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    » 06-04-2026

    Señoras y señores 125. Diferencias entre hombres y mujeres. Amor racional/social y amor romántico.

    Entre las diferencias que separan hombres y mujeres, en cuanto a género, es imprescindible recalar en su manera. distinta de afrontar el amor. No utilizaré la palabra hombre (metonimia) para referirme a la especie humana a la que llamaré: “los humanos o los seres humanos”. “Hombre” por tanto, designará al género. Pero antes una cuestión previa. El hombre -en su autootorgada misión de liderar la especie- impuso -primero- el Logos o pensamiento racional para -en segundo lugar- expulsar del mismo a la mujer por irracional (Irigaray). De hecho lo que hizo es expulsar a la mujer del género -del que se apropió en exclusiva- pues la gestación de la vida era demasiado golosa como para que no se tratara de manipular. Todo esto no ocurrió en la esfera consciente si no -como en el caso del complejo de Edipo (Freud), el pacto social (Rousseau), la conspiración de los hijos contra el padre (Freud) o las fantasías universales- en la esfera inconsciente probablemente cuando el “yo” no había tomado la esfera del consciente como su feudo definitivo. El consciente colonizó una parte de la mente en un momento en que las diferencias entre uno y otro no estaban todavía perfectamente definidas. Os preguntaréis que eran las fantasías universales. Son el germen de los conceptos universales. El humano necesitaba imperiosamente darse leyes universales (aplicables a todos los casos, sin excepciones) mediante las que comprender y dominar el mundo y -sin otro campo al que acudir- lo hizo a su sustrato biológico. 

    Había en su mente unos universales (generales, que afectaban a todos) que eran las fantasías, en general sobre su manera de ser y de su origen. Esas fantasía -que después alimentarían los mitos- eran las del contacto con la divinidad, el viaje de iniciación o redención, el héroe, Dios(es), el alma inmortal, la trascendencia (viaje de ida y vuelta al infierno), el príncipe azul, etc. Esas fantasías son lo que posteriormente (cuando el hombre se de cuenta que aquello no era razonable pero debía tratarse como tal) constituirán la metafísica. Mostraban diferencias entre hombres y mujeres por lo que su universalidad pasaba por la unificación o por la expulsión de la mujeres del núcleo del género humano. Y esa fue la fantasía fundadora del machismo: el género único. Las fantasías son anteriores al Logos y es su conjunción lo que desencadenará la expulsión y anulación del la mujer como ser racional, de género distinto y determinado, indigna de acceder a la cosa pública y a la docencia -y ahora llegamos a lo interesante- relegada al mundo de las emociones y sentimientos considerados en ese momento como irracionales (opuestas a la razón).

    De aquí van a surgir muchos de los elementos que -en el amor- son diferentes entre hombres y mujeres. En primer lugar la irracionalidad. El amor de la mujer es irracional, -romántico para decirlo suavemente-, mientras el del hombre es racional y por tanto pasto de especulación, utilidad e intereses sociales. Y así, de rebote, el amor se convierte para la mujer (y algunos hombres) en ascensor social, un modo de relajar las rígidas divisiones de clase. Es el hombre el que legisla, por lo que la regulación social del amor se hará desde sus puntos de vista: institución económica (matrimonios múltiples, de conveniencia, infantiles, pactados, etc.), reguladora del reparto del placer (en definitiva la felicidad) en el mundo, arma de dominación (reparto de recompensas y gratificaciones), Fuente de mano de obra esclava (las mujeres y los niños como Marx pudo comprobar en los inicios de la sociedad industrial capitalista), soporte de la herencia  (poder transgeneracional), La familia nuclear que caracterizó a nuestra especie biológica se transforma en la familia patriarcal al añadirle el elemento social. Núcleo de la dictadura de género, unidad económica, social y cultural fundamental de la sociedad capitalista (de la acumulación de excedentes, del desarrollismo a ultranza y de los recursos infinitos). El capitalismo no es una doctrina sino un modo de ser social fundado en un modo de ser biológico. La fantasía de la prostitución (todas las mujeres al servicio sexual del hombre) y de la pornografía (el superhombre sexual) están implícitas en esta regulación de lo social en torno al amor. Hablar de amor implica pues hablar de la regulación social, religiosa, política y cultural del mismo pues la familia patriarcal es la heredera natural de la familia nuclear, santo y seña de nuestra especie. Pero ¿de donde salió el amor?

    El amor es un vínculo específico creado por la naturaleza para unir un hombre y una mujer en la familia nuclear. La familia nuclear es la solución que encontró la naturaleza a los problemas que la evolución de los humanos presentaba a su subsistencia. La culpa fue del cabezón que -para albergar un cerebro cada vez mayor- llegó un momento en que puso en peligro el parto, al superar el diámetro del canal del parto que atraviesa la cadera femenina. No quedó otra que anticipar el parto (cuando la cabeza todavía no era inviable) y poner -por tanto- en el mundo a una criatura inmadura, incapaz de desarrollo autónomo. Hacía falta pues una estructura social capaz de dar al neonato los cuidados que necesitaba. Hacía falta que la pareja fuera estable por lo menos durante los siete años que el crío necesitaría para una cierta autonomía. Además el parto prematuro requería que las funciones del cerebro (sensiblemente mermadas) fueran desarrolladas mediante un curso de aprendizaje intensivo que duraría igual periodo. Cuidar (alimentar, proteger) y enseñar (a vivir, a relacionarse) eran las dos funciones que la familia nuclear debía proporcionar al neonato y eso requirió una especialización de género y un vinculo estable entre los padres que durara el tiempo de maduración del pequeño. La especialización consistió en que el hombre se encargaba de la protección (cuidado extraordinario) y de la alimentación y la mujer de la educación y del cuidado cotidiano. El vinculo consistió en un coctel de hormonas capaz de obnubilar las mentes de los padres para embarcarlos en una loca empresa, que ningún cálculo sensato podía avalar. Porque de eso se trataba, de que no se dieran cuenta de la locura en la que se embarcaban.  La especialización traía consigo un regalo envenenado: la dependencia alimentaria y protectiva de la mujer respecto al hombre y su consecuente desentendimiento de esas facetas, y -como veremos- el desentendimiento del hombre de las tareas (cuidado continuo) encomendadas a la mujer, que, sin embargo, conserbava su independencia.  El hombre lucha y la mujer cuida. El hombre conserva su independencia mientras la mujer la pierde. La diferencia entre géneros se agranda. 

    La familia nuclear -una auténtica revolución sociobiológica- traía otras consecuencias. En primer lugar la democracia sexual. Se acabó que solo pudieran reproducirse los más fuertes (el lider de la manada). La familia nuclear se abría a que todo macho responsable (o enloquecido por el cóctel), dispuesto a fundar familia, pudiera hacerlo… con el solo requisito de hallar a la pareja adecuada. Los hijos se convierten en nueva riqueza como mano de obra esclava. La familia nuclear se conforma como una microsociedad dentro de la sociedad, con autonomía local. El vínculo debe además hacer frente a la situación de desamparo a que se expone el hombre dejando sola a la familia, al albur de otros machos, con el consiguiente resultado de criar a los hijos de otro. Si a eso añadimos que la familia es un núcleo económico (herencia) además de social, la familia deberá llevar consigo la condición de fidelidad de la hembra. La infidelidad del macho también trae consecuencias, pues hace peligrar la estabilidad de la familia. Se impone pues la fidelidad pero como condición, como estrategia, en absoluto como necesidad biológica. La fidelidad nunca estará garantizada por lo que se afianzará por medios sociales en la regulación social del matrimonio. El fin del macho alfa que posee todas las hembras acaba además con el infanticidio promovido por el nuevo jefe en contra de la progenie del derrocado. El celo también se modifica convirtiéndose en perpetuo, como modo de afianzar el vínculo de pareja. La pasión irresistible que supone el sexo se convierte en permanente lo que provocará no pocos problemas de convivencia (especialmente la provocación, que se atenuará con el pudor).Y así llegamos a la consecuencia definitiva: la explosión demográfica debida a la proliferación de parejas (democracia sexual), al acortamiento de los plazos entre alumbramientos (al ampliarse los cuidados primero a la familia nuclear y luego a la sororidad social, así como al establecimiento del celo perpetuo). El aumento del número de hijos (riqueza) se auto-regula con el aumento del cuidado y de la cantidad de alimentos, hasta un equilibrio estable. Por otra parte la superadaptación -que ha propiciado la desaparición de las armas naturales y la fabricación de armas oportunistas, más efectivas- es también impulsada por esta explosión demográfica. 

    El amor -nacido biológicamente para aglutinar la familia nuclear- evoluciona socialmente de forma profunda. El placer sexual -de siempre aunado de forma esporádica a la reproducción- se convierte en una supergratificación que escapa al control del poder. político y religioso Es por ello estrictamente regulado. La religión llega a supeditarlo exclusivamente a la reproducción y el poder político establece la violación, el adulterio, el infanticidio, el aborto etc. como delitos equiparables al homicidio. De hecho el modelo de vínculo familiar es tan exitoso que admite toda clase de exportaciones a las uniones de diversos géneros y hasta afinidades. En un mundo en el que los sinsabores son la norma, el placer sexual y amoroso se convierte en ideal, se idealiza, se espiritualiza, llega a formar parte de la aspiración pura de todo humano. La distinción entre sexo y amor en cuento placeres es imposible, ambos son cócteles de hormonas aún cuando puedan hacerse distinciones de detalle de acuerdo a los neurotransmisores que involucran pues el efecto de unos y otros es distinto en detalle,  aunque sea muy difícil la separación.  Las virtudes sociales: solidaridad, empatía, generosidad, altruismo, etc. pueden perfectamente haber interaccionado con (o haber sido generados por) el amor en cuanto vínculos cohesionadores del grupo social. Es difícil entender la amistad sin tener en cuenta el amor y muy fácil -sin embargo- establecer sus desplazamientos recíprocos. En definitiva el amor es el modelo de todos los cohesionadores sociales y más teniendo en cuenta que es anterior a ellos. 

    Se me acaba el tiempo y no he salido de generalidades, así que pospondré el detalle para la siguiente sesión. Quedémonos con la idea de que el amor racional no es amor. El amor involucra una locura que no es racional. Y en ese sentido la mujer .tal como la define el logos, la razón-. está mucho mejor preparada que el hombre para afrontarlo y disfrutarlo. No podemos olvidar que el logos, la razón no es la única manera de explicar el mundo, sino la manera que tienen los hombres de explicarlo. Otras explicaciones son posibles y la metaética femenina del cuidado podría ser una. Continuará.

    El desgarrado. Abril 2026




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