» 22-09-2026

Señoras y señores 128-2. Dos mentes complementarias 2: El cuidado y la huerística.

La primera gran diferencia es la construcción/destrucción, progresión, agresión del hombre contra el cuidado, conservación, respeto de la mujer. Es habitual que esta diferencia se establezca entre el carácter analítico del hombre y el sintético de la mujer pero creo que así planteado no es correcto pues el hombre es analítico/sintético y la mujer no. ¿Qué quiere decir no? que el hombre destruye y vuelve a construir y la mujer se mantiene al margen, respeta, conserva no interfiere con la marcha de la naturaleza, evita intervenir. En eso reside el cuidado en evitar actuar de forma drástica como es la destrucción/construcción. El hombre necesita dejar huella y para ello interfiere violentamente con la naturaleza, destruye y reconstruye en una actuación cíclica de la que la guerra es su máxima expresión. El niño despanzurra el juguete para saber como funciona, pero también construye primorosamente la maqueta del coche o del avión (si es de guerra ¡mejor!). Construye el castillo en la arena que después destruye encarnizadamente. O despliega todos los indios y vaqueros para arrasarlo todo como final del juego. 

Nada de eso ocurre en los juegos de la niña a la que nunca se le ocurrirá despanzurrar su muñeca para saber como funciona. Sus juegos son de cuidado: vestir, lavar, asear, o de rol en los que se gesta una historia en la que se identifica con la muñeca o con su madre, en una historia cotidiana. El cuidado consiste en evitar que las cosas se tuerzan, que salgan mal, que no tengan un final feliz. Es una visión respetuosa de la vida y conservadora de lo bueno, en el bien entendido que la mayoría de lo existente es bueno. No aplica la crítica, la especulación que caracteriza al hombre siempre llamado a mejorar las cosas aunque para ello tenga que destruirlas previamente, ante la imposibilidad de arreglos suficientemente importantes, llamativos, significantes. Existe en el hombre una desavenencia previa con el mundo, un desacuerdo que le hace verlo como manifiestamente mejorable. No es el caso de la mujer que se encuentra en paz con el mundo, sin nade que le empuje a mejorar lo que ya le parece bueno, y si no bueno, neutral. Como veremos en otra entrega esta avenencia/desavenencia es fruto de la trascendencia. El hombre tiene que ganarse la inmortalidad, cosa que no le sucede a la mujer porque ella da vida y su inmortalidad está en su descendencia. La mujer se considera un vector de la especie un medio para que la vida continue, para que la especie subsista. Lo veremos con detalle.

Hay una diferencia sustancial entre evitar el mal y procurar el bien. En el primer caso partimos de una situación de bondad o al menos de neutralidad y en el segundo debemos partir de una situación de insatisfacción, malfuncionamiento, maldad. Veamos un ejemplo biológico: la sinaptogénesis. El cerebro funciona merced a las múltiples conexiones de las neuronas. La filogenia, el desarrollo embrional podría establecer (construir) cada conexión a medida que se necesitara pero opta por establecerlas todas y dejar en manos de la utilidad el que desparezcan las que no se usan, las que no sirven. La construcción, la conexión de las neuronas entre sí, se hace de una sola vez con una sola instrucción y en vez de inhibir mediante otra instrucción las que no resulten útiles se abandonan a su suerte sin invertir esa instrucción en podar las conexiones inútiles. Es decir se parte de la situación positiva de todas las conexiones construidas y se deja a su duración biológica, a su muerte funcional la poda de las inútiles. La misión pasiva del organismo es evitar su propia intervención, dejarlo en manos de la intensidad del uso. 

Veamos otro ejemplo que completara este primero. El mecanismo de Hebbs es difícil de entender desde la construcción: ¿por qué las neuronas que se disparan juntas se refuerzan? Parece que el refuerzo consista en añadir algo (construir). Quizás porque no lo hemos formulado bien.: "lo que se "usa" se refuerza, lo que no se usa se abandona". La regla de Hebb es una regla de utilidad, no de ontogénesis (construcción). Lo que determina es lo que ocurre con las conexiones inútiles: que se dejan morir mientras las útiles se respetan, no se interviene en ellas. Y ese respeto tiene valor de refuerzo. El refuerzo consiste en respetarlas."Refuerza" quiere decir supervivencia frente a desaparición, y desde ese punto de vista no es evitación (de la muerte) sino construcción (de la supervivencia). No se construye nada sino que se evita la destrucción. Estamos ante la relatividad del uso -una vez más- es decir: es equivalente (desde el punto de vista de la utilidad) la no desaparición a la génesis; evitar la muerte a dar la vida. 

Es lo que afirmamos cuando decimos que la prevención cura, que el cuidado previo obtura la aparición de la enfermedad. Se dice de los informáticos que siempre dicen: "si funciona no lo toques" como diciendo que una "posible" mejora puede "ser" un daño irreparable. También se dice que lo excelente es enemigo de lo bueno. Sabemos que contra más nos acercamos a la perfección más costoso es cada pequeño avance, hasta el punto que económicamente resulte que el coste es inasumible, en ese punto hay que cejar. La perfección (como la exactitud) es un límite... inalcanzable desde el punto de vista de la utilidad (economía). Toda nuestra ciencia se basa en la necesidad y como aspiración no tiene crítica posible pero la utilidad impone su ley y esa perfección esa exactitud  pude tener un costo inasequible. Entonces hay que optar por la heurística, por los métodos aproximados. Es lo que hace nuestro sistema nervioso para el que la verdad es una anécdota (no diferencia entre lo real y lo posible a efectos de utilidad), y lo demuestra tanto recurriendo a la estadística como medio habitual de información como tomando las decisiones antes de haber recabado la información necesaria.  

Y un último ejemplo que se expone en la serie de TV “The playlist” (2022) sobre el nacimiento de Spotify.  El fundador reúne a su equipo de programadores y les pide que aceleren el proceso de la búsqueda de canciones. El jefe le contesta que es imposible porque ya han llegado al límite de lo que es la estructura de Internet y -evidentemente- usando Internet no pueden ir más lejos. No pueden ir más lejos dentro de la exactitud, pero pueden ir más lejos aceptando un ligero margen de error. Para ello utilizan medios estadísticos para adivinar lo que el cliente va a pedir e inician la búsqueda con esa presunción… antes de que la petición se haya realizado completamente. Si aciertan habrán acortado el tiempo de búsqueda, y si fallan repetirán la búsqueda por el sistema exacto y -en este caso- la búsqueda habrá sido más lenta, pero con poca incidencia en las estadísticas generales de respuesta. El tiempo que recortan no es en la respuesta sino en la formulación de la pregunta. En resumen han mejorado el rendimiento -por encima de lo físicamente posible- merced a utilizar un sistema heurístico. Esto es lo que hace nuestro sistema nervioso cuando “escanea” lo real: en vez de darse el tiempo necesario para un reconocimiento perfecto, anticipa estadísticamente una posible respuesta y opera con ella ganando en velocidad y en la seguridad que la posibilidad de errores es baja. No ha llegado a esta casuística “pensando”o aplicando un algoritmo. Lo ha hecho por prueba y error y -como el premio en juego es la supervivencia- los supervivientes son los que implementaron el nuevo sistema y por eso están aquí. Esta anticipación estadística de la respuesta -incluso a la completa formulación de la pregunta- supuso una hecatombe en el mundo de la neurociencia cuando fue reportado por Levit lo que llevó a algunos a inferir que la decisión se había tomado antes de la pregunta. No era así, (o, sí) pero se acabó con la causalidad lineal y se instauró la probabilidad en nuestro sistema nervioso más allá del azar inherente al mecanismo de prueba y error. La conclusión es: se puede evadir la causalidad (la respuesta es anterior a la finalización de la pregunta) si renunciamos a la exactitud… en una cantidad insignificante.

El desgarrado. Septiembre 2026.




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