Provença 318, 3º 1ª
08037 Barcelona
SPAIN
Office: 10h30 / 14h30
Phone: +34 93 530 56 23
mail: info@ob-art.com
| » 26-09-2026 |
Cuando el canal del parto demostró fehacientemente (con la desaparición de los Neandertales) que el cerebro no podía crecer más en tamaño bruto, se abrieron dos posibilidades: la primera mejorar el cerebro en sus funciones y no en su tamaño. Era un camino ya iniciado: El desarrollo funcional de las máquinas emocionales, la memoria no genética (cultural), la decisión (libre albedrío) sobre la marcha, la ampliación de la consciencia, la abstracción, la simbolización y la metaforización operada por el lenguaje, etc. Pero había otra opción, un cambio de paradigma: superar el individuo inteligente, organizando un estamento superior: la comunión de las mentes, la sociedad, el organismo pluri-individual. No solo era una solución sino que además se desatascaba la evolución que se había detenido en el individuo inteligente. Así como la cultura (un organismo virtual) sustituye a la memoria genética, así, la sociedad (un organismo organizativo) sustituye al individuo inteligente. Evidentemente este último no estuvo de acuerdo y se organizó la guerra entre el individuo y la sociedad, guerra en la que seguimos inmersos.
El primer gran logro del organismo social es el lenguaje pero no lo crea él. Lo había creado el individuo inteligente, como medio de asentar una inteligencia abstracta, simbólica... pero detenida en un individuo inteligente que ya no tiene evolutivamente un más allá. El individuo -ensoberbecido en su potencia- extrae todo lo que puede para su sacrosanta inteligencia, pero no quiere saber nada de un organismo supraindividual. Y se le opone con todas sus armas. Desde este punto de vista el lenguaje juega en dos frentes: la inteligencia individual y la comunión de las mentes. El final de una época y el principio de otra, pero que lejos de la linealidad se superponen, se retroalimentan y probablemente se complementen en un futuro en el que el individuo intelectual habrá de reconocer su derrota. En el bien entendido que la evolución no tiene derrotados, Sus bajas se nutren de los que no aceptaron adaptarse... en absoluto. Los que aceptaron -con la condición del cambio- son los nuevos sujetos de la evolución. El individuo inteligente desaparece como fin, pero permanece como medio, como sujeto físico de una evolución que -a partir de ahora- será virtual: el lenguaje social (que une en vez de individualizar), la superconectividad de Internet (que conecta todo con todo), la nube orgánica de las redes sociales (que constituye el super-organismo social). Solo quedará independizar la inteligencia virtual, externa, "artificial" y en esos está los buitres tecnológicos (que no solo de vivienda vive el humano), en "domesticar" la IA (y de paso la EA: emoción artificial)... para que sirva sus intereses: la dominación.
Empecemos por la lengua, pues por ella empezó la cuarta revolución. Su primera labor fue unificar las ideas en conceptos generales, traducibles en palabras. La comunión de las mentes necesitaba un acerbo de ideas comunes, entendidas por todos de la misma manera y eso es lo primero que trató de hacer el lenguaje: universalizar la arbitraria unión de significante (la palabra) y significado (la idea a la que remite) mediante la convención (la des-subjetivación acordada) y la convergencia (afinidad natural reticular). La dispersión de la humanidad resultó en miles de lenguas diferentes, pero iguales en su estructura y en su cometido. Todas pretendían lo mismo... con distintos medios materiales (idioma). Eso retrasó la unificación pero no había otra. Lo extraordinario es que todas las lenguas sean estructuralmente iguales. No es lo único extraordinario del lenguaje. Es, además, irresistible. Es imposible para un niño no aprender el lenguaje si vive en sociedad. La herencia genética también era irresistible, pero es que, ahora, la herencia no es genética. El lenguaje no viene inscrito en los genes (aunque haya genes que permiten su existencia). El lenguaje es un orden funcional, que cada individuo arma de acuerdo a unas directrices -digamos- algorítmicas (reglas)-. De hecho se produce una complementariedad entre lo aprendido por percepción/memorización y lo deducido por algoritmo: gramática). El lenguaje se aprende y los niños ferales nos muestran que la ventana de disponibilidad se cierra y lo clausura. Ni que decir tiene que estas dos características fundacionales son sociales, en absoluto individuales.
Esta labor de concretar ideas en palabras unificando su contenido fue primero labor de la lexiocografía (recogida en dicccionarios que "definían" las palabras, desde distintos puntos de vista pero tratando siempre de que fueran unívocas y concisas. Cuando los conceptos fueron más abstractos tomó el relevo la filosofía -que en aras de la coherencia- tuvo que estudiar a fondo los conceptos con el fin de armonizarlos. La sabiduría de la filosofía es -en el fondo- la sabiduría del lenguaje. Pero como todo en la naturaleza, el lenguaje se construyó a medida que se necesitaba y la sistemática hubo que añadirla después, en esa diferenciación eterna entre el contexto del descubrimiento y el de la justificación. Con ello quiero decir que la justificación (la sistemática) no siempre es fácil y muchas veces... imposible de dilucidar.
Decir que la unión de ideas y palabras fue arbitraria da una sensación de libertad absoluta que no existió. El sistema "funcional" (procesual) del nuevo cerebro se basaba en los atractores (la irresistibilidad citada) es decir tendencias con distintos grados de atracción que sin ser necesarias (irresistibles) eran moderadamente intensas. El lenguaje polariza muchas de ellas. Las palabras se atraen por su rima (terminación), por su ritmo (compás), por su acento (respiración), por su métrica (duración), etc. Y además está la música que para Mitten fue uña y carne con el lenguaje, en la que encontramos los atractores de la lengua, más los propios de la música: armonía (simultaneidad), melodía (sucesión), timbre (sonido del instrumento), volumen, etc. Probablemente la "cadena de significantes" de Saussure tiene que ver con esto.
La ciencia -en su afán de simplificar... como único medio de comprender- se centró en la necesidad desechando todas las tendencias no absolutas, pasando por alto todo este mundo de matices que se refugiaron en las artes (lo que después se reconocería como artes) y cuya primera característica fue (Kant): la innecesariedad. La aparición de los atractores coincide con el tránsito de la necesariedad genética a la intensidad gradual de los procesos funcionales cerebrales, procesos que como la probabilidad quedaron fuera de la ciencia (hueurística). La sociedad (la comunión de las mentes) será el último eslabón de esta cadena que empieza en el desarrollo de las emociones, continúa en el lenguaje, se refugia en el arte y desemboca en la sociedad, pasando por la decisión libre. Sin embargo la ciencia mide la libertad en "grados de libertad" aunque prefiere las "rupturas de simetría" que suponen un paso abrupto de la necesidad a su ausencia. Las necesidades de la ciencia eran la comprensión del mundo y eso pasaba por la simplificación primera, sobre la que volver -ampliándola- cuando se hubieran desarrollado las herramientas suficientes para afrontar una mayor complejidad. Y así nace la recursión, ese eterno (en el límite) iterar hasta aproximar la realidad de forma satisfactoria.
El lenguaje pretende mucho más que comunicar ideas pretende compartirlas. Por ello es mucho más que comunicación. La comunicación se produce de muchas otras maneras que con la palabra: lenguaje corporal, de alarma, fereromonas, señales de humo o el tam tam. La comunicación se acaba en el mensaje. El lenguaje pretende una identificación, pretende "la teoría de la mente": la equivalencia de los individuos, su identificación. Cuando un científico expone su teoría no pretende comunicarla (que, también) sino compartirla, pretende que el interlocutor se adhiera a su idea. Y al decir científico me refiero a cualquier miembro de la especie. Es la ancestral necesidad de convencer (que nos ha convertido en maestros universales), como único medio de dominar, como superación de la fuerza como aglutinador social. La política es la ciencia de convencer a los individuos que la sociedad es la mejor solución a los problemas individuales. Que no hayan sabido hacerlo no quiere decir que la apuesta no esté ahí. El lenguaje pretende la igualdad, una sociedad de iguales, de equivalentes, de los que no hay nada que temer porque lo sabemos todo, simplemente por introspección. "Yo sé, que tu sabes, que yo sé". La identidad -ese experimento tan complejo que empezó en la sustancia y acabó en la relación dinámica- culmina en la comunidad de las mentes. Y esa equivalencia es como decir que formamos un super-organismo único que ha puesto todo su saber en común: la cultura.
El porque de esa necesidad ya se ha dicho: el individuo se resiste a perder su posición de rey de la creación, de fin de la evolución y lucha con todas sus fuerzas contra lo que su naturaleza -por otra parte- le exige. Es esta una posición esquizofrénica exclusivamente masculina. A él pertenecen el Logos y la especulación, la facultad de entender el mundo para dominarlo. La dominación es la forma de aglutinar la sociedad por la fuerza, por la experiencia, por el saber, por la herencia, por la senectud y -sobre todo- por el género. En una palabra los títulos que legitiman el poder. Una vez obtenida la igualdad, el super-organismo ni la dominación ni la fuerza, ni nada de lo citado, tienen sentido. Pero para ello hay que renunciar a la individualidad a la posibilidad de llegar a lo más alto con el solo esfuerzo personal (el capitalismo individualista). El capitalismo es la desigualdad como meta, como fin: el triunfo sobre lo social, y para ello, se requiere una competencia feroz, extenuante, mortal por estrés cardio-vascular. El hombre consideró a la mujer su primer rival y competidor (la familia nuclear había sido la primera sociedad humana potente) y la expulsó del género recurriendo al género único: el masculino. La mujer fue desde entonces: i-racional, emocional, doméstica (relegada al ámbito privado), alumna perpetua (nunca docente), Después vendrían la expulsiones de raza, de origen, de costumbres (vivenciales, sexuales, tradicionales), de geografía y de historia: la sociedad de clases. Todo ello por tratar de conservar unos privilegios que solo la fuerza y la sinrazón pueden avalar . El sueño del mono loco.
El desgarrado Septiembre 2026