| » 15-04-2026 |
Cómo acaba una serie, es altamente indicativo de lo qué perseguía el creador. No es cierto. Muchas series acaban como el rosario de la aurora por diversas circunstancias. Esta características de ser coherentes con sus tesis solo es patrimonio de las buenas series. La moraleja (o la tesis del discurso) es entonces, en aquel punto desvelada y por tanto es indicativa de dicha tesis. “Younger acaba “exactamente” como empezó, con el primer encuentro de la pareja representativa de las dos generaciones que configuran el enfrentamiento generacional. Con las mismas actitudes y diciendo las mismas palabras. Su diferencia de edad no es de una generación (30 años) sino de media (15 años) lo que no los distancia absolutamente.¿Por qué ese eterno retorno, por qué esa vuelta a la casilla de partida? En los usos de pareja de nuestra civilización no es lo mismo que sea más joven el hombre que la mujer. Sin embargo este tema parece preocupar poco a los guionistas (o al libro original al que se remite) pues las referencias -más allá de las prevenciones normales de ella- son escasas y además no deja de ser significativo que la pareja normativa, la que podría haber establecido ella con un hombre de su generación, ha fracasado por diferencias de edad sicológica, es decir de una mayor flexibilidad (¿modernidad?) de ella antes los problemas de congruencia. ¿Se ha contaminado ella de la ideología de la generación que usurpa? es decir ¿se ha rejuvenecido en su inmersión? ¿Es la edad un aprendizaje. O tal como dice la propia serie: un estado de ánimo? O por último tal como dice el subtítulo: “tienes la edad que dices que tienes”
Las series derivan de sus intenciones iniciales de acuerdo a su duración. El éxito (el alargamiento de la duración) las obliga a explorar nuevas vías, nuevos escenarios, nuevos géneros. Del inicial planteamiento “qué grande es ser joven” -que aquí se denuncia como desprecio total por la experiencia -aunque muchos jóvenes denunciarían un cierto techo de cristal (a-generacional) que los condena a perpetuos becarios- se pasa al análisis en las diferencias entre generaciones, que en este caso (estamos en 2016, es decir cuando la generación milenial cumple 26 años y empieza a desplazar a la anterior). Es una generación golosa de analizar porque es la generación de Internet de las redes sociales y de la IA, con una ruptura muy significativa frente a la anterior ya informatizada (el PC se popularizó en los ’80) pero que no había nacido en la informática sino que se había reeducado en ella. Aunque la revolución sexual data de los ’70 (’60 si eres hippie), el atraso era tan enorme que todavía se produce cambios importantes en los usos sexuales. El feminismo sigue sin arrancar resueltamente, pero el género ha sufrido importantes convulsiones como indican la profusión de letras que se añade al (inicialmente) colectivo de gays y lesbianas. Como mínimo la ligazón entre internet y sexo ha resultado explosiva. En esa evolución de contenidos, en la serie se transita por el mundo editorial, del arte, el turismo por el interior de NY, las nuevas profesiones y los nuevos tipos que las detentan (tatuadores, videojuegodiseñadores, expertos en redes, surferos, etc,), pero quien se queda con la mejor tajada es el amor. Amor-sexo-estado civil… pero amor al fin. Esta serie es un culebrón. Moderno, pero culebrón.
A diferencia del culebrón clásico, existe aquí un afán didáctico, un catálogo de los usos amorosos de nuestra época. Recorremos todo tipo de parejas e incluso de apelotanamientos de mayor número de miembros. El pixelado de los desnudos es indicativo de que el sexo no es descriptivo sino intelectivo (a pesar de que una de las figurantes dice: “el topless no está prohibido en NY”). Por cierto que la más explícita en sus usos amorosos es la experta en redes, en una vinculación más que significativa. Es difícil pensar que este recato es moral (en atención a los menores) pues los “protas” se ponen hasta el culo de alcohol y drogas, hasta el punto que la resaca parece la seña de identidad de esta generación. Y así llegamos a la tesis de la serie. Las generaciones se desarrollan en el tiempo, son lineales, se diferencian en su decurso. El amor es circular, un eterno retorno que -esencialmente- no cambia por el cambio de usos o épocas… es eteno y eternamente el mismo. Tal como dijo Machado (¡y no solo él!)… “se hace el camino al andar”. Amar no es encontrar (la pareja o el grupo adecuado, dentro de unos u otros parámetros) sino buscar, tirarse al camino sabiendo que el amor es estar ahí, sufriendo y gozando, pero descartando que ese caminar vaya a ningún término, se acabe con el hallazgo de una estación final. Cuando las cosas se desmadran lo que procede es resetear y empezar de nuevo. Esta victoria de la práctica sobre la estrategia, del devenir sobre el ser (estar) desvirtúa totalmente la idea de generaciones en liza, porque desvirtúa la idea de desarrollo lineal diferencial. El amor es el alma de las relaciones, la esencia del ser humano y no depende de usos y de modas, depende de lo más profundo del humano, de su capacidad de ilusionarse, de gozar, de ser libre. Te lo montes como te lo montes la felicidad no dependerá del montaje sino de tu actitud para aceptar el resultado y redirigirlo si no es satisfactorio. Amar es resetear. ¡Ese es el único rasgo relevante de la informática!
Me queda un ejercicio que siempre me parece interesante. ¿Quién -entre los personajes- es la autora? ¿Con quien se identifica la novelista (y hasta cierto punto los guionistas? ¿Es alguna de las empleadas del editor, su ex-mujer, su novia/autora/financiadora? ¿Por qué el lugar geométrico de la identificación recae en un hombre y no en una mujer? Nacida en 1953 (la novela se publicó en 2005) es evidente que las nuevas generaciones las ve como abuela. Vive en New jersey como su protagonista (y como la exmujer del editor), y por la sonrisa, es igual de simpática. Es autora de ficción y de ensayo y emprendedora (audio-libros) como la emprendedora de la serie. Así como todos los periodistas escriben historias de periodistas, los literatos nunca escriben historias de editoriales. Y aquí se acaba el misterio. Su marido es editor. Es efectivamente el editor el personaje con quien se identifica (toma como referencia) la autora, pero parte de su personalidad (esposa, emprendedora, autora, quizás empleada enamorada del editor y que se casa con él) se reparte entre todos sus personajes. La reflexión que pone fin a la relación del editor y la empleada en la serie, es -sin duda- el ajuste de cuentas particular de la autora con su historia. Nos queda por saber si tuvo una aventura (o más) con un jovencito y me inclino porque -si no de hecho- sí en su fantasía. La intervención del productor de “sexo en NY” explica el resto.
El desgarrado. Abril 2026