» 13-04-2026

Reflexiones políticas 5. Elecciones en Hungría.

La ultraderecha arrasa en Hungría. La ultraderecha prorrusa de Orvan queda en segundo lugar frente al ascenso del la ultraderecha europeísta, que alcanza el 80% de los sufragios. Hungría es un país 100% ultraderechista con dos tendencias, con pequeñas diferencias, pero ambas plenamente ultraderechistas. Y ante este resultado Europa respira aliviada. Ya comenté en su día que la guerra de Rusia y Ucrania es una guerra entre dos países ultraderechistas y no democráticos. Gane quien gane, será el triunfo de la ultraderecha. La alegría de los medios de comunicación está haciendo creer a los ciudadanos (generalmente malinformados) que una cierta democracia o una derecha clásica ha ganado las elecciones. La misión de los medios es informar y lo que se está haciendo es el juego a la ultraderecha. Se está blanqueando a la ultraderecha al distinguir entre una: antidemocrática, filorrusa y atea, otra seudodemocrática, europeísta y religiosa. No nos engañemos: el racismo, el antimigracionismo, el suprematismo machista, la oposición frontal al aborto, a la eutanasia, la homofobia, el matrimonio ortodoxo, el elitismo, y en definitiva el odio a la democracia adornan a ambos partidos y lo veremos en las próximas jornadas.

Al aparecer una ultraderecha “moderada” -a la izquierda de la ultraderecha de Orvan- esta se queda con el farolillo rojo de “ultra” mientras la nueva ultraderecha de Mallart se sitúa en una confortable posición entre la derecha y los “ultras”. Y en eso consiste el blanqueo. Los disidentes de Vox, mañana mismo se mostrarán simpatizantes de la nueva ultraderecha “democrática” condenando a Vox al farolillo rojo y escapando a la denominación absoluta de ultraderecha. Lo que no es sino un corrimiento del espectro, -como si dijéramos un cambio de hora-, se leerá como un acercamiento a posiciones democráticas, y en eso consiste el blanqueo. Todos lo ultras europeos que luchaban contra la tacha fascista que les correspondía como herederos de Hitler, Franco y Mussolini, aprovecharán para llamar fascistas a los otros, a los que quedan a su derecha, reivindicándose ellos mismos como derechistas. Y lo grave es que los titulares de los medios avalan este blanqueo. Defenderán que no lo han dicho pero ¿podrán defenderse de que eso será precisamente lo que habrán entendido los ciudadanos? La ceremonia de la confusión está servida. Invito a los programas y las empresas de encuestas a que hagan la pregunta: ¿Qué le parece que en Hungría haya perdido la ultraderecha de Orván y haya virado hacia la democracia y Europa? España (y el mundo) necesita más divulgación y menos análisis sesudo y profundo. Estamos en la era de las redes sociales, de los emojis (imágenes) y de las medias palabras y no podemos olvidar que las redes sociales están en manos de la ultraderecha y que controlan -por tanto- el voto (¡) joven.  

Aquel esfuerzo europeo del cordón sanitario (aislar a los ultras políticamente,  excluirlos de los pactos de gobierno) que tan poca respuesta tuvo en España y en concreto en el PP, ha llegado a su fin. ¡Bienvenida la ultraderecha! merced a este cambio de nombre que la blanquea. Mañana tendremos nuevos partidos fascistas bajo epígrafes tan sugerentes como el que empleó Hitler: partido nacionalsocialista obrero. El cordón no llegó a aplicarse porque los políticos se pirran por gobernar, por guardar sus poltronas y si para ello han de aliarse con el diablo, ¡que así sea! Los políticos no tienen ni ideología ni ética. Solo tienen ánimo de lucro y de eternizarse en sus puestos dorados, sus jubilaciones doradas, sus puertas giratorias y sus contubernios con el poder económico. Si el fascismo se instala o no en nuestro país, se la trae al pairo. ¿Por qué no se une la izquierda para hacer un frente unido frente a la derecha (que bien podremos llamar ahora ultraderecha), teniendo en cuenta que acudir separados a las urnas les castiga ampliamente en el número de escaños correspondientes a sus fragmentados votos? Porque todos quieren mandar. Todos quieren el puesto de mangoneador general. El que controla los fondos reservados, las cloacas del poder, la información privilegiada, el tráfico de influencias  y abuso de mercado. ¡Ese es el puesto que hay que conseguir! Son tan graciosos cuando negocian el reparto de poltronas en las coaliciones mientras afirman que los puestos no son lo importante, que lo que importa es la ideología y el servicio a los votantes y a España. La hemeroteca nos regala momentos tan delirantes como Rato insultando a los defraudadores de impuestos o Ábalos declarándose feminista. 

Si el blanqueo de capitales es delito, ¿por qué no lo es el blanqueo de ideologías? Ante su impotencia para cambiar las cosas los políticos cambian el nombre de las cosas. Y los medios de comunicación se lo permiten. Trump ha ganado la guerra contra Irán diez o doce veces. Mariano Rajoy no consiguió caer en quien era “M. Rajoy” de los papeles de Bárcenas. Las guerras se llaman operaciones especiales. Las amnistías: regularizaciones extraordinarias. La recaudación multaria: incentivos para la regularización del tráfico y la disminución de la mortandad víal.  Y así sucesivamente. ¿Me pregunto si no sería más efectivo, que el título habilitante para ser político, no sería el de académico de la lengua? Las cosas no mejorarían pero seguro que los nombres serían más floridos. ¿Porqué, cuál es el título habilitante para ser político? ¿Ninguno? ¿Ni siquiera bachiller? ¡Vaya! quizás deberíamos empezar por ahí. ¡España, con el mañana a la vista, no será fascista! No por progreso ideológico sino por reetiquetado semántico. ¡Descansemos en paz!

El desgarrado. Abril 2026




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