Con una perfecta organización 1.400.000 independentistas y amigos, se manifestaron pacíficamente en Barcelona en pro de la independencia de Catalunya. Toda la maquinaria de los juegos olímpicos está aquí al servicio de la organización de la independencia. Sobrecoge semejante acumulación de voluntades cuando en un gran mitin político solo son capaces (autocares mediante) de llenar un polideportivo. La diferencia es sensible: en un caso es una manifestación del pueblo y en otra una convocatoria partidista, y ambas son tremendamente diferentes. El pueblo, insuflado de ilusión por la ANC y por el Omnium, se manifiesta al margen de los partidos, como pueblo que anhela la independencia (¿y que patriota no la anhela?), pero en este caso la política partidista ha dispuesto un entramado para aprovecharse de ese impulso popular: “Junts pel si”. Es un mecanismo de relojería. Todo ha sido perfectamente estudiado. Estamos ante un complot.