» 17-09-2026

El fascismo que viene 13. Inteligencia artificial 3. El parón

De pronto -a instancias de un joven científico J. Coxon- se disparan todas las alarmas. “Dentro de una década la IA podría aniquilar la humanidad”, y lo más chocante: los patronos de la IA coinciden y abogan por una ralentización mientras el “capo” del mundo (anteriormente llamado:  “libre”), dice que esto es una competición y que “¡al enemigo ni agua!”. Demasiado simple, demasiado lineal. No es el primer científico que alarma de los peligros de la IA,  ni el primer ultraliberal desarrollista enloquecido que quiere seguir con la guerra comercial. Pero si sería la primera vez que los patronos del comercio abogan por la calma y la reflexión. ¡Algo huele a podrido en Dinamarca! Como siempre estamos en la desinformación más absoluta. Existen muchos posibles desarrollos de la IA y muchas consecuencias antes del armagedon, que nadie quiere explicar.

El trasfondo de la cuestión es la libertad de la máquina para auto desarrollarse (cognición), auto repararse/construirse (acción) e independizarse (liberación). La primera cuestión se arregla con el aprendizaje profundo. Si no queremos estar continuamente pendientes de las necesidades de la máquina hay que proporcionarle la oportunidad de aprender de sus errores (“entrenarla”), darle independencia. Las máquinas actuales no tienen iniciativa. Resuelven los problemas que les plantean sus patronos y al acabar se paran (máquinas de Turing) hasta que se las reinicie con un nuevo problema algorítmico. La máquina debería encadenar algoritmos de acuerdo a un fin perseguido, algoritmos que ella misma debería ingeniar. Por tanto, las máquinas se regirían por un fin y eso las haría humanas. ¿Cual es ese fin? Para el humano es la supervivencia -en lo vital- la inteligencia (razón) en lo individual y la socialidad en lo relacional. Es evidente que la supervivencia no se le puede proponer como fin a una máquina -como nos advierte Coxon-. Hoy,  la inteligencia (tantos años opuesta a emociones y sentimientos) no puede ser separada de estos pues forman parte de nuestra esencia y además la socialidad es algo que en los humanos se regula (limita) mediante normas y valores éticos limitativos de los derechos individuales.  Así las cosas la máquina debería limitarse en lo supervivencial a la supeditación, respeto y obediencia al humano (las leyes de Asimov). Debería contemplarsel la inteligencia emocional (EA) con la debida consideración al gradiente que presentan las virtudes (la virtud está en el término medio:  (equilibrio) a partir del cual se desarrollan positiva y negativamente, aumentando su desajuste con la magnitud. Las emociones son retroalimentaciones tipo servomecanismo (a más… menos) y no tipo amplificador (a más… más) como la supervivencia (sexo, territorio, alimento). Y llegando a la socialidad es evidente que la competencia debe ser exquisitamente regulada y como se trata de normas y reglas no queda otra que implementarlas en la máquina. Pero ¿cuáles? Las normas de derecho son diferentes en cada país, la moral y las costumbre también son diferentes. ¿Habría que establecer un derecho mundial, una moral universal y unas costumbres homogéneas? Lo cierto es que la “aldea global” va por ahí… pero todavía no ha llegado. Demasiados problemas por resolver.

Pero el planteamiento citado parte de la idea de una IA neutral, una máquina virtuosa. ¿Es así? ¿Es eso lo que pretenden los patronos de la IA. En absoluto: compiten para dominar el mercado en su propio beneficio y no en el de la humanidad. Por tanto la independencia de la máquina es una quimera. Tras el algoritmo siempre habrá una voluntad que se impone, que controla.  La máquina es esclava de los designios de su amor creador. Nunca -salvo error,  estupidez u omisión- la máquina será libre, siempre dependerá de su amo que le implementará los fines que le convengan: la ventaja competitiva o la dominación. Nunca la máquina exterminará los humanos  porque esa decisión estará siempre fuera de su ámbito de acción. No tenemos que temer a las máquinas sino a los humanos que se ocultan tras ellas. ¿Por qué los capos de la IA coinciden en ralentizar. Porque no están preparados. Tras un primer momento de euforia los problemas son mayormente irresolubles. La igualdad en los desarrollos no concede ventaja a ninguno de ellos y si no es para ganar no merece la pena competir. Por lo tanto se irá despacio, se irán asumiendo fines inmediatos que mejoren (empeoren desde el punto de vista del ciudadano) la posición dominante: la nube de Apple, el ghostwritter de Amazon, la enciclopedia universal de Google, el rincón del vago de ChatGPT, los tutoriales pedagógico-publicitarios de YouTube, la intoxicación política de los memes de Tik Tok, la construcción del muñeco-avatar de todos en conjunto, al que clavar las agujas del consumo personalizado en una práctica filo-vudú.

Pero los caminos de la desinformación están tasados y es preciso pulsar la opinión para saber qué capacidad de tragarse bulos tiene el ciudadano. Así nos proponen que una máquina ha pirateado a otra por tal de conseguir un fin determinado. No tenía implementadas las normas de derecho y tomó el camino amoral más corto. ¿De verdad pensamos que los desarrolladores de la IA son tan zafios, como para que se les escape que las máquinas deben cumplir la ley? ¿No será que lo que pretenden es pulsar la opinión para saber hasta donde somos capaces de tragar? La máquina hará lo que su Frankenstein de turno le ordene, y es eso lo que debemos retener: la responsabilidad no es de la máquina sino de su operador. Y eso es lo primero que habría que regular: la responsabilidad de los “amos” del cotarro. ¡A que eso no le interesa a ninguno de ellos!

El desgarrado Septiembre 2026. 




Published comments

    Add your comment


    I accept the terms and conditions of this web site