El Museo Nacional del Prado de Madrid, The National Gallery de Londres, el Museo del Louvre y el Centro Pompidou de Paris, ardiendo ante nuestros ojos, mientras algunas voces imploran al universo “empezar de nuevo, ser destruidos desde el principio hasta el final”, porque el arte, su naturaleza, su razón y su alma están cambiando, mutando, y esa estructura mercantil que lo sostiene, la gran franquicia dispuesta en nombre de la creación y la cultura, tiene que derrumbarse para volver a empezar sobre nuevos cimientos.