| » 2024-03-20 |
La condición humana 3-2. Evolución 2.
En la entrega anterior desgranamos situaciones (de la mano de Arsuaga y Martinez: “La especie elegida”) en las que la evolución se veía afectada (se detenía: humanos, o se invertía: parásitos). De Waal en “El mono que llevamos dentro” se añade al análisis con nuevos argumentos. Antes de repasarlos conviene que demos a la evolución (y a la selección natural) la importancia que tiene. Ante la complejidad del mundo, el tiempo pareció una variable que podía ser omitida. Da ahí surge la ontología y el ser: el estudio del mundo desde un punto de vista estático, en rodajas de tiempo cero, exclusivamente en el espacio. En un momento posterior dichas rodajas se podían unir (sumar) para reconstruir un mundo espacio-temporal. El devenir fue así domesticado pero también devaluado. Para el mundo mítico el tiempo (futuro, el que de verdad interesa) se condensó en el destino, que estaba en manos de los dioses. En el esquema de la metafísica -en el SV a.c.- no fue considerado sino como la suma de rodajas espaciales de tiempo cero. La ciencia trató al tiempo como invariante: el hecho de que transcurra adelante o atrás no afecta a su formulación físico-matemática. Fue un alivio porque si no fuera así el tiempo tendría dos dimensiones y el espacio-tiempo, cinco.
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