| » 2026-05-10 |
Bulos 2. Instrucción
Creo que el pecado más grave cometido por nuestra civilización es la perversión de la instrucción, entendida como la transmisión oral y escrita (por medios no genéticos) del conocimiento acumulado -dicho de otro modo- la cultura. La instrucción es peculiar de la especie humana. Los animales la emplean a cuentagotas pero los animales nacen con un instinto listo para actuar desde el minuto cero. No es nuestro caso. Nacemos antes de tiempo (prematuros) para que nuestro cabezón pase por el canal del parto, y además ni siquiera nuestros instintos básicos está desarrollados. Apenas el de succión, respiración (¡sabemos bucear!), el de aprehensión, además de los vitales inconscientes. Todo nuestro desarrollo se encomienda al aprendizaje. Nacemos con un hambre desmesurada de aprender, de llenar nuestro sistema nervioso de pautas de comportamiento para la supervivencia. Los primeros sistemas de aprendizaje son heredados de los animales: imitación, juego, gratificación. La instrucción también se da en pequeñas dosis en los animales (las madres corrigen a las crías en cierta dirección, o dicho de otra manera: les libran de todo mal) pero en los humanos la cosa se dispara. Pero instruir tiene defectos. En primer lugar no se aprende lo que se quiere sino lo que te enseñan y eso requiere repetición voluntaria para fijarlo, esfuerzo. Se acabó el aprendizaje automático… ¡hay que currárselo! En segundo lugar la situación de aprender es jerárquica: la dialéctica maestro/alumno, un consenso de quién enseña a quién. Ser el que enseña es una situación de poder y por tanto envidiable… al margen de la instrucción en sí. ¡Dar lecciones es una situación codiciada! Pero lo peor de la instrucción es el adoctrinamiento: la instrucción sesgada a ciertos aspectos apetecidos por el instructor. Y ese sesgo no solo es voluntario sino también inconsciente. Y para acabar nuestro afán de aprender es tan intenso que siempre estamos al borde de la adicción: nos pasamos de frenada, el aprendizaje irreversible. ¡Qué podía salir mal!
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