| » 2026-05-07 |
Mascotismo 1. Introducción
El mascotismo es hoy en día una religión. Una religión -que como la judía- es inatacable, porque Dios lo quiere, porque es el pueblo elegido por Dios. Está prohibido hablar mal del mascotismo hasta el punto que los políticos no se atreven a legislar (negativamente) sobre él, lo que ha conducido a que las mascotas sean más numerosas que los niños. Hoy ningún mascotista se corta ni un pelo al decir que entre su mascota y un ser humano desconocido (un niño palestino por poner un ejemplo) es indiscutible que salvaría a la mascota. En España hay cerca de 30 millones de mascotas de las que 9 millones son perros. Más que niños. Quizás el problema de la baja natalidad es la alta mascotinidad. Creo que el mascotismo es una adicción y para ello me fundo en el desarrollo del consumo de tabaco. Primero fue una moda, tras lo que se ensalzaron sus cualidades hasta convertirlo en una medicina (tanto física como síquica). Pasó de ser una actitud -de la que se pedía permiso a los presentas- a una imposición despótica. Poco a poco los fumadores fueron reuniendo argumentos (a lo que ayudó no poco una industria desalmada) que incluso llegó a defender el derecho de contaminar por cáncer a sus semejantes. Cuando los estragos sanitarios que producía la adicción recomendaron a los políticos que se regulara su consumo, millones de fumadores pasivos habían pasado a mejor vida (por lo menos, menos brumosa). Y entonces, y solo entonces, cuando las bajas eran comparables a las de una guerra, los políticos tomaron cartas en el asunto y se empezó a limitar su uso público. Sobre lo de:”el tabaco mata” no me pronunciaré pues de ejemplos en que los políticos no tratan de solucionar las cosas sino de salvar el culo -¡ya te lo dije!- tenemos tantos ejemplos que marcan tendencia
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