En algunos casos, como en España, el movimiento se ha convertido en partido político. La reacción de los reaccionarios cuando han visto que podían alcanzar el poder ha sido fulminante. La campaña de desprestigio, difamación y acorralamiento es tan intensa que, a veces, hace temer por la paz social. Pero también han sido rehenes de sus propios errores. Primero haber abandonado el eje vertical poder/ciudadanos por el horizontal derecha/izquierda. El primero era un eje inédito y les deba la aureola de no integrados. El segundo es un eje habitual en la política y por tanto denotador de la integración. Porque de lo que se trata es de demostrar que son lo mismo que lo que ya hay. Que son casta. El segundo error ha sido la prisa. No sé como se toma el cielo (dicen que por asalto), pero la tierra se toma haciendo las cosas muy bien y evitando al máximo los errores. La prisa ha supuesto arrogancia, precipitación, malos entendidos y la consiguiente reacción. Esa misma prisa ha hecho que los integrantes de las candidaturas no fueran todo lo contrastados que debieran, lo que provoca errores y, lo que es peor, sospechas (que pueden ser infundadas) de su falta de idoneidad. En cualquier caso inestabilidad. ¿Donde está aquel Podemos que no se presentó en muchas circunscripciones municipales por no estar consolidado?