» 02-07-2026

El fascismo que viene 9. El despliegue de la IA

Hace unos meses Amazon había desplegado una interesante iniciativa de autoedición en la que proporcionaba a los noveles escritores la oportunidad -a bajo precio- de editar e incluir sus obras en el catálogo de la firma. Básicamente Amazon figuraba como impresor (y por eso se pagaba) “a demanda” de acuerdo con las ventas, además -¡claro está!- de insertarte en su catalogo de ventas. Pocos meses después el sistema ha cambiado. Ahora el sistema te proporciona la posibilidad de escribir -él mismo- el libro completo de acuerdo a unas directrices mínimas que facilite el autor. Podría entenderse como que te proporcionan las máximas facilidades para que -en un mundo en el que ya todos somos fotógrafos, videoartistas, diseñadores, cocineros, tertulianos, influencers, etc.- también seamos escritores sin dar un palo al agua. Fama y dinero ¿Cómo negarse? Evidentemente hay que pagar antes de ver el libro que será ejecutado hasta en los mínimos detalles por el sistema (Ghostwriter, se llama). ¿Cuál es la otra cara de esta moneda tan golosa?

Evidentemente siguiendo las directrices dadas por el promotor (me resisto a pensar que sea un autor) la IA puede darle al libro el enfoque y esconder las consignas que apetezca. Oculta tras la firma del novel escritor, la IA puede intoxicar al mundo con ideas tan fascistas como quiera, y tan sutilmente como solo es capaz de hacer una inteligencia artificial obediente a la voz de su amo. De pronto la mitad del mundo editorial mundial (que es la parte del pastel que maneja Amazon) -bajo la inocente apariencia y responsabilidad de los (todavía más inocentes) aspirantes a best-seller- puede dedicarse impunemente y con la connivencia tácita de sus firmantes a difundir la buena nueva del fascismo. El 50% de los libros podrían contener ideología fascista, pero además, en un campo: la lectura, que había sido hasta ahora sinónimo de cultura y de progresía librepensadora (más allá del bestsellerismo). De los creadores de la primera andanada de obtener todos los datos personales gratis, entregados por los propios tenedores a la consigna: ¡Si no presumes es que careces! llega ahora esta nueva entrega en la que los noveles escritores entregan su firma, su respaldo, su responsabilidad y su aval a ideas probablemente alejadas de su ideario. La IA (inteligencia artificial) se ha convertido en IPF (Inteligencia-praxis fascista). 

Es esta la primera evidencia plena de que la IA ha llegado para intoxicar al mundo con ideas fascistas, esas que ya empiezan a calar entre los jóvenes en un giro machista cada vez más que significativo. Y es una serpiente que se muerde la cola pues a más intoxicación, más fascismo. En estos momentos la juventud es un campo a cosechar  y lo que se recoja es lo que se está sembrando. En plena carrera por la dominación de la IA -la lucha entre las tecnológicas es férrea- ¿Qué nos deparará el futuro? Habrá que estar atento a estas nuevas iniciativas cuyo fin es la Internacional fascista, la servidumbre voluntaria, el ideal de todo sistema político: la auto-sojuzgación. En una sociedad posindustrial, en la que el trabajo físico y manual ya no tiene sentido, dominar cuerpos (esclavitud, genocidio, gentrificación, et.) ya no es la apuesta. La apuesta son las mentes, las voluntades…  y los medios a utiliza son acordes con los fines: indirectos. No se trata de vencer sino de convencer y por primera vez en la historia esa opción está abierta. Se acabó el burdo quehacer de los políticos intoxicando y mintiendo desde la presunción de verdad y de bien público. Lo que se impone ahora es la servidumbre voluntaria… y en eso estamos.

Entre las directrices que te da Ghostwriter para que escribas tu mejor obra posible está -no que afiles tu lápiz de estilo- sino que tus argucias comerciales sean las más rentables. “El 80% de los libros se compran por el título, subtítulo o por la recensión mínima que lo acompaña… y no por lo que hay dentro”. ¿Cómo defenderse de este abuso? Evidentemente si un libro anuncia que ha sido realizado -más o menos- mediante IA debe ser inmediatamente evitado. Y ese anuncio debería ser obligatorio. De entrada ya sabemos que Amazon está en esta política de intoxicación (la está impulsando) por lo que creo que una buena profilaxis es no comprarle… hasta que no garantice su ajenidad a la Internacional fascista.  

Hay algo que siempre me ha parecido sucio de la venta por correo: que el beneficio subyacente por la supresión de la tienda física recaiga íntegramente en el comerciante. Destruir millones de empleos debería tener alguna contraprestación social, como algún tipo de impuesto por asocialidad. La robótica está haciendo lo mismo con el empleo industrial y también el beneficio del uso de las máquinas (la plusvalía) recae íntegramente en el fabricante. Los políticos encargados de que estas felonías no se generalicen hace ya años que se confabularon con los comerciantes y fabricantes para mejorar su propio nivel de vida. Hace ya años que los impuestos se ceban con los menos favorecidos. Nuestro sistema de impuestos es proporcional… al poder del sujeto del impuesto: más poder, menos impuestos. Wolksvagen anuncia el cierre de cuatro factorías y el despido de 100.000 trabajadores. Debería ser delito o como mínimo objeto de impuesto. Por ejemplo que devuelva las ayudas que recibió por puesto de trabajo creado (y ahora destruido). Como Aldama debería devolver sus comisiones exorbitantes, ilegales e inhumanas… si la justicia fuera justa. Pero se conforma con ser eficaz, con conseguir condenas. Debería entonces llamarse “eficiencia” que le cuadraría mucho más. Y ya puestos a cambiar el nombre de las cosas (eso que tanto gusta a los políticos), propongo que se cambie el nombre de capitalismo por el de Santa-rritismo:  “Lo que el capitalismo te ha “dado” que no te lo quite  nadie” Amén.

El desgarrado Junio 2026. 




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