| » 2026-03-17 |
El discurso del método 1. La importancia del método. Metafísica.
No es fácil determinar cuál es el punto de partida para plantearnos nuestra posición en el mundo, para responder a las grandes preguntas: qué, cómo, cuando, dónde, por qué, etc. Ni siquiera sabemos si hay que conocerlo, sentirlo o actuarlo (dominarlo). Leibniz decidió empezar por el gran motivo para vivir: la felicidad sea esta una cuestión de coherencia (con dios, con el mundo o con nosotros mismos), de seguridad o de placer. Podemos entender el mundo como un tránsito hacia otra vida o como un estado que se acaba con la muerte, como algo estrictamente físico o bien metafísico, es decir que amplía nuestra vida (suspende la muerte) a otra más allá, que es como decir: Dios (teología) y el alma (animismo). Si optamos por entender el mundo (tanto como fin, que como medio, tenemos diversos puntos de vista: en el espacio (Física, matemáticas, metafísica) o en el tiempo (evolutivo, creacionista, histórico). Las categorías aristotélicas nos dan un buena pista de estos diversos enfoques: sustancia, relación, cantidad, cualidad, espacio, tiempo, acción, pasión, posesión, posición. De hecho podríamos proponer otros enfoques (Kant, Pierce) pero no mejoraríamos la situación: hay tantos enfoques como personas. Este sería otro buen principio: el humano y su forma de ser. Podríamos preguntarnos si es el humano capaz de entender el mundo, como podríamos preguntarnos si es posible diferenciar el humano del mundo y sus partes entre sí. Es la pregunta que se hizo la metafísica (en cuanto sistema de conocimiento occidental, pero posiblemente de toda la humanidad) y que resolvió por utilidad y no por razón. Le convino más pensar que era capaz y que podía diferenciar. Cualquier otra opción invalidaba toda pregunta. ¿por qué esta indiferencia/impotencia en escoger el punto por el que empezar? ¿Por qué este relativismo?
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