“Empieza aquí la última etapa de mi vida, la más natural y no la menos importante”
Toda la filosofía se encierra en la voz “natural” del diccionario. En nuestro egocentrismo hemos hecho del “ser” el eje de nuestra vida (física y espiritual) pero el ser no explica ni el pasado (la historia y por tanto el tiempo). Ni tampoco explica el devenir, el futuro. Solamente explica el presente, nuestra existencia en el espacio instantáneo, en esa rodaja -atemporal y temporal a la vez- que es el presente. Tal como explicó Einstein el tiempo y el espacio son variables dependientes, es decir, son partes de lo mismo: la una determina a la otra. Y no podemos comprender las dos a la vez. El espacio es una sección del continuo temporal en el que se ha supuesto el valor nulo del tiempo, Una rodaja del continuo cuya duración es nula (no otra cosa podía pasar si hacemos el tiempo igual a cero). Y viceversa, si hacemos el espacio nulo es decir, le quitamos su valor fijo y lo hacemos continuamente variable, lo que ocurre es el tiempo, la historia, el devenir, como observación hacia atrás y como previsión hacia delante. Ni el ser ni el presente existen, son supuestos que nos ayudan a comprender una realidad demasiado compleja como para no fraccionarla en partes más simples.