| » 20-02-2026 |
En la serie “Hunters” -que narra las operaciones de un grupo de judíos que se dedican a perseguir y apiolar nazis refugiados en USA- Dice el jefe: “La venganza solo se cura con venganza”. La venganza es una forma de justicia ancestral e individual, anterior al Derecho (constituido como eje vertebrador del grupo social). Como la ley del talión, el rapto de mujeres, la dote y otras lindezas del derecho arcaico. Hablar de venganza es hablar de justicia arcaica. La justicia es el primer derecho que reclama el niño desde muy pequeño. Cuando los padres reparten castigos la respuesta de los niños -por lo menos del que se considera injustamente tratado es: “No es justo”. Excluida una noción innata del Derecho en la infancia, esta noción de justicia arcaica parece más relacionada con el reparto de tareas que con el Derecho punitivo. Así lo entiende Platón para el que la justicia es la igualdad en el reparto de especialidades. Tiene lógica pues la sociedad se fundamenta en el reparto de tareas (en la especialización) lo que -dadas sus diferencias- requiere una función de evaluación precisa que bien se puede llamar justa. La justicia así entendida no tiene que ver con el Derecho sino con la ética, con el deber de cada uno para con la sociedad, deber -que para ser justos- debe ser equivalente. En parecida situación se halla la virtud que para los griegos antiguos era una característica no solo de las personas sino de los animales y de las cosas. La virtud era destreza en el desarrollo de un cometido. Tal como hoy la usamos al definir como virtuoso al que toca muy bien el violín (o cualquier otro instrumento). En ambos casos se trasluce la especialización, la dedicación a un cometido con especial destreza, y una función de evaluación que se convierte en la especialización más alta: el que imparte justicia.
Platón -cuado expone la sociedad ideal- pone en lo más alto de la jerarquía de las clases a los guardianes-filósofos (los sabios), que son los que reparten las tareas, los que planifican. A sus órdenes está los guerreros (los militares), los guardianes auxiliares que aplican (por la fuerza) esas directrices. Y por último están los que no pertenecen a ninguna de esas dos clases (privilegiadas), los destinados a producir, a trabajar, a obedecer. Tal como lo ve Rancière son la clase de los sin clase, los que se definen por estar excluidos. Son el resto, lo que queda tras separar las clases con cometido y con dignidad, lo que sobra. No están especializados en nada, son excedentes y por lo tanto están excluidos de la justicia. Su alma es concupiscente (deseo, necesidad, dolor y placer). Aristóteles -en un celebre párrafo de “Política” 1,2. diferencia la voz de los animales (dolor y placer) de la palabra de los hombres (aquella que designa: lo conveniente y lo dañino, lo justo y lo injusto). “Y esto es lo propio de los humanos frente a los demás animales: poseer, de modo exclusivo, el sentido de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, y todas las apreciaciones similares. La participación comunitaria en esas apreciaciones es la base de la familia y el Estado”. Todo esto se plasmará en una sociedad en la que los esclavos, los extranjeros, las mujeres y los artesanos (que no tienen tiempo de acudir a la Asamblea, porque tienen que trabajar) quedan excluidos de la vida pública. Cuando Platón repase los títulos legitimantes para gobernar encontrará a los viejos (por su experiencia), a los sabios, a los ricos, a los fuertes, a los nobles (por su estirpe), todos ellos representado a sus respectivos grupos de presión. En un rasgo sorprendente propondrá representantes escogidos al azar (la voz de los dioses) para representar a los desclasados, incapaces de representarse a sí mismos, originando la democracia.
Pues bien, Todo este entramado es el reflejo -recogido en el pueblo griego- de lo que conforma la justicia, la ética y el Derecho del pueblo judío. Son los primeros en acogerse al monoteísmo y -como harán todos los pueblos monoteístas- ponen en su Dios las características de su especie. Abraham es el fundador del monoteísmo en 1800.adc y en los Siglos VI-IV adc se establece la religión tal como hoy la conocemos. Jehová es un dios fundamentalmente justo, que es como decir terrible, y la justicia es primordialmente: dedicación de cada uno a su cometido (lo que los convertirá en especialistas de aquello a lo que se dediquen). Su mayor peculiaridad es que ser el pueblo de Dios, el pueblo elegido les concede una preponderancia sobre cualquier otro pueblo. Detentadores de una fe férrea no necesitan razón alguna, fuera de su religión, de la que se quedarán colgados para siempre, a lo que también ayuda la posesión de libros sagrados que la dogmatizan. Por supuesto la separación Iglesia-Estado es impensable y las superticiones y los hábitos aberrantes (a diferencia de otras confesiones menos rígidas) son imposibles de superar en una situación de estancamiento religioso total.
En el S-I de nuestra era se produce una herejía de la mano de Jesucristo que funda una religión que deriva hacia la misericordia y el amor: el cristianismo y que produce nuevos libros sagrados (los Evangelios) sin renunciar a los primeros. Del cristianismo romano se originarán sendas escisiones de la iglesia separada “evangelista” luterana y el Islam mahometano. Pueblo proclive a la diáspora (la dispersión) en el 70 ddc Jerusalén fue destruida por los romanos y dispersado el pueblo judío hasta el SXX que se asentará en Israel. En la actualidad ha exterminado al pueblo palestino recuperando su antiguo territorio… por designio divino. Su eficacia en su profesión (sobre todo en la banca), las costumbres ancestrales, su aislacionismo, los ritos arcaicos y su orgullo de pueblo de Dios, los ha hecho escasamente simpáticos a los pueblos de acogida en los que recalaron durante veinte siglos, provocando un antisemitismo que remitió considerablemente ante el horror del holocausto nazi, y que repunta ahora tras el exterminio del pueblo palestino. USA -como país en el que nadie es extranjero porque nadie es USAno (como Madrid)- supuso un país de acogida excepcional, en el que su iconoclasia se apoderó de la industria del cine, desde la que pudieron difundir su mensaje pro-semítico.
Solamente un sentido de la venganza sobrenatural (¿divino?) puede llegar a justificar el encono y el salvajismo con el que han hecho a los palestinos lo que los nazis les hicieron a ellos. Y la cosa no ha acabado, pues cuando no quede ni un palestino, dirigirán su imperialismo hacia los pueblos árabes que les rodean en un -ya anunciado proyecto- de restituir su antiguo imperio próximo-oriental. ¡La épica cinematográfica está garantizada! Lo de la Riviera gazatí es idea de Trump, el actual inquilino fascista de la casa Blanca (recientemente convertida en gigantesco salón de baile al estilo de la isla-burdel de Epstein o la horterada de Mara-lago). El carnicero de Gaza -Netanyahu- no desentona en la actual deriva de fascistas que ocupan las naciones occidentales. El fascismo occidental se ha apresurado a apoyarlo sin que pueda encontrarse otra razón, que el hecho de que los árabes sean pueblos de emigración obligada en busca de un mundo mejor y -por supuesto- con una religión errada. Excepción hecha de Emirates.
El desgarrado. Febrero 2026.