Ahora resulta que si los tribunales niegan la inclusión, en las listas, de Cantó y Conde, no tiene importancia. Los fascistas no tienen reveses y por supuesto no admiten las derrotas. Lo que esconde ese conformismo con las resoluciones de los jueces es que lo que ellos ha intentado ha sido engañar a la ley. Sabían que la inclusión de Canto y de Conde estaba fuera de plazo pero los postularon. ¿Esperaban que “sus” jueces les dieran la razón como se la dieron en la impugnación in-formal de las elecciones anunciadas por Diaz, antes de las mociones de censura, pero después de su promulgación? No me cabe ninguna duda. Como diría Rancière, lo normal, lo de siempre, es que los títulos para gobernar sean el nacimiento, la riqueza y la fuerza y la pretensión de los desheredados de gobernar, es simplemente, locura. Lo que está en juego no es un revés judicial sino el caciquismo de un partido que, cuando gobierna, lo hace por derecho: de nacimiento, de riqueza, de fuerza y por eso se cabrea tanto cuando los desheredados se encaraman al poder. Para ellos lo normal, lo correcto, es que mande la derecha (en ese contubernio de oligarquía, fascismo, conservadurismo y sobre todo soberbia). Y eso es lo que está en juego. Los malos modos que exhiben en la oposición hace pensar que hay algo más que oposición: hay rencor, impotencia, indignación ante una intrusión inaceptable.