“Carpe diem” decían los romanos: disfruta el momento. Cuando el momento es lo esencial es porque la vida, en general, no lo es. Sabemos que así era en la época de los romanos. Vivir era un azar y el poder era la garantía de la supervivencia. Y con ello, la pleitesía al poder, desde espiar hasta delatar pasando por poner el culo. Todos estaban dispuestos a jugarse la vida porque la vida no valía nada. La milicia no era peor que la vida común. Sin nada que perder, de alguna manera, todo estaba por ganar. Nuestra mierda de democracia es infinitamente mejor (pero no suficiente) que aquellas monarquías y dictaduras romanas. Aunque sea nominalmente tenemos derechos. Sobre todo económicos: a un coche, a un televisor, a un frigorífico, a un acondicionador de aire, a una lavadora. Hemos vendido nuestra alma por unos cuantos gadgets. Pero ¡dios! como tiran esos gadgets.