| » 2026-08-02 |
Señoras y señores 126. Epílogo.
Es posible que a pesar del nombre escriba alguna entrega más de esta sección, de la que tanto he disfrutado, lo que no impedirá que esta que os doy hoy sea la última, el epílogo que cierra la serie. No corren buenos vientos para los derechos individuales con el fascismo a la puerta de cada nueva elección y la derecha entregada al nuevo becerro de oro. Han caído Perú y Colombia, en un caso retornando un apellido de rancias resonancias autoritarias y en el otro, tras una de las mejores legislaturas (de izquierdas) que ha vivido ese país. A mi modo de ver es significativo de que lo que está en juego en las elecciones no es el eterno juego de conservadores y progresistas, de liberales y laboristas, de derechas e izquierdas. Las opciones hoy son otras que -aunque con dudas- podríamos significar como duros y blandos, autoritarios y permisivos, patriotas y civilistas. O quizás el mensaje es que se ha acabado lo de dos opciones. Como ocurrió con el género único, estamos en el partido único, el pensamiento único, la única autoridad. No se trata de escoger -ese tiempo pasó- se trata de imponer, de acabar con los juegos y empezar con lo serio: la autoridad más rotunda. Por otra parte la descomunal desinformación -a la política se ha unido la de los medios de información (solo interesados en lo de contenido “humano”) y la de las redes sociales (de los comerciantes) y su algoritmo fascista de la venta personalizada- hace imprevisible la orientación del voto para cualquier racionalidad y solo determinable por las encuestas estadísticas. El voto es hoy es pura intuición y en esos caso afloran los sesgos que nos caracterizan y que coinciden exactamente con las propuestas fascistas (¡esa es su gloria!). En uno u otro caso estamos al cabo de la calle de las libertades individuales.
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