| » 02-08-2026 |
Es posible que a pesar del nombre escriba alguna entrega más de esta sección, de la que tanto he disfrutado, lo que no impedirá que esta que os doy hoy sea la última, el epílogo que cierra la serie. No corren buenos vientos para los derechos individuales con el fascismo a la puerta de cada nueva elección y la derecha entregada al nuevo becerro de oro. Han caído Perú y Colombia, en un caso retornando un apellido de rancias resonancias autoritarias y en el otro, tras una de las mejores legislaturas (de izquierdas) que ha vivido ese país. A mi modo de ver es significativo de que lo que está en juego en las elecciones no es el eterno juego de conservadores y progresistas, de liberales y laboristas, de derechas e izquierdas. Las opciones hoy son otras que -aunque con dudas- podríamos significar como duros y blandos, autoritarios y permisivos, patriotas y civilistas. O quizás el mensaje es que se ha acabado lo de dos opciones. Como ocurrió con el género único, estamos en el partido único, el pensamiento único, la única autoridad. No se trata de escoger -ese tiempo pasó- se trata de imponer, de acabar con los juegos y empezar con lo serio: la autoridad más rotunda. Por otra parte la descomunal desinformación -a la política se ha unido la de los medios de información (solo interesados en lo de contenido “humano”) y la de las redes sociales (de los comerciantes) y su algoritmo fascista de la venta personalizada- hace imprevisible la orientación del voto para cualquier racionalidad y solo determinable por las encuestas estadísticas. El voto es hoy es pura intuición y en esos caso afloran los sesgos que nos caracterizan y que coinciden exactamente con las propuestas fascistas (¡esa es su gloria!). En uno u otro caso estamos al cabo de la calle de las libertades individuales.
Y entre esas libertades individuales en crisis la de género será la primera en caer aunque seguida de cerca por todas las demás, a manos de la represión. Machismo, colonialismo, racismo, altersexualismo, discapacitismo, viejismo (gerontofobia), negacionismo a-científico, conspiranoia, etc. Y frente a la represión de corrientes mayoritarias la recuperación de minorías rancias y heteroclitas: taurinos (en representación del maltrato animal), cazadores, meapilas (ortodoxos religiosos), cornudos (hombres maltratados por mujeres), carlistas, falangistas, etc. Y el retroceso en libertades llevará parejo el retroceso en derechos sociales y asistenciales: congelación de subsidios, (jubilación, desempleo, accidentes) privatización de la asistencia sanitaria, dogmatización (¡más si cabe!) de la educación, etc. Todo ello acompañado del maquillaje de la historia con la implantación de una “memoria histórica” de catecismo. Todos estos recortes recaerán sobre la mujer como ha ocurrido siempre. La asistencia de ancianos, enfermos, del hogar, del marido y de los hijos volverá a ser ocupación exclusiva (¡si alguna vez a dejado de serlo!) de las mujeres. ¡Quien sabe si el disfraz de monja y la expulsión de las aulas no acabará siendo, también, moneda corriente! El modelo árabe-judio (religiones sin separación iglesia-Estado) está ahí.
Pero me ofusco. Lo que quería proponeros es mi visión de cómo está evolucionando el feminismo (la emancipación de la mujer del yugo machista). Está evolucionando mal. La posibilidad de un pensamiento femenino que pueda dialogar de tú a tú con el Logos masculino es cada vez más remota. Las mujeres ha optado por una igualdad que es la que les propone el machismo, la del género único: la igualdad de la mujer al hombre, considerado este como modelo y guía de todo género. La mujer como relativo al absoluto hombre. Como tantas veces he dicho la igualdad es conmutativa, recíproca. Las mujeres tienen que ser iguales a los hombres en la misma medida que los hombres son iguales a las mujeres y no creo que el caso de que un hombre haya entrado en el equipo de natación sincronizada sea equivalente a la adopción de millones de mujeres del estándar masculino: bruto, grosero, abusón, zafio, cerdo, y sobre todo: ignorante. Eso es lo que estamos viendo. La mujer abraza los deportes masculinos con unos valores que no eran los suyos, pero que también abraza. Lo mismo hace con profesiones que no deberían existir ni para uno ni para otra (minero, sicario -uniformado o no- prostitución, represor, etc.) y en general con la posición masculina ante la vida (para resumir lo que es objeto de clasificación en el cine: violencia, coqueteo con las drogas, sexo, tabaquismo, etc.). La mujer ha entendido la igualdad como reto: “soy tan capaz de hacerlo cómo él” (“Porque yo lo valgo”), cuando la igualdad (¡incluso para la constitución! es el respeto a las diferencias. Y diferencias “haberlas haylas” aunque entiendo la posición de obviarlas para que no sean usadas como motivo de discriminación. Esa presunta igualdad es la consagración del género único, que tanto ha perseguido el hombre en los últimos milenios. “El único género es el pénico y quien no tiene pene es por accidente o castigo, en cualquier caso es una discapacitada no homologable como hombre”. “Lo importante en la generación de la vida es la inseminación. Todo el resto desde la gestación al amamantamiento pasando por el parto es una cuestión accesoria y mecánica que puede ser hecha por cualquiera”. ¡Incluso de alquiler!
A estas alturas empiezo a pensar que estaba equivocado y la natural repugnancia que tiene la mujer por la violencia, por la confrontación y por la lucha, la ha hecho renunciar a un enfrentamiento fuera de sus parámetros conductuales. Eso sin recalar en que el Logos masculino tampoco le ha interesado a la mujer en absoluto (¡por inútil!) pues su posicionamiento ante la vida es manifiestamente distinto: alejado de la trascendencia metafísica, centrado en el cuidado y la conservación, emotivo, un posicionamiento de especie, social, dialogante y pacíficamente interactuante. Recientemente la epigenética ha descubierto que el cuidado maternal de las crías (de rata ¡todo hay que decirlo!) incide directamente sobre los genes y se transmite a la descendencia. ¡El cuidado es una actitud con valor genético! Esa “mierda” que los hombres han despreciado inveteradamente tiene una potencia que el hombre no ha conseguido nunca. El cuidado es mucho más que ñoñería; es potencia genética. Al final será verdad que “pueden más tetas que carretas”. Decía que la mujer siempre ha visto al hombre como un zumbado sin sentido práctico, más interesado por las hazañas de caballero andante que de la propia vida. El hombre muere por la patria. La mujer por sus hijos. ¿Aprecian la diferencia? Pero el tema de la igualdad la ha trastocado y lo ha tomado (mal tomado) como si en ello le fuera -si no la vida, por lo menos- el género. Creo que es un error pero también creo que la historia no la escriben los tertulianos opinadores sino la humanidad en bloque. Quizás una vez obtenida ese sucedáneo de igualdad la lucha (o lo que sea para sustituirla… aunque vaya en la línea de Lisistrata) se reoriente a lo que realmente importa: construir una sociedad recíprocamente igualitaria.
Los cambios sociales son lentos porque la masa reacciona lentamente a los cambios, que los intelectuales pueden prever con enorme antelación pero que el pueblo no pondrá en marcha hasta que esté preparado. El muro de Berlin cayó cuando “estuvo maduro” y ningún intelectual fue capaz de predecirlo aún cuando todos lo habían previsto (sin fecha). La seudo igualdad calará en al mente de las nuevas generaciones proponiéndoles nuevos avances siempre bajo el paraguas de ese antibelicismo que -.aportado por las mujeres- mejora a la humanidad entera. He llegado a la conclusión de que no habrá lucha pero nadie será capaz de parar la apisonadora que es una mujer convencida de su destino. El problema esta en que paralelamente el hombre ha iniciado una campaña a favor del fascismo cuyo éxito supondrá automáticamente el fracaso del feminismo. Tic Tac, Tic Tac.
El desgarrado. Agosto 2026