pueda evitar. Dejemos pues a un lado el reparto de atrocidades pues lo único seguro es que gana el más canalla. Por supuesto condeno la guerra como el peor crimen de la humanidad, pero tratar de aplicarle a un estado de barbarie generalizado las leyes  del derecho o de la moral, me parece hipocresía. 

Me centraré pues en la postguerra, cuando el sonido de las armas ha cesado y empieza de nuevo la civilización. No fue así. Ni en el caso del levantamiento fascista español, ni en la situación colonial americana (mundial). En España se calcula que fueron depurados (asesinados) más de 200.000 republicanos, colonizando los ribazos de las carreteras que ahora los fascistas -herederos de los ganadores de aquella guerra- se empeñan en olvidar. En América lo hijos de los conquistadores se asentaron en las colonias como opresores constituyendo el criollaje del que descienden los actuales dirigentes políticos del continente. La colonización sajona fue mucho más expedita: aniquiló a las culturas autóctonas evitando la mancha del criollaje y repoblándolo con esclavos africanos en una vuelta a edades pretéritas. Con la hipocresía que les caracteriza acuñaron la leyenda negra (inquisición incluida) que denunciaba las tropelías de los ibéricos en la colonización americana como si no fuera con ellos. Pero todos estos detalles no justifican ni disculpan lo trágico de la empresa colonial: un genocidio generalizado físico y mental y un saqueo de su acerbo cultural. Aquellos “salvajes” provenían de culturas tan antiguas como las europeas y con momentos históricos tan relumbrantes como los europeos. Y esa situación de opresión duró hasta las guerras de la independencia de los diversos países encabezadas por aquel criollaje que se consolidó en elite dominante. Es en ese sentido técnico que no se puede acusar al pueblo español del colonialismo, pues la opresión colonial la protagonizaron los descendientes de unos españoles que dejaron España para instalarse en el nuevo mundo. Lo que deja indemne la responsabilidad política, humanística y cultural de los dirigentes de la época. 

Causa sonrojo escuchar a los fascistas españoles defender la labor colonizadora,  dado el estado de salvajismo de los autóctonos (sacrificios rituales, canibalismo, infanticidios, etc.). Ese estadio de salvajismo fue también habitual en el desarrollo histórico de los europeos y -a fuer de sinceros- seguía existiendo en instituciones como los soldados de fortuna (violación y rapiña) e instituciones como la Inquisición o la caza de brujas. Es el mismo argumento que enarbola Trump: la liberación de Irán de un régimen despótico y opresor. Que lo es, no cabe ninguna duda, pero de que eso le importe una mierda a Trump, ya es otra cosa. Trump está allí por el petroleo y las tierras raras, como los españoles estuvimos en América por el oro y la plata. La leyenda de “El dorado” no es mala referencia. En mi caso, estoy a favor de pedir disculpas sin paliativos, sin argumentos sonrojantes. Creo que es una obligación humanitaria e incluso creo que hay que darles las gracias por haber por mantenido un idioma y una cultura que es un bien de ida y vuelta… como la música. Una guerra colonial es doblemente deleznable: por guerra y por colonial. Existe un movimiento generalizado de los países colonizados en reclamar los tesoros culturales que los colonizadores se llevaron a casa como botín de guerra (la mayoría de las veces unilateral). Sería una hermosa situación ver el Louvre o el British vacíos… pues todas las piezas que tienen son robadas. Los países europeos se resisten a devolver lo robado alegando excusas inverosímiles y prolongando la situación colonial. Y a los redentoristas, a los que piensan que son ellos los que deben estar agradecidos (y sumisos) habría que decirles lo mucho que esas culturas indígenas -en lo que tienen de comunión con la naturaleza y respeto al medio ambiente pudieron enseñarnos sin que les hiciéramos caso. Lo choques de civilizaciones pueden ser jerárquicos en lo militar pero no en lo cultural. En lo cultural enriquecen a ambos: ¡un poco de cultura es mucho!

El fascismo español de derechas y de ultraderechas está ahora embarcado en una limpieza étnica a la que llaman defensa de la identidad española contra la invasión (¿colonización laboral?) inmigrante. No es un problema de aquí, lo mismo pasa en todo el mundo. Es el pago que se da a los colonizados por haber aguantado la opresión y la rapiña. La economía española es la mejor de Europa gracias a la inmigración, las energías alternativas y al turismo. La inmigración es el regreso de los colonizados, en el alma de cada cual hay un poco de España; las energías renovables son la cultura indígena de respeto al medio ambiente y de comunión con la naturaleza; el turismo es el antirracismo acogedor, afable y respetuoso con la diversidad. ¿Semejante muestra de generosidad no es suficiente para pedir disculpas una y mil veces? Afortunadamente los sentimientos no dependen de la urnas y mi sentimiento de vergüenza y de agradecimiento no sufrirá porque el mundo sea fascista a la vuelta de la esquina. ¿O el avance fascista es una nueva colonización?: la de los ortodoxos religiosos/moralistas/clasistas.

El desgarrado. marzo 2026




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