» 23-04-2026

Reflexiones políticas 6-4. El nuevo orden mundial. Las redes sociales.

Las redes sociales son la respuesta a la necesidad de los jóvenes de encontrar canales de información y comunicación distintos de los usados por las generaciones anteriores (teléfono, diarios, televisión, etc.). ¿Por qué esa necesidad de distinción universal (pues las generaciones anteriores también las sufrieron, pero -en su caso- las opciones tecnológicas eran muy inferiores y se conformaron con un lenguaje innovador, el refugio en la música y costumbres diferenciales y las camarillas pandilleras o tribus urbanas)? La imagen de la juventud rebelde es una constante en nuestra especie. La respuesta es la instrucción, la transmisión de conocimientos por infusión de la generación anterior, tradicionalmente canalizadas por los padres, los juegos y la escuela. La instrucción es una de las características de nuestra especie y se encuadra en la corriente de superadaptación (colonización de todos los espacios y explotación de todos los recursos) e individuación (decisión individual y personal de los problemas que presenta el medio) que la caracteriza. Veámoslo en detalle.

El sistema de respuesta al medio se produce por dos mecanismos principales. El primer lugar el instinto que es un memoria genética que guarda respuestas estereotipadas al medio, acumuladas históricamente por lo que en su día llamaron Darwin/Wallace: mutación y que hoy en día sabemos que reúne varios mecanismo:   mutación, recombinación cromosómica o genética (sexual o no), asociación simbiótica  marguliana, epigenética, etc. Se trata de un repertorio de respuestas de un organismo a un medio que presupone una cierta estabilidad del medio y por tanto un cierto enraizamiento del organismo al mismo. El organismo se halla en un cierto equilibrio ecológico. Se complementa con un sistema de aprendizaje individual (mediado por la imitación y el juego) que modela ligeramente la rotundidad genética. La evolución ni piensa ni planea: responde a los problemas por el simple expediente de mutación (ampliada, como se ha dicho) y selección, es decir la supervivencia del mejor adaptado (la adaptación, es pues, esencial). Es un sistema costoso pues lo que está en juego es la vida del individuo “errado” pero -dentro de un lapso de tiempo adecuado- es capaz de producir organismos perfectamente adaptados aunque poco flexibles. 

En un momento dado de la evolución -en que el repertorio de respuestas aumentaba y el tamaño del cerebro se veía constreñido por el canal del parto- el azar encontró otro camino: la superadaptación, una vía en la que ni la estabilidad del medio ni la fijeza del organismo resultaban esenciales. Para ello debía aumentar exponencialmente el aprendizaje individual (regulado por algún tipo de decisión personal) que resultara en una flexibilidad ante el medio cambiante por desplazamiento. Ese aprendizaje ampliado fue la instrucción, la transmisión de conocimientos de un individuo -o grupo- a otro/s (la cultura en definitiva). Pero esta instrucción creaba una jerarquía maestro/alumno incompatible con el ineluctable destino aútonomo de los organismos en desarrollo. Y así encontramos la rebeldía (afán de autonomía) del individuo joven) que trata de evadirse de la férula de la generación anterior para hallar su desarrollo pleno. Otro tipo de instrucción paritaria, en colaboración, no jerárquica, hubiera soslayado en problema, pero cualquier disminución de la agresividad (insoslayable para la paridad) en un medio hostil, debe ser tomada con todas las precauciones. 

Las redes sociales se producen en la conjunción de todas estas circunstancias (básicamente instrucción/rebeldía/neotecnologías). 

Por primera vez los jóvenes tienen la oportunidad de -prácticamente- generar sus propios medios de comunicación/información y en un momento de su estado de desarrollo en el que no han alcanzado la madurez mental, azotados por tormentas hormonales, la rebeldía frente a la instrucción impuesta, y desorientados ante una cantidad de información inasumible. En su inocencia no se percatan de que un sistema tal -deslindado del control parental- es el sueño de los manipuladores que se ponen inmediatamente en acción. ¿Pero quiénes son esos manipuladores? Son  los guerreros, los herederos de aquellos primeros humanos que se especializaron en el ejercicio de la violencia defensiva, cinegética y ofensiva… finalmente. El guerrero es el germen del pensador: Pensar es cazar (pescar) conocimientos. Claridad de ánimo, señalización de objetivos, estrategia de acción, operativo de desarrollo, flexibilidad ante lo inesperado, aprovechamiento del éxito, memorización y almacenamiento. 

El pensamiento especulativo (producido mentalmente antes de ser aplicado a lo real) toma como modelo al cazador, al guerrero. Y así se van acumulando tics: si quieres la paz, prepara la guerra; la mejor defensa es un buen ataque, a Dios rogando y con el mazo dando, y se va construyendo una épica: valor, arrojo, honor, lealtad, sacrificio… razón. Una mezcla de habilidades y “virtudes” castrenses, que conforman al dominador. Ese individuo que desvía la mirada del entorno para fijarla en los de su propia especie, controlarlos, sojuzgarlos y explotarlos. Esos abusones son los que desplegaron inmediatamente sus redes para recoger lo que las redes sociales les ofrecían: recogida de toda la información vertida en ellas por unos jóvenes que pensaban que sus comunicación era exclusivamente suya y articulación de la misma para su beneficio. Con la adecuada ingeniería comportamental y la información suficiente, nos convertimos en avatares programables, en peleles indefensos, en autómatas. Y así nace el algoritmo: un código conductual impuesto y funesto. Esos guerreros evolucionados a tecnócratas del comportamiento, enraizados en lo biológico y desarrollados en la manipulación son los fascistas.

Pero sigamos con la superadptación porque tuvo otras consecuencias. La flexibilidad necesaria para adaptarse a todas las condiciones ambientales, a todos los recursos, climas, y hábitats se avenía mal con las sólidas armas que el instinto había desarrollado para especies fuertemente implantadas en un equilibrio ecológico: cuernos, garras, pezuñas, veneno, etc. Se necesitaban armas cambiantes, instantáneamente adaptables: la capacidad de fabricar armas o de encontrarlas en la naturaleza. Y a eso se afanó la mente empezando por la liberación de las manos de la locomoción para destinarlas a la fabricación de instrumentos, aperos… armas. El homo habilis (entendido ampliamente) tardó 2,5 millones de años (la dad de piedra) en resolver este problema, pero para cuando se acabó la glaciación Wurms (hace 14.000 años) ya estaba listo para comerse el mundo. Deja de buscar y se asienta. La agricultura, la ganadería, proporcionan excedentes que anticipan futuras hambrunas y su acumulación hace aparecer la rapiña, que a su vez necesita de armas cada vez más sofisticadas. La escaramuzas (y la ambición) se amplían y se cae en la guerra. 

El guerrero se separa del inventor (científico) dando lugar al militar: el artesano de la guerra, de la violencia y las armas, del poder de la fuerza bruta. Los excedentes originan la propiedad privada y esta la herencia. La familia nuclear se convierte en linaje. La riqueza trasciende la vida, dando lugar a los acumuladores/conservadores. Fijan su objetivo en los de su propia especie -otros humanos- en vez de en el entorno (que, también) y empieza la explotación del hombre por el hombre y el mito del estado generalizado de guerra que se acaba con un supuesto pacto civilizatorio, que solo ocurrió en la fantasía del inconsciente. O como otros supestos pactos como el consorcio de los hijos en contra del padre para arrancarle la possesión de todas las hembra o el pacto de género que mandaba al hombre a trabajar fuera de casa y confinaba a la mujer al trabajo doméstico. De la mano de esa estupidez que son las “armas de disuasión” nuestra capacidad de inventar nos ha conducido a desarrollar armas que pueden destruir la tierra entera y todos sus habitantes. Y así estamos, entre el fascismo de los explotadores y el descomunal poder destructivo de las armas de los militares, rezando para que no se produzca la chispa. 

Las redes sociales están totalmente en manos del fascismo. No es causal que el resurgir de los fascismos a nivel mundial se haya producido ahora concretamente. El terrorismo informático de Estado ya es ampliamente utilizado por Rusia en situaciones como la elección de Obama en USA, el Brexit o el episodio de Cambridge cibernetics. Las granjas de bots (la simulación de lo humano por las máquinas) son moneda corriente. Youtube y Tiktok, generalizan los memes (originalmente “genes de información intangibles”) para extender la conspiranaoia y el pensamiento ingenuo (terraplanismo, creacionismo, homeopatía, supremacismo, etc.). Iran utiliza memes con playmóbils construyendo historias gráficas anti-USA… como arma de guerra. Trump afirma que la lejía combate la Covid en una “ocurrencia” delirante. En seis años -en España- hemos desnivelado el equilibrio derecha/izquierda 10 puntos (hasta el 60/40%) en favor de la primera. ¿Cómo se explican todas estas manifestaciones. Aquí debemos retroceder al artículo anterior para enfrentarnos al individualismo antisocial de las nuevas generaciones, que inmerso en una cultura de la instrucción opresiva y adoctrinadora, han resuelto construir por ellos mismos su propio pensamiento: el sentido común (mezcla de lógica casera, memes y bulos) que supone la puesta en duda de cualquier conocimiento proveniente de la instrucción. Acabar con la instrucción es acabar con la cultura (la memoria no genética), una de las instituciones que nos ha convertido en humanos. Y el fascismo está encantado ante esta posibilidad. 

Y a todo esto hay que añadir otro problema: la adicción. La superadaptación requiere de una cierta tendencia a la adicción a lo diferente, lo nuevo, aquello susceptible de adaptación. Nuestra especie es una especie adictiva, una vez que se adhiere a algo le cuesta mucho escapar. Las sectas religiosas y las facciones políticas son mucho más fáciles de explicar por la adicción que por la razón. Al igual que la memoria (y su correlato el olvido) la adicción es la norma y no la excepción a combatir. Lo natural es memorizar (los animales lo recuerdan todo) y tenemos que aprender a olvidar. De la misma manera somos naturalmente adictivos y debemos aprender a desengancharnos… con las dificultades que ello entraña a nivel físico. Nuestro desenganche de la memoria ha venido de la instrucción obligatoria, impuesta, incómoda y poco gratificante. Es un rechazo, una posición de rebeldía a memorizar lo que se nos impone. Por ello estudiar es muy difícil y las matemáticas o la filosofía un rollo. No nos hemos preocupado de hacer la instrucción agradable, gratificante, más allá de la pasión por dar lecciones que percibimos como una forma de poder. La adicción refuerza la adaptación naturalmente, la rehabilitación es dolorosa y difícil. De ello se aprovechan los fascistas y los camellos.

Existen dos opciones: la izquierda organiza una contraofensiva de actuación y posesión de la redes sociales, capaz de enfrentarse (equilibrar) al fascismo que las detentan actualmente (oportunidad de poseer redes sociales que parece bastante peregrina), o bien: regular las redes sociales. Pero los dueños de las redes sociales son los poderes fácticos económicos y por tanto los que controlan a los políticos (que legislan) y el resto de gestores sociales (directivos societarios, especuladores financieros, intermediarios y conseguidores, etc.) de acuerdo al capitalismo de gestión. Será -pues- imposible esa regulación. La UE ha empezado tímidamente esa regulación por edad, a la que se oponen -de entrada- todos los niños, que ven en las redes su medio específico de información y relación. Probablemente lo que haya que cambiar es el sistema de educación por instrucción, a lo que son poco proclives las izquierdas, encantadas como están de adoctrinar votantes en vez de personas. No nos confundamos, la derecha hace exactamente lo mismo (adoctrinar) pero además posee las redes sociales. Esa ratio derechas izquierdas dentro de poco estará al 70/30% y entonces eso significará que las izquierdas empiezan a desaparecer o que los fascismos han triunfado y estamos al borde del precipicio. Dejar el pode en manos del fascismo es mucho más que un problema de derechas/izquierdas, es un problema de supervivencia. ¡Y si no: al tanto!

El desgarrado. Abril 2026




Comentarios publicados

    Añadir comentario


    Acepto las condiciones de uso de este sitio web